Ty Segall: repaso discográfico

En Hipersónica somos sospechosos habituales de cargarnos los hypes ajenos y de ensalzar los que nosotros mismos nos inventamos. De ahí que muchos vean el Top 10 de nuestras listas de lo mejor del año y a lo sumo le suenen 2 nombres. Y no nos importa, porque nos encanta dar la brasa por esos ocho desconocidos y algunos nos daríamos de puñetazos (dialécticos o no) por ellos. Y dentro de esa tendencia nuestra, hay unos cuantos que también son sospechosos habituales de ser nuestros defendidos, nuestros protegidos. Entre ellos, Ty Segall.

Podría ser uno de esos casos que nos da la ventolera y nos emperramos con él porque sí. Pero no, lo de Segall es una certeza férrea, totémica y sólida. Su carrera en solitario y su sinfín de devaneos que le llevan a sacar decenas de trabajos al año hacen difícil seguirle la pista, pero le alegran el día a uno solo con ver que esos discos han salido. Hay casos de artistas muy prolíficos que muchas veces sacan discos que-no-son-tan-buenos-pero-siguen-siendo-buenos, pero no importa porque ellos sí que son tan buenos y nunca dejan de ser tan buenos. Ty Segall es uno de ellos.

Ty Segall (2008): quiero guitarrazos

Lo de “lo mejor es siempre el debut/la maqueta” está muy bien como broma, porque aplicar tal principio a todas las bandas del universo es como decir que los alumnos de un colegio X son violentos porque dos chavales de allí le prendieron fuego a un arbusto cercano. Porque no, no todas las bandas sacan lo mejor de su arsenal en su primer disco. Muchas siguen un camino por el que van evolucionando hasta lograr el mejor resultado mediante la práctica y la experiencia. Con Segall igual.

6.7/10

Pero aunque Ty Segall (2008, Castle Face) sea un álbum menos llamativo, especial o brillante que lo que llegaría después, ¿cual es el problema? Ninguno, porque aquí encontramos varios de los elementos que hacen tan buena la carrera de Segall. Entre ellos, la diversión. 12 canciones que casi suman 24 minutos de duración que es entretenimiento y buen rollo desde el principio hasta el final. Porque Segall no es pretencioso ni pedante, solo quiere disfrutar tocando. Y aquí lo hace a saco.

Lemons (2009): quiero más guitarrazos

Segall ya había hecho su carta de presentación, pero quería seguir avanzando, quemando etapas lo más rápido posible de igual manera que toca su guitarra distorsionada y sucia. Todo a toda pastilla, porque cuanto antes se llegue. Un año después de debutar ya tenía en el mercado su segundo disco de estudio, Lemons (2009, Goner Records).

6/10

El resultado aquí lo vemos, un disco con un sonido casi idéntico al de su debut y con más canciones sin mayor objetivo que el mero disfrute y entretenimiento de Segall. Aún se guarda algún as sobre la manga, como ‘Lovely One’ donde juguetea con el Folk Rock y con el Surf Rock. Probablemente menos fresco y divertido que su anterior trabajo

Ty Segall & Mikal Cronin — Reverse Shark Attack (2009): quiero que conozcais a mi amigo

La escena garagera de San Francisco tiene cierta similitud con ese grupo de amigos en el que todos se han terminado acostando con todos de una manera de otra, por lo que es sencillo encontrar diversas y numerosas colaboraciones y splits entre dichos artistas, sobre todo con Segall, que tiene un montón. Destaca su relación con Mikal Cronin, que ha tocado (y toca) de bajista para su Ty Segall Band y con quién ha sacado un disco conjunto como manera de presentarlo a sociedad antes de que Cronin hubiese sacado nada por su cuenta. Una de las primeras muestras de una sociedad que ha dado muy buenos frutos a lo largo de su carrera breve pero intensa.

6/10

Dos mentes que piensan y trabajan igual, con los mismos objetivos y las mismas maneras. Guitarras a toda pastilla, con bien de fuzz, voces distorsionadas y machacar a saco una y otra vez dominan Reverse Shark Attack (2009, Kill Shaman). Mismas virtudes que iba mostrando Segall hasta ahora y también los mismos excesos y todavía necesitado de un punto de regularidad que termine de dar solidez a sus largos. Evidentemente no estaban tan rodados como lo estaban ahora y así lo reflejan sus canciones. Quedan los detalles que luego se magnificarían para terminar de hacer a ambos dos de los artistas más estimulantes del momento. Lástima que no incluyeran ‘Pop Song’.

