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tUnE yArDs y el ruido bien hecho

Desde hace algún tiempo, cuando el folk y el pop se dan la mano con la electrónica, da la sensación de que es un mismo patrón el que marca el camino. Es poco el hueco que se deja a la originalidad y al atrevimiento. Pero entonces, en medio de toda esta no-vorágine de propuestas, aparece Merril Garbus y su interesante proyecto: tUnE yArDs. No hay un nombre que mejor defina a un artista, tUnE yArDs, o Merril Garbus, que es la cabeza y el corazón del proyecto, es así como lo estás viendo: desordenada, caótica, arriesgada, diferente.

¿Y qué es lo que trae consigo que la hace tan interesante? Imaginación, ingenio, garra. Música con vida, libre y sin ideas preconcebidas que le marquen caminos o límites. Hasta ahora, todos sus discos han sido muestras de que todas las acciones del día y todos los rincones del mundo están llenos de sonidos deseosos de ser escuchados e interpretados. Porque para Garbus no hay nada mejor en esta vida que hacer ruido con cualquier cacharro que se te ponga por delante. Un utensilio de cocina, vale; un bidón, también. Y si a esto le añades loops de batería, ukeleles, trompetas, marimbas y sintetizadores, ya está, ahí los tienes: suenan tUnE yArDs. Y se van a saltar todas las reglas.

Crudeza y provocación para los oídos

Optimismo y ebullición podrían ser las palabras comunes para describir sus tres trabajos en los últimos años. A sus inicios con Bird Brains en el año 2009, registrado en un primer momento con una grabadora de voz portátil desde su casa y editado posteriormente por el sello independiente inglés 4AD, le siguió WHOKILL en el 2011, disco que recibieron un masivo reconocimento, quizás el más grande hasta ahora; y posteriormente, el pasado año, tras un parón que les llevó a replantearse su futuro musical y un profundo y vital viaje a Haití, Nikki Nack, con el que han vuelto para expandir su sonido lo más lejos y fuerte posible. Sus frenéticos ritmos y su voz salvaje se juntan con una producción cuidada pero primitiva a un mismo tiempo.

Su sonido tan característico, exclusivo y experimental, es algo que ahora solo ellos pueden avivar o agotar

Sus pautas americanas se han chocado de frente con los sonidos africanos para ponernos delante un estilo al que nadie antes había llegado, al menos no de esta manera. Ni con estos resultados. Sus ganas de experimentar con el Folk, el R&B, el Funk, el Pop, la música afro; en definitiva, sus ganas de experimentar con todo lo que pocos se han atrevido a juntar, disfrazar, desmontar y recrear son solo posibles gracias a su incalculable imaginación y a su capacidad de atrevimiento. Su sonido tan característico, exclusivo y experimental, es algo que ahora solo ellos pueden avivar o agotar.

Su voz tan versátil es puro torbellino y sirve de punto de unión en todo el caos que es su obra. A través de su voz pasan la dureza de sus ritmos, con ella se entiende la lucha que reflejan sus canciones y la naturalidad que se recoge en sus melodías. ‘My Country’, ‘You Yes You’, ‘Real Thing’ o ‘Sink-O’ son tan solo algunas de las canciones perturbadoras, bruscas, impredecibles, delirantes y hasta sensuales que se esconden en sus discos. Con gritos estremecedores, guitarras desesperadas, percusión rudimentaria y mucha, muchísima vitalidad. Lo que os estoy poniendo delante es música cruda y provocadora, que exige un esfuerzo por nuestra parte como oyentes, pero precisamente por eso se vuelve tan interesante.

tUnE yArDs son ruidos, ritmos y melodías que quiebran y sobresaltan. Esos a los que tienes que llegar con la mente abierta y dispuesto a sorprenderte, a encontrarte desafiado para, finalmente, sentir la satisfacción. Esa es la brutalidad de la belleza, la que sobrecoge y estremece.

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