Hay grupos a los que les funciona y hay grupos a los que no. Ponerse descaradamente pop es una de las virtudes del último disco de Veronica Falls. Más adolescentes que nunca, más alegres, adictivos y melancólicos que nunca. Si su primer disco era un tratado bastante solvente de jangle pop, de acertado revivalismo indie pop con la dosis perfecta de innovación y personalidad, Waiting For Something To Happen es alcanzar la cima desde la melodía y la ingenuidad adolescente. Todo en su segundo disco está plagado de temática naif. Todo es ingenuo. Pero suena de maravilla. Cuanto más simples y directos son, mejor. Y gracias a ello Veronica Falls han compuesto algunas de las mejores canciones de lo que llevamos de año.

Esto no es una crítica, sino una carta de amor. Si tus amigos no lo entendieron es porque no prestaron la suficiente atención. Veronica Falls insisten en susurrarte al oído: el secreto está en la melodía. Es la piedra filosofal del pop y ellos han aprendido a manejarla como maestros artesanos. En Veronica Falls (Slumberland, 2011) ya había muchas, muchas por las que caer enamorado de ellos, pero esta vez han rizado el rizo y han decidido que lo único importante de sus canciones debía ser la melodía. Adiós al campanaamuertismo (probertoj dixit). Hola, pop puro y duro:

My heart beats so slowly
my heart beats on and on
My heart beats so slowly
my heart beats on and on
My heart beats so slowly
my heart beats on and on
My heart beats so slowly
my heart beats on and on

Como casi todos los grupos que importan y que se dedican al pop, Veronica Falls no han cuajado un gran disco. Analizado desde una perspectiva fría y un tanto cínica, Waiting For Something To Happen no pasaría de ramplón, de genérico ejercicio de estilo. Pero que un grupo de sus características funcione en un disco es lo de menos. Lo importante son las canciones. Y Waiting For Something To Happen las tiene a patadas. Canciones para toda una vida que hoy por hoy son lo mejor del año. Caramelos en dulce dispuestos a quedarse para siempre en el cerebro. Nuevos tiempos, nuevos recuerdos: no sé cómo hemos vivido hasta ahora sin ‘Everybody’s Changing’. Y no importa que sean obscenamente jóvenes y que sus letras lo sean aún más. No es nostalgia: es volver a disfrutar de lo ya vivido. Y de lo que queda por vivir. Porque con discos como los de Veronica Falls ser joven no tiene nada que ver con la edad.

And I know how old I am
But why do you care?
I cant see you now
No, I wont look back
You moved to another town
But you wont look back
No, we wont look back

Waiting For Something To Happen podría ser tu vida aquí y ahora. El disco imperfecto y emocionalmente indispensable que podría contarte todo lo que necesitas oír hoy. A mí no me pasa, pero si me pasara creo que no saldría de él jamás. Sin pasarme, me cuesta mucho de despegarme de sus canciones, porque aunque hay un montón que son de relleno ningún grupo ha conseguido este año una sucesión de joyas como ‘Everybody’s Changing’, ‘Buried Alive’ y ‘Falling Out’. Son tan frágiles que podrían romperse en mil pedazos. Pero también son dardos directos al corazón. Tan ligeras como mortales. Enormes himnos sentimentales.

For what its worth she said Ill try so youre right
Cause if you dont care
Youll never care
Cause youre a broken (youre a broken)
A broken toy like you
If theres no hope she said there is no hope (there is no hope)
But if you dont care
Cause youre a broken (youre a broken)
A broken toy like you

Lo son porque beben de los mejores profesores que nadie pueda soñar: The Bats, The Verlaines, The Field Mice, The Wedding Present, la joven Escocia. A ratos lánguidos, a ratos tristes, Veronica Falls también han aprendido, mucho mejor que en su anterior trabajo, a ponerse contentos. ‘Teenage’ es la canción más luminosa que han tenido nunca, y probablemente es también la mejor. ¿Cómo no iba a entenderlo tu amigo, o tu novio, o tus padres? Si en las radiofórmulas de todo el planeta sonara ‘Broken Toy’ nadie pondría ninguna objeción. Los Veronica Falls sonrientes son los Veronica Falls universales. Quizá algún día llegue ese momento, den el salto y sean los R.E.M. del siglo XXI. Cuesta creerlo, pero mientras sigan comprendiendo que lo importante del pop son las canciones nada es imposible. Nadie las hace mejor que ellos.

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