Melted (2010): quiero Coca Cola

No había tiempo para perder el tiempo y había que seguir creando, había que seguir tocando, pero esta vez mejor, con más energía y haciendo mejores canciones, la clave en la carrera de Segall por entonces. Acercarse un poquito más a la psicodelia, pero sin pasarse demasiado que el chaval aún quiere ser garagero y punkie, al mismo tiempo que se mira de reojo a gente como T. Rex que serían capitales para la carrera del californiano.

7.9/10

No hay que darle más vueltas a la rueda ni buscar la fórmula mágica que hace que la Coca Cola sepa tan bien. Melted (2010, Goner Records) es mejor que todo lo que había ofrecido hasta el momento sencillamente porque mejora en casi todos los campos. A Segall se le nota más natural y centrado, por lo que el resultado no podía ser otro que una serie de canciones refrescantes, adictivas y, sencillamente, mejores.

Goodbye Bread (2011): quiero volar tu cabeza e irme con ella

Segall ya comenzaba a coger las pautas que marcarían su estilo, lleno de influencias pero claramente identificable. Tirando del hilo podemos ver todos esos grupos garageros y también a T. Rex que han marcado su sonido, pero la verdad es que poniendo alguna de sus canciones más recientes al azar lo asociamos inmediatamente con él. El punto de inflexión definitivo para ello llegó en 2011.

7/10

Goodbye Bread (2011, Drag City) sería un paso adelante mayor en la carrera de Segall, que ya había encontrado el sonido perfecto para caracterizar su carrera en solitario. Fresco a la par que bebedor de lo clásico y afilado al mismo tiempo que pop. Todas las generaciones futuras que quieran ver el punto de apoyo que daría pie a la época más gloriosa de Ty deberán acudir a este disco. Quizá lo único que le falta sean mejores canciones (aunque las que hay no son moco de pavo) para terminar de ser el álbum definitivo, pero no se puede ser perfecto. Aunque bien pensado, tampoco queremos un Segall perfecto.

Ty Segall & White Fence — Hair (2012): quiero volar

2012 fue su año por varios motivos, y de mucho peso. Sacar varios discos estupendos es el principal, pero también por todos los frentes que se llegó a abrir en lo que a su sonido respecta, liberándose de varios corsés de los que caracterizan el Garage Rock. White Fence, o Tim Presley, un artista que nunca me llegó a entusiasmar en demasía consigue otra dimensión aquí al mismo tiempo que le da otra dimensión a Segall sobre la que ir esparciendo su talento.

7.2/10

Hair (2012, Drag City), el disco donde Presley por fin tiene motivos de peso para ser lo-fi y el disco donde el Segall liberado de corsés se permite el lujo de volar alto gracias a la psicodelia. Personalmente es el disco de dicho año con el que menos conecto y seguro que con esto me he ganado la desaprobación de Mohorte, pero lo que es innegable es que un disco fundamental para la evolución como músico de Ty. Al César lo que es del César.

Ty Segall Band — Slaughterhouse (2012): quiero ser hard

No podríamos entender a Ty Segall al completo sin la existencia de su Ty Segall Band y la publicación de un disco de la talla de Slaughterhouse (2012, In The Red). Las cuatro esquinas sobre las que se movía Segall antes de 2012 ya no valían un pimiento, era hora de salirse de lo clásico, añadir más distorsión, fuzz y agresividad que nunca.

8.5/10

Todo lo que muestra Segall en Slaughterhouse ya vivió un estado embrionario en sus primeros pasos discográficos, pero aquí la experiencia y el rodaje que ha tenido a lo largo de estos años le permiten hacer el disco que antes no podía, e incluso aún mejor. Su carrera en solitario no podía albergar una obra como esta, porque se sale de los márgenes por completo. La violencia hard que harían eterno el Raw Power de Iggy Pop y The Stooges aquí revive y nos vuela la cabeza mediante temazos como ‘Death’, ‘I Bought My Eyes’, ‘Tell Me What’s Inside Your Heart’, ‘Wave Goodbye’ o esa versionaca de ‘Diddy Wah Diddy’.

