Tweedy — Sukierae

Acabo de hacer un álbum doble, Sukierae, que tiene dos discos distintos. Entiendo que en estos días puede que no haya mucha gente dispuesta a escucharlo de ese modo, pero no me importa, porque yo quiero escucharlo así (enlace).

Pues sí, Jeff Tweedy, es cierto que estos tiempos ya no son de álbumes dobles; algunos dirán que ya ni siquiera lo son de discos en formato tradicional. Y aun así, el muy respetado líder de los imprescindibles Wilco se presenta en mitad de 2014 con un extenso trabajo que comprende una veintena de canciones, superando en doce minutos la hora de duración. Gesto de valentía o de simple indiferencia a las demandas del mercado, eso no es lo importante ahora. El cantante de Illinois emprende esta aventura lejos de la zona de confort que supone su grupo a tiempo completo en compañía de su hijo Spencer, con quien ya trabajó el año pasado en un sencillo para Songs for Slim, el proyecto que pretende recaudar fondos para costear el cuidado del músico Slim Dunlap. Queda claro que lo que se han propuesto hacer aquí es mucho más grande, liberándose para ello casi de cualquier atadura.

El propio Jeff explicaba que con Wilco todo se trata de forma mucho más metódica por sus seis miembros, dando cuantas vueltas sean necesarias a cada composición hasta obtener la pieza perfectamente pulida que todos desean, y que a pesar de disfrutar ese modus operandi, ha agradecido poder probar una aproximación creativa más despreocupada, dejando las ideas en un estado mucho más primario por el simple placer de conservarlas así. Para ello ha aprovechado gran cantidad de material en bruto que tenía guardado en el desván de la memoria, dándole una forma menos ideal de lo que habría tenido de haber acabado en las manos de Wilco, pero igualmente satisfactoria para su creador.

Que Sukierae (2014, dBpm Records) es en general un producto de acabado mucho más imperfecto y desdibujado de lo que este músico nos tiene acostumbrados es algo que se percibe desde la primera escucha, así que lo más inteligente para poder disfrutar el álbum será intentar aceptar eso lo antes posible. Bien es sabido que en casos así las comparaciones con la obra previa del artista van a ser tan inevitables como odiosas, pero supongo que ese es el precio del reconocimiento. A pesar de todo lo dicho, a nadie le habría sorprendido encontrar en algún álbum del grupo afincado en Chicado cortes como ‘Low Key’, ‘Where My Love’ o ‘New Moon’; las hay incluso como ‘Diamond Light Pt. 1’ que parecen directamente sacadas de The Whole Love (2011, dBpm Records).

Podría haber acabado mucho mejor de haberse aplicado un filtro más exigente que diera como resultado un listado final de canciones más reducido, pero de un nivel medio más alto

Pero claro, habría tenido poco sentido intentar actuar por cuenta propia para que todo en este largo trabajo acabara sonando a más de lo mismo, así que ahí tenemos cortes como la chirriante ‘Please Don’t Let Me Be So Understood’, la sugerente ‘World Away’ o el americana sin complejos de ‘Fake Fur Coat’ para ir un poco más allá. Son apreciables los intentos de dotar de variedad al conjunto, pero aun con todo se hace complicado recorrer toda su extensión sin perder habitualmente la atención, pues a pesar de sus muchos puntos agradables, son también varios los cortes donde flojea o parece no ir a ningún lado, como ‘Pigeons’ o ‘Desert Bell’.

7.4/10

No tengo yo nada en contra del álbum doble como concepto, pero Sukierae se hace demasiado largo, y es una pena porque la sensación que a uno le queda es que podría haber acabado mucho mejor de haberse aplicado un filtro más exigente que diera como resultado un listado final de canciones más reducido, pero de un nivel medio más alto. Con todo, el grandísimo talento de Jeff Tweedy escribiendo y dando vida a sus composiciones sigue tan presente aquí como siempre, así que le podemos perdonar de buena gana un arranque de incontinencia creativa como el que ha tenido en compañía de su heredero.

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