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Ty Segall — Manipulator

Mientras escribo estas líneas suena ‘Feel’, la sexta canción de Manipulator (2014, Drag City) el enésimo disco de Ty Segall, esta vez en solitario, sucediendo a Sleeper (2013, Drag City), el fantástico alegato Folk que nos regaló el año pasado. Y, la verdad, qué difícil es no dejarse llevar por las pasiones cuando articulo palabras al ritmo de una canción como ‘Feel’.

Lo doy por imposible y, al igual que aquellas canciones que comienzan por el estribillo, reduzco lo mejor de Manipulator al primer párrafo: ‘Feel’ es la mejor canción que ha escrito Ty Segall. Es poderosa y es divertida, se puede bailar y, sobre todo, se puede gritar. Ya era así en su versión anterior, la que conocimos antes del Primavera Sound, y será así durante muchos años más. El Garage Rock que no se toma en serio a sí mismo pero que sí, las referencias inmemoriales y el espíritu de Slaughterhouse (2012, In The Red) y Fuzz (2013, In The Red). To-do. Manipulator sería un disco perfecto sí en él sólo apareciera ‘Feel’.

No es así, y no pasa nada. La vida sigue igual.

https://www.youtube.com/watch?v=O99Id3Iq2fw

¿Qué significa Manipualtor en esta progresión? No es exactamente un vuelco de la situación: Segall ha conservado muchísimo. No ha arriesgado nada

Sigue igual que en 2012, allí donde Segall lo dejó aparcado todo tras Twins (2012, Drag City), culminando aquel año que fue su año y que casi, casi se vuelve a repetir al año siguiente. No sucedió porque él mismo decidió que así no fuera. Su continuación, Sleeper, pasó por encima de casi todo lo que Ty Segall había sido hasta ese momento y fue una noticia estupenda, porque no sólo nos descubrió una nueva faceta suya más sino que evidenció que su progresión artística no se había estancado. ¿Qué significa Manipualtor en esta progresión? No es exactamente un vuelco de la situación: Segall ha conservado muchísimo. No ha arriesgado nada. Siempre lo había hecho, al menos en los dos últimos años, de un modo u otro, pero no aquí, no hoy.

Lo cual quizá implique que Segall haya tocado todas las esquinas del cuadrado compositivo en el que corretean todos los músicos. ¿Es Manipulator la medida exacta de Ty Segall, aquella que hace dos años no parecía posible encontrar? Es una hipótesis, ahora mismo, bastante probable. No hay mucha diferencia entre las canciones enclaustradas en este disco y las que ya dibujó Segall en Melted (2010, Goner), álbum que vio la luz hace cuatro años, lo que en la medida de tiempo de Ty Segall significa la Edad Antigua. Manipulator es, de nuevo, aquello, con la lección aprendida de Goodbye Bread (2011, Drag City), Twins, Fuzz, Ty Segall Band y Hair (2012, Drag City), el inolvidable disco compartido con White Fence.

Segall resumido en diecisiete cortes

Como cualquier resumen, Manipulator es ligero y pegadizo, y entran bastantes ganas de volver a él cuando, más o menos, se ha olvidado el argumento central del libro. Cuando dentro de unos años nuestros hijos pregunten por aquel artista tan pesado del que siempre estábamos hablando cuando éramos jóvenes y no sepamos qué decirle quizá podríamos probar con Manipulator, que es una explicación muy fidedigna de Ty Segall. Mira, hijo, las guitarras, la psicodelia rara, el punto cómico. Ahí, ahí tienes que buscar.

Por ejemplo, una de las virtudes tangibles de Segall a lo largo de su carrera es la capacidad perenne de hacer de todos sus discos un conjunto de canciones divertidas. En Manipulator hay casi veinte, lo cual, en general, implica que muchas canciones no están a la altura, en beneficio de otras muchas fabulosas. La fase guay de Manipulator está al principio: comienza en ‘Tall Man Skinny Lady’ y termina en ‘The Clock’. Oh, ‘The Clock’, violines y, de nuevo, T. Rex asomando al otro lado de la puerta. Lo mismo se puede decir de ‘The Singer’, en lo que parece un intento de Segall por tomarnos el pelo a cuenta del concepto balada. Está bien que así sea: la mayor especialidad de Segall es reírse de todo, de sí mismo, pero sobre todo de nosotros, y en Manipulator lo vuelve a bordar.

Por eso no veo tanta maravilla en Manipulator, porque nunca la he visto en los discos en solitario de Segall. Lo más interesante de Segall es cuando se aparta de su propio camino y se dedica a hacer discos que no son suyos

¿Y después? Pues el típico conjunto de canciones apañadas, juguetonas y saltarinas, a las que nos tiene acostumbrados Segall. ‘Green Belly’, ‘The Connection Man’, ‘Mister Main’, ‘Susie Thumb’, ‘Who’s Producing You?’, etcétera. Para Segall son canónicas y nosotros las hemos escuchado ya millones de veces. Por eso no veo tanta maravilla en Manipulator — RYM sí — , porque nunca la he visto en los discos en solitario de Segall. Lo más interesante de Segall es cuando se aparta de su propio camino, se junta con sus amigos y se dedica a hacer discos que no son suyos en rigor pero sin los que es imposible entenderle.

Lo que da de sí un final

Luego, sí, hay menos canon: ‘The Hand’ y ‘Don’t You Want To Know (Susie)?’ encajan a la perfección en Sleeper. Tanto que parecen descartes. Le sientan de maravilla a la rutina en la que se instala Manipulator a ratos. ‘The Crawler’ se aprovecha del espíritu Fuzz/Slaughterhouse, con las guitarras muy cargadas, y ‘The Feel’, en lo que es otra de las grandes canciones del disco, se mete en el terreno de ambos, de lo que resulta una power ballad estupenda. ‘Stick Around’ también mola, precisamente porque se acuerda más de Hair que ninguna otra canción del disco. Y Segall debería volver a Hair. Y White Fence, sobre todo White Fence, pero ese es otro tema.

https://www.youtube.com/watch?v=awMTT5dkkxs

7.5/10

Al final, Manipulator es un disco al que le sobran unas cuantas canciones. No molestan, porque dan el pego, pero sin ellas Segall quizá podría haber hecho de su millonésimo disco otra cosa que no pareciera el mismo disco de siempre. Hay canciones que por separado invitan mucho más al optimismo que el conjunto de Manipulator. Y, sin embargo, volver a ‘Feel’ es poner la cabeza del revés y pasar de esta crítica y entregarle nuestro corazón. Quizá Segall aún tenga derroche de talento suficiente para tirar abajo sus cuatro esquinas. Quizá

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