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Un recorrido a través de las mejores canciones de Tachenko

Al igual que otros grupos esenciales de mi vida, Tachenko valen más por sus canciones que por sus discos. Me sucede lo mismo con La Costa Brava y con New Order. Nunca acudo a sus trabajos en larga duración. Por defecto, recopilo un puñado de canciones que parecen haber estado ahí siempre y que sirven de antorcha en la oscuridad, tan maleables por su sencillez como precisas por su honestidad. Tras la disolución de El Niño Gusano y a lo largo de década y media de producción musical, Tachenko han conseguido articular un cancionero pop a la altura de pocos grupos en la escena nacional. Y lo que es más importante: me han conquistado entre suspiros, en resúmenes de dos minutos y medio sobre todo lo que estaba sucediendo en mi vida en un momento dado. Pum, dardos directos al corazón.

Hacia el huracán

Quizá todo ello les haya empujado a una injusta segunda fila del pop español. Tachenko están lejos de los grandes nombres, por popularidad, que durante los últimos años han trascendido más allá del nicho. Da lo mismo: cuando recurro a sus canciones, y sucede menos de lo que debería, pienso que posiblemente ningún otro grupo sea capaz de resumir mi estado de ánimo como ellos. Es posible que el mejor ejemplo de todo lo bueno que esconden las canciones de Tachenko esté condensado en ‘Hacia el huracán’, entre la guitarra punzante de Vinadé, su ritmo redondo y su solemne tristeza entre alegres melodías.

Hay días que voy hacia el huracán
Lo creas o no he oído sobre las demás
Y no hay nada más que pueda tranquilizarme igual
Pero yo te quiero a morir, te quiero a rabiar
Hay cosas que ni siquiera se pueden imaginar
Y no hay nada más que pueda tranquilizarme igual

Yo no quiero sonar moderno

Es cierto que en ocasiones Tachenko han rozado terrenos demasiado edulcorados, pero también lo es que la mayoría de las veces han salido indemnes de ellos. Les pasaba en Os reís porque sois jóvenes (Limbo Starr, 2010) y les volvió a pasar en Apúntame a mí primero (Limbo Starr, 2011), un pequeño EP donde brillaba, frágil y despojada de su vitalidad tan marca de la casa, ‘Yo no quiero sonar moderno’. Al ralentí:

Apúntame a mí primero
Lo digo porque no quiero saber lo que te pasó
(Yo no quiero sonar moderno)
Te juro que mis amigos quisieran dormir contigo
Saber lo que te pasó

El respland’Or

Os reís porque sois jóvenes también fue el disco donde Tachenko sonaron a muchas otras cosas que no parecían Tachenko. ‘El respland’Or’ fue la ración de clasicismo Rock en la que casi todos los grupos de Pop terminan cayendo. Sin embargo, lejos de arrastrarse en un terreno al que no estaban tan habituados, ‘El respland’Or’ se sostiene con una solvencia rítmica y un tono oscurecido que en otros momentos de la carrera de Tachenko hubiera parecido inalcanzable, prueba de que también han sabido reinventarse cuando lo han deseado.

‘El respland’Or’ fue, además, una de las primeras canciones a través de las cuales descubrí a Tachenko, en un pequeño concierto que ofrecieron en la FNAC de Zaragoza con motivo de la presentación de Os reís porque sois jóvenes. He dado muchas vueltas sobre lo que significa y aún no he logrado descifrar qué quiero que signifique.

Por mí, por mí, por mí
Moriríamos sin salir
A la luz del sol
Esta tentación 
Ya no tiene fin
Nunca comprenderás
Que te quiera dejar atrás
Que te diga adiós
Que esta no es mi voz
Qué es lo que me das

Suerte y relámpago

Con todo, la frecuencia sonora en la que más y mejor he disfrutado a Tachenko es el Power Pop. Lo volvieron a retomar en El amor y las mayorías (Limbo Starr, 2013), su último disco, de irregular factura. Allí destacaba por encima de las demás ‘Suerte y relámpago’, prueba de la imperecedera capacidad de Tachenko de fabricar estribillos pegadizos.

Tienes la cifra exacta,
El gesto ideal,
La fuerza sexy del “No pasarán”
Y te burlabas de las órdenes
Dime qué horas son estas
Qué día es hoy, si hemos dormido
Si ha salido el sol
La noche estaba fría, pero tú no

Rayos y centellas

Por ahí han facturado sus canciones más divertidas y pegadizas. ‘Rayos y centellas’, hundida en un mar de distorsión y velocidad, representaba la cara luminosa de El tiempo en los Urales (Grabaciones en el mar, 2005), un EP que contenía al menos otras dos de sus mejores composiciones. Dos minutos y medio inagotables, la clase de canción que cuando termina ya exige de forma violenta escucharla otr avez.