Twins (2012): quiero dar gracias al doctor y a los diminutos en mi cabeza

Tras dos incursiones diferentes y necesarias, Segall aun cogería tiempo e inspiración para terminar de redondear su momento más dulce y continuar donde lo dejó en Goodbye Bread. Alejarse de la psicodelia (aunque no del todo) y del Garage más esquizofrénico y bestia para volver a sus cuatro esquinas y terminar de darles el acabado que necesitaban. Porque aunque Segall quisiera tomarse un momento para descansar de tanta creatividad, los diminutos que viven en su cabeza se lo impiden y le vuelven a poner en marcha.

7.7/10

Twins (2012, Drag City) se queda a las puertas de los puestos de Champions League que ocupan varios de los discos más sobresalientes de su carrera, pero se las arregla para competir sin aprieto en la Europa League. Fácilmente podría ser su disco más facilón, escuchable y entretenido, además de poseer algunas de las mejores composiciones de la carrera de Segall, como ‘You’re the Doctor’, ‘The Hill’ o ‘Would You Be My Love’ y ‘Love Fuzz’.

Sleeper (2013): quiero ser folkie

Y tras su excelso 2012 donde dio el auténtico golpe sobre la mesa que lo puso de repente en la primera división de la nueva ola garagera (que en realidad suena igual que la antigua), llegó 2013 y a Segall le tocaba consolidarse. No solo lo logró, sino que derribó aún más barreras dentro de su particular universo, con sendos discos que demostraron que lo del año pasado no fue un particular momento en el que se juntaron los astros.

7.8/10

Sleeper (2013, Drag City) nos muestra un Segall más íntimo y desnudo, un Segall que quería ser Folkie. Pero no el típico cantautor que llora sus penas al micrófono, sino un Folk Rock de coger la acústica porque sí, porque no lo que te apetece es pasar un buen rato. En ocasiones rememora a una pandilla pasándolo bien mientras uno canta y toca la guitarra (‘Crazy’) y en otras se acerca a la psicodelia de sofá (‘She Don’t Care’). Todavía siguen por ahí varias de sus influencias, como Marc Bolan (‘Come Outside’), y hasta se permite un puntual momento de enchufar la eléctrica en el tremebundo final de ‘The Man Man’. Un interesante alto en el camino en su carrera en solitario que, a menos que lo remedie en el futuro, se quedará como un experimento aislado, pero no dejará de ser imprescindible.

Fuzz — Fuzz (2013): quiero que os rindáis de una vez

No podemos entender un grupo como Fuzz sin entender Slaughterhouse, y si no se comprenden ambos jamás entenderéis a Ty Segall. No deja de ser curioso que sus mejores momentos sean cuando se sale de su propio libreto y de su carrera en solitario, pero es así. Muchos se han rendido a la evidencia ahora, con Manipulator (2014, Drag City), pero Segall lleva mandanos señales toda su carrera y el momento culminante, aquel en el que gritó más fuerte que nunca que os rindierais, fue el año pasado junto con Charlie Moonheart a cargo de la guitarra y esta vez con el propio Ty dándole a la batería.

9/10

Fue nuestro disco del año pasado, básicamente, porque les voló la cabeza hasta a los más incrédulos de nuestra redacción. Fuzz (2013, In The Red) parte de Slaughterhouse y va aun más lejos, allá donde también coexisten el espíritu de Black Sabbath y la psicodelia triposa y virtuosa de Jimi Hendrix. Adentrarse en este disco es meterse de lleno en una jam psicodélica de cuarenta minutos a la que solo quieres regresar una y otra vez para el engañoso comienzo de ‘Eathern Gate’, el estallido de ‘What’s In My Head’, la locura de ‘Loose Sutures’ y sí, gritar a viva voz cada línea y cada riff de ‘Sleigh Ride’, agitar la cabeza como si no hubiera mañana y darle las gracias a Segall por existir, porque si no habría que inventarlo.

Discografía de Ty Segall

Con Mikal Cronin

Con White Fence

Con Ty Segall Band

Con Fuzz

  • Fuzz (2013)
  • II (2015)

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