Ty Segall — Mr. Face EP

No sabemos si Ty Segall publicará o no un nuevo disco en 2015 — aunque lo más probable es que sí, e incluso más de uno — , pero él ya ha decidido curarse en salud: Mr. Face (Famous Class, 2015) es el enésimo EP de Segall, a sumar a su ya larguísima lista de trabajos de todos los colores, desde LP’s hasta colaboraciones con un millar de artistas de distinto calado. En un puñado de años ha amontonado discos y discos en su fondo de armario de tal modo que dentro de diez años cualquier ser humano racional que trate de acercarse a su obra saldrá espantado por la puerta de atrás. Pero las preocupaciones sobre el futuro jamás han parecido ser un tema central en su música ni en su forma de afrontar su carrera, de modo que Segall continúa a su bola, haciendo, básicamente, lo de siempre.

Para bien y para mal. Para bien porque son cuatro aciertos melódicos consecutivos y para mal porque denotan, al igual que los peores momentos de Manipulator (Drag City, 2014), cierta carencia de ideas instalada ya por defecto en la imaginación de Segall, hombre capaz de sorprender a propios y extraños hace dos años gracias a un ejercicio delicioso de intimismo acústico titulado Sleeper (Drag City, 2013). Es entre estos dos discos donde se mueve Mr. Face EP: a mitad de camino entre el Folk y el Garage, con descargas eléctricas aquí y allá, entre una atmósfera casi improvisada y semiprofesional. Mr. Face EP se parece mucho a la versión demo de ‘Feel’: canciones que se han edificado sin armazón, sólo desde el esqueleto. Y ya.

6.1/10

Porque por aquí pasa el Segall de Goodbye Bread (Drag City, 2011), Melted (Goner, 2010) y hasta Hair (Drag City, 2012). Y a nosotros nos alegra y nos produce gozo volver a escucharle, especialmente en el enredo final de ‘Circles’ o en la balada destartalada de ‘The Picture’, pero tampoco mucho más. Un EP, otro más, para salir del paso, para saciar la voracidad compositiva y creativa, y a seguir corriendo. Ha tenido mucha gracia, eso sí, la idea de utilizar dos vinilos a modo de gafas 3D. Ty Segall puede toparse de tanto en cuanto con los límites de su propio talento, y es normal, porque al ritmo que publica jamás va a lograr una cadena inmaculada de lanzamientos, pero la diversión jamás se le acabará.

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