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Vallenfyre en concierto en Oviedo (Sala Whippoorwill, 04–02–2015): ¡oh, my god!

No sé qué cara le pondría a Chalsetto, programador, conductor del programa Derrame Rock y agitador cultural asturiano, el día que me contó que iba a traer a Oviedo a Vallenfyre. Quizás estupefacción, emoción y alegría contenida, todos esos sentimientos contenidos y su extrañeza porque los conociera. Banda de cabecera desde que tuve noticia de los ingleses, el proyecto personal de un tipo tan especial como Gregor Mackintosh, guitarrista y compositor de Paradise Lost, la cita fue el miércoles 4 de febrero en la Sala Whippoorwill.

Un bolazo en toda regla

Las inclemencias climatológicas y la rotura de su furgoneta les obligó a cancelar su fecha en Zaragoza y llegaron a Oviedo casi de milagro después de un viaje por carretera jalonado por la nieve y el granizo. No por ello a Vallenfyre se les vio haciendo una actuación de compromiso ante una audiencia bastante reducida que sin embargo se hizo más que notar. Es más, en su página de Facebook comentaron que los conciertos de Oviedo y del jueves en A Coruña habían sido “really cool”.

Se quedaron cortos con sus palabras. El de Vallenfyre fue un ‘bolazo’ en toda regla. Todo un puñetazo en el estómago de esos que te llegan casi sin esperarlos y no puedes más que arrodillarte, coger aire y esperar a recuperarte. Eso fue lo que exactamente a mí me paso y por eso no quise precipitarme a la hora de redactar una crónica sobre la actuación.

Gregor Mackintosh ha dejado las seis cuerdas para hacerse solamente cargo de la voz. Por ello, el músico de repuesto que acompaña en la Splinters Over Iberia Tour 2015 es Sam Wallace, portando camiseta de At The Gates, y haciéndose cargo de la guitarra rítmica, mientras que Hamish Glencross (My Dying Bride) fue el hacha de la guitarra solista. Al bajo de cinco cuerdas Scoot (Doom, Extinction of Mankind) complementado perfectamente por Waltteri Väyrynen (The Wargasm, Tramal), un batería finlandés de tan solo veinte años que me dejó embobado con su técnica; y eso que no había doble bombo.

Una clase magistral de metal extremo

Vallenfyre hicieron un concierto demoledor de principio a fin. Cerca de noventa minutos de pura pasión en la que los cimientos de buena parte del metal extremo estuvieron presentes en la ecuación. 16 canciones, 13 más 3 en un bis de 15 minutos en los que literalmente Gregor Mackintosh se dejó la piel.

Aquello no era metal depresivo como los que algunos podrían pensar. Lo que menos hubo fue doom metal opresivo y lo que más death metal old school, grindcore y crust. No hace falta citar las fuentes pero Vallenfyre ha sabido concentrar influencias tan distantes, hablando de metal, como Autopsy, Amebix, recordados en la camiseta de Scoot, Celtic Frost, los primeros Entombed y los primeros Paradise Lost, Antisect, Hellhammer, Discharge, Nausea o Terrorizer.

Su recital fue una clase magistral de metal extremo en el que Mackintosh y sus compañeros combinaron perfectamente el material de Splinters y el de A Fragile King, su primer álbum de estudio. Quien no conozca a Vallenfyre ha de saber que este proyecto surgió tras la dramática muerte del padre del cantante y guitarrista en 2009 como consecuencia de un cáncer. Las canciones del debut del grupo fueron una especie de antiséptico para paliar el dolor y la angustia sufrida.

La diferencia entre ambos discos es obvia pero estas canciones en directo cobran una fuerza y un vigor amplificado por mil por este cantante que saca a relucir toda su vis escénica que no puede mostrar como guitarrista de Paradise Lost.

Esas rastas inmensas agitadas de adelante a atrás, de izquierda a derecha, vaciándose en los guturales de cada estrofa, y esa banda con Hamish Glencross ofreciendo esos riffs afiladísimos y la sección rítmica machacando cabezas. Hubo dos cortes espectaculares, ‘Instinct Slaugher’, que el propio cantante definió como un tema hiperrápido, y ‘Cattle’. Dos cortes de Splinters que si hubiera habido más asistentes habrían provocado un mosh pit.

No hubo densidad hasta bien entrado el concierto. Fue ‘Seeds’, tema de A Fragile King en el que Mackintosh nos dice con su voz grave y oscurísima eso de “I’m Your Priest”. Casi al final llegó la magistral ‘Desecration’, el tema del buscadísimo single con el que Vallenfyre se presentaron a la audiencia.

Se despidieron con ‘Splinters’, desgarrándonos la piel como lo hacían los zenobitas de Hellraiser. Pero tan buena había sido la comunicación entre público y banda que concedieron un largo bis. Iba a ser de dos canciones: ‘Bereft’, otra joyita incluida en su segundo elepé para Century Media, y después tras esa densidad casi malsana llegó ‘Humanity Wept’, crust en vena para poner a tono hasta al más parado. No se quisieron ir y pidieron hacer un tema más, y cayó ‘Dragged to Gehenna’, con el riff abrasivo y cauterizante de Hamish Glencross y la voz abisal de Gregor Mackintosh en su plenitud. ¡Gracias Vallenfyre por esa gran lección de metal!

De Foscor, que abieron la velada, poco que decir. En su actuación no vimos ni el doom, ni el progresivo que hay en Those Horror Wither, su último disco, y sí bastantes momentos próximos a los últimos Enslaved y un black metal-avantgarde que no me acabó de enganchar. Su talón de Aquiles el inglés de su cantante, pero lo que me temo es que ni era su día ni su público. Los quiero volver a ver porque su sonido fue bastante bueno.

Fotografía | Sergio Blanco

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