todo lo que he hablado en Hipersónica de Puscifer durante estos últimos meses, os habréis dado cuenta de hasta qué punto estaba interesado en el primer disco de este grupo, a pesar de que resultaba casi imposible saber por dónde irían los tiros en este nuevo proyecto paralelo de Maynard James Keenan. Y es que un par de canciones escritas hace tiempo y una línea propia de ropa como único material existente no suponían nada lo suficientemente firme como para usarlo de referencia.

Sin embargo, mis expectativas en torno a este V is for Vagina eran máximas desde el primer momento por la sencilla razón de que todo aquello que ha salido de la cabeza de Keenan me apasiona, desde la milmétrica contundencia matemática de Tool, hasta la perfección sonora de A Perfect Circle. A pesar de ello, sería un error tomar cualquiera de estos dos proyectos como punto de partida a la hora de ponerse a oír Puscifer, pues los derroteros que sigue este disco son bien distintos.

Olvidaos de espectaculares progresiones o riffs de guitarra que quiten el hipo, pues lo que este disco nos entrega es un sonido puramente industrial, únicamente comparable al de eMOTIVe, el último trabajo de A Perfect Circle, si queremos buscar una referencia salida de este propio artista, y más cercano en cualquier caso a agrupaciones mucho más electrónicas como Nine Inch Nails u Orgy.

Aun con todo, cualquier comparación que pudiera daros quedaría lejos de aproximarse, pues este V is for Vagina tiene un sonido tan propio que se hace difícil buscarle símiles. Es, como ya he dicho, ante todo industrial, muy oscuro por momentos, con un ligero toque sensual y con una producción bastante sobrecargada que lo hace algo más inaccesible de lo que debería en un primer momento.

Queen B, el corte que da arranque al disco, ya es una buena muestra de lo que digo, con un Maynard tirando de las notas más graves de su voz, tono que mantendrá durante el resto del álbum y que contribuirá a esa sensación de oscuridad que antes comentaba. Los temas que más convencen en las escuchas tempranas son Vagina Mine e Indigo Children, aunque conforme te vas haciendo al disco, el aprecio hacia cada uno de las canciones que lo componen es total.

Curiosamente, las dos piezas que menos me gustan son aquellas que ya habían podido oírse antes, The Undertaker y Rev 22 20, esta última con la coletilla Dry Martini; no ha terminado de convencerme el cómo han sido mezcladas para este trabajo, prefiriendo con mucho las versiones originales de ambos temas que fueron mostradas hace ya tiempo.

Al final, la conclusión que extraemos de este particular disco, con su no menos curiosa portada, es que se trata de un nuevo trabajo redondo de Keenan, quien se atreve a dejar a un lado el metal y el rock para aventurarse por los electrónicos caminos de un proyecto musical que confío que siga explotando en el futuro.

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