“Ty Segall Mikal Cronin” src=”http://img.hipersonica.com/2013/03/Reverse-Shark-Attack.jpg" class=”centro” />Repasemos durante un segundo los grupos a los que pertenece o ha pertenecido Ty Segall, junto con algunas de las bandas con las que podemos relacionarle. Coged aire: Epsilons, Fuzz, Party Fowl, The Perverts, Sic Alps, The Traditional Fools, Ty Segall Band, White Fence, Black Time, Superstitions, Thee Oh Sees, Jeff The Brotherhood, The Feeling of Love. Durante sus escuetos años de carrera musical, Segall ha publicado media docena de discos en solitario, otros tantos EP, ha participado en unos cuantos splits y ha montado su proyecto paralelo de hard garage. ¿Lo ha hecho solo? No siempre. Si hay un nombre al que podamos asociar a Segall ese es el de Mikal Cronin.

Reverse Shark Attack: la reedición

Cronin no sólo es amigo de Segall sino que le ha acompañado en algunos de sus grupos y proyectos más emocionantes. Destaca por encima de todos Ty Segall Band, la locura que puso patas arriba el mundo del garage el año pasado gracias a un soberbio disco, Slaughterhouse (2012, In The Red Records), cuyo eco alcanzó a buena parte de la prensa especializada entre parabienes de todo tipo. Ty Segall Band fue el fruto de una compañía que, de fijar un punto de partida, podría remontarse a 2009, cuando ambos publicaron este Reverse Shark Attack que ahora es reeditado de nuevo por In The Red Records. Y qué mejor oportunidad para hablar de él y de Segall y Cronin sin límites, en estado puro para lo bueno y para lo malo.

Por aquel entonces Segall había publicado ya Horn The Unicorn, Ty Segall y, ese mismo año, Lemons. Es posible decir que su proceso de moderación y acercamiento al terreno psicodélico aún no resultaba tan acentuado como en el posterior y excelente Melted. En Reverse Shark Attack tanto Segall como Cronin tocan desatados. Guitarras hasta el tope de fuzz: un muro sonoro avasallador que, entre tanto ruido, resalta las emociones y la grandilocuencia y, ante todo, lima las carencias. Suena bien porque Cronin y Segall tenían y tienen un mismo modo de entender el garage. Repleto de distorsión, ritmos machacones y un absoluto desprecio por la delicadeza.

De Cronin sabemos algo menos. Su trayectoria hasta el momento también ha sido mucho menos prolífica. Está a tiempo, en todo caso, porque también es insultantemente joven. Su debut, Mikal Cronin (2011, Trouble In Mind), era una versión refinada de este Reverse Shark Attack. Poderosa, desde luego. Hasta el punto de que algunos redactores esperamos como agua de mayo su continuación, que debería llegar en un par de semanas. Conocemos los singles y son estupendos. No lo son tanto las canciones de Reverse Shark Attack. Segall y Cronin aún eran demasiado jóvenes, algo que se puede apreciar a primera vista en los histriónicos alaridos que abren ‘I Wear Back’, acompañados por distorsiones que deforman la canción hasta la exageración.

Enérgico y monótono trabajo

La misms dinámica se extiende por todo el disco. Segall y Cronin no tenían aquí ninguna intención de moderarse. Tampoco de ser especialmente brillantes. Las canciones están cortadas por el mismo patrón hasta el punto de resultar un punto monótonas. Afortunadamente ambos tienen el talento suficiente como para que no resulte del todo tedioso. El espíritu del viejo rock and roll se cuela por los cuatro costados de ‘High School’ y de ‘Ramona’. En manos de dos chavales urgentes y, por aquel entonces, con un montón de ideas aún por explotar, Reverse Shack Attack puede sonar convencional pero no aburrido. Aquí hay energía a raudales.

“6” src=”http://img.hipersonica.com/2013/03/6-1.jpg" class=”derecha” />Reverse Shark Attack fue el germen, quizá, de lo que Cronin y Segall harían más tarde en Ty Segall Band. Ya era ambicioso. La ida de olla que cierra el disco, diez minutos de cambios de ritmo y evocaciones lisérgicas, resulta emocionante por lo juvenil y caótico, aunque tenga tanto de acertado como la temperamental jam de ‘Take Up Stethoscope and Walk’. En fin, muchas ideas lanzadas al aire y no tantas recogidas con brillantez. Pero por algún lado había que empezar, y de aquellos barros los lodos que ahora tanto disfrutamos.

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