Años enteros desdiciéndome
Juegos cruzados esperándote
Vuelvo a mi lado y me sorprende que
Tú te levantes tan temprano
Yo estoy medio bebido
Fue un gran acierto desaparecer
Pocas historias terminaron bien
Rayos, centellas y el recuerdo de
Tardes de vértigo y sumando
Gestos que nunca olvidaré

El tiempo en los Urales

Además de enérgico, Tachenko también es un grupo elegante. Pocas veces ambas facetas se conjugan tan bien como en ‘Yúmber’, la tercera pieza fundamental de El tiempo en los Urales. La primera, como es natural, es ‘El tiempo en los Urales’, la canción que abría el EP y que se deslizaba con delicadeza entre arreglos de cuerda y armonías vocales tristes — en otra de las grandes virtudes del grupo: los coros — . Un tiempo, el de la cordillera rusa, que representa la ambigüedad emocional de Tachenko, tan feliz como melancólica en todas sus canciones.

Vuelvo a entablar conversación
Son personas del mundo real
Verte llegar y algo falló
Los aviones que el cielo arrasó
El tiempo en los Urales
Entrada y desaparición

Robar y compartir

El estilo de Sergio Vinadé a la guitarra, inconfundible desde El Niño Gusano, más Pop pero igualmente reconocible en Tachenko, vertebra gran parte de las canciones del grupo. En aquellas en las que la densidad sonora es menor, construidas sobre mimbres más sutiles, las descargas eléctricas de Vinadé suelen resultar estremecedoras. Sucede en ‘Robar y compartir’, balada de más de cuatro minutos que se esfuma en un santiamén, casi siempre dejando tras de sí un rastro de sangre y lágrimas.

Si seguimos así lo vamos a notar
Quererte sin pensar
Robar y compartir

Afganistán

Es cierto que ninguno de los discos de Tachenko me llena tanto como acudir a sus canciones por separado, pero también lo es que si tuviera que elegir uno me quedaría con Nieves y rescates (Grabaciones en el mar, 2004), posiblemente porque contiene mis tres canciones favoritas de Tachenko. La primera de ellas, no en el sentido figurado sino en el real, es ‘Afganistán’, canción de apertura del LP de debut del conjunto zaragozano.

No te arrepientas
Siempre es igual
¿Cómo lo llevas?
¿Cuánto puede durar?
No hay quien lo entienda
Y eso es normal
Noches de fiesta
Ahora… Afganistán

Mordekay

‘Mordekay’ es posiblemente la composición más exquisita de Tachenko. Los instrumentos entran uno a uno, de forma lenta y paulatina, bajo una melodía vocal marca de la casa a mitad de camino entre la desesperación melancólica y la felicidad resignada. Cuando alrededor del segundo minuto de duración entra la guitarra eléctrica ya es demasiado tarde: ‘Mordekay’ te ha descompuesto, te ha salvado la vida y, en el camino, se ha convertido en una de las joyas pop de la última década.

Mordekay sabe mucho, y esto no afina bien
Si ha salido así, por algo será
Mordekay sabe mucho, y esto no afina bien
Si ha salido así, por algo será
Malgasté más de un siglo, venga, decídete
Hay una ciudad no lejos de aquí
En ella los demonios se van
Nos sobran los víveres y a mí me dejan llamar

Y sabes que allí sin ti viviré 
Que no puede ser lo que no puede ser
Y sabes que allí sin mí vivirás 
Que no puedes más porque no puedo más
Y sabes que allí sin ti viviré 
Que no puede ser lo que no puede ser 
Y sabes que allí sin mí vivirás 
Que no puedes más porque no puedo…

Es terrorífica y es preciosa. A tantos niveles que asusta.

Amable

Qué decir de ‘Amable’. Es su mejor canción, bajo cualquier consideración posible. De gran riqueza instrumental, todo parece estar en su sitio perfecto, todos los instrumentos parecen participar en el conjunto de la canción en el momento exacto. ‘Amable’ resume todas las virtudes de Tachenko, todas de las que ya hemos hablado aquí: sencillez, elegancia, energía, estribillos memorables, inolvidables armonías vocales y un gran sentido de la emoción contenida, discreta, honesta y poco estridente. La perfección pop.

Y al volver a la acción, y a mis bolsas de viaje
Más calientes, ya no me echaré de menos más
Y al entrar en calor, en mi mitad no hay nadie
Diferente, rienda suelta para demostrar
Que esto es mucho mejor, nada podrá asustarme
En mi frente lo que hubiera escrito ya no está

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