A pesar del azote que ha supuesto la pandemia del Coronavirus para la industria de los espectáculos en vivo, y que prácticamente la totalidad de Europa está tomando medidas restrictivas para contener su propagación, hay un club en Malmö, Suecia, que continúa programando conciertos. El Plan B de la ciudad escandinava sigue realizando eventos, sólo que estos aplican medidas de distanciamiento social.

En un reportaje realizado por NME podemos ver cómo son estos conciertos realizados por el club sueco, caracterizado por su manera poco ortodoxa de proceder en más aspectos. Cabe recordar que Suecia es uno de los países que todavía no ha aplicado un confinamiento severo a la población. Su apuesta pasa por una «inmunidad de grupo», por lo que las directrices del Gobierno limita aglomeraciones de 50 personas en un mismo local.

Bares y restaurantes ofrecen sólo servicio de mesa y dentro de los locales se tiene que ma-tener distanciamiento social. Aunque muchos locales de conciertos optaron por cerrar, menos Plan B, que celebró una reapertura el 7 de abril después de ponerse en contacto con las autoridades locales. Por tanto, no hablamos de una actividad desobediente. ¿Desaconsejable? Probablemente. ¿Irresponsable? Quizás, pero no ilegal.

«Es raro estar haciendo esto, pero también se siente bien» expresaba la cantante del grupo de shoegaze Spunsugar, cuyo concierto del pasado jueves fue el único concierto celebrado en toda Europa. Sólo hay 39 espectadores (la capacidad del reciento se ha restringido a un máximo de 40 miembros del público, además de un ingeniero de sonido, dos componentes del staff del grupo, para no sobrepasar la directriz de 50 personas en un mismo establecimiento), todos de pie después de descartar sentarlos a todos y sin poder acercarse a la barra para no romper la barrera de distancia. En su lugar, empleados con máquinas para tarjetas van tomando los pedidos alrededor de la multitud. Es bizarro, cuanto menos, según expresan en el artículo de NME.

En ciertos momentos se siente muy surrealista. Pero estamos siguiendo todas las reglas que ha establecido nuestro Gobierno, ni se nos ocurriría hacer algo más.

No estamos intentando ser ignorantes, o desentendernos de lo que pasa. estamos más que concienciados sobre la situación. pero el reglamento no nos prohíbe tocar para esta cantidad de gente, así que supongo que está bien.

Estas palabras del bajista del grupo de shoegaze que tocó dicha noche resume el sentir general de los asistentes. «No hay un riesgo masivo porque no hay mucha gente aquí». «La gente se lo está tomando en serio. Cualquiera que tenga o haya tenido síntomas se está quedando en casa». «Hay más gente congregada en algunos lugares del centro de la ciudad que aquí». Estas son algunas de las expresiones comunicadas por miembros de la audiencia. Para el dueño del local, el motivo para hacer esto está claro:

Irónicamente, no hay Plan B para Plan B. Tal como están las cosas, si no abrimos y nadie viene, nos vamos a la quiebra. Es tan sencillo como esto.

Esto no deja de ser un reflejo de una realidad para los locales de conciertos de todo el mundo: sin actividad, ni apoyo gubernamental, el destino más probable será la ruina y el cierre del local, así como la desaparición de la única fuente de ingresos para el dueño y sus empleados. «El gobierno no ha ofrecido nada que pueda cubrir costes básicos, y están diciendo a la gente que se quede en casa mientras nos dice a nosotros que sigamos abiertos. Es confuso. Pero no te puedes quedar quieto y golpearte la cabeza contra la mesa» explica el dueño.

Más allá de lo bizarro de la estampa, puede ser una imagen muy parecida a cómo serán los conciertos cuando regresen. Hasta que haya una cura o una vacuna, estos espectáculos en vivo serán de los últimos en regresar a la actividad (los expertos más conservadores hablan de 2021), y cuando lo hagan tendrán que mantener unas medidas de cautela: distanciamiento social, poca gente en el mismo recinto y buscando respuestas ingeniosas para llevarles bebidas desde la barra.