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Vessel — Punish, Honey

Recurrir a las fórmulas y a los patrones que te fueron bien en el debut es un ejercicio cómodo, pero no sólo cómodo, también legítimo. En 2012, el bristoliano Vessel debutó en largo en Tri Angle con Order of Noisse (2012, Tri Angle), un estupendo acercamiento a la IDM desde posiciones frágiles y volátiles como el future garage. Dos años después, lejos de acomodarse -algo que podría haber hecho tranquilamente- y con muy buenos epés de por medio, Sebastian Gainsborough vuelve a la carga con Punish, Honey (2014, Tri Angle), un álbum en el que decide entrometerse en coordenadas industriales, eso sí, sin ser muy canónico con respecto a sus clásicos compatriotas de varias décadas. Lo importante, ha vuelto. Y de qué forma.

Aquí encontramos secuenciadores ardiendo y percusiones épicas que nos presentan al nuevo y demoledor Vessel

Desde luego, Order Of Noisse ya era un señor disco en el que pasar unas buenas vacaciones sonoras, repleto de detalles, ambientaciones y demás lindezas sonoras. Sin embargo, toda la brutalidad de este segundo LP le pasa por encima, olvidando rápidamente a qué se dedicaba Vessel en sus inicios. El inglés ha dejado la parte más experimental para echar en un recipiente una gran dosis de sexo, efectos sucios y un músculo electroacústico que le ha permitido inyectar una vigorosidad de la que su música carecía. El resultado, muy bueno. Si bien el debut ya era para fumar en pipa, con Punish, Honey tenemos una serie de escaramuzas epatantes que esquivar, secuenciadores ardiendo y percusiones épicas que nos presentan al demoledor nuevo Vessel.

Puedes olvidar su debut

Podemos considerar a su última referencia, Misery Is A Communicable Disease (2013, Liberation Technologies) como un EP de transición, formado por tres temas, cada uno de su padre y de su madre, en los que había un poco de IDM a lo Aphex Twin y también amagos de la contundencia que nos ha traído hoy aquí. Es por este camino por el que ha decidido tirar y el resultado ha sido sorprendente. Cada vez que vuelves a él, le das más vueltas, es como una droga. Quizá también por ese toque de teclados mirándote de forma lasciva. No tiene tantos matices como el debut, pero este ejercicio de techno industrial tan medieval es altamente adictivo.

Con ‘Red Sex’, Vessel ya avanzaab el cambio con Punish, Honey y demostraba que Gainsborough es un tipo inquieto y creativo

A pesar de haber dejado por el camino esas texturas, ¿quién puede resistirse a la sección de viento de ‘Red Sex’ y su hipnótico y a la vez sencillo sinte? Era un adelanto que ya avanzaba el cambio con Pushin, Honey, y que demuestra que Gainsborough es un tipo inquieto y creativo, que no se acomoda en coordenadas rígidas. De hecho, sigue experimentando y jugando con el sonido, pero en otros parámetros. Aparte del partido que le saca a las percusiones, los in crescendo y la energía que desparrama contra nuestros oídos, no tiene inconveniente en acercarse a Forest Swords con sonidos orientales. En ‘Drowned in Water and Light’ o ‘Euoi’ (entre otras), recuerda a la combinación de esas texturas con la supremacía que ofrecen los sintetizadores, justo como en Engravings.

7.9/10

No son pocas las similitudes con los arpegios y paisajes de su compatriota, pero Vessel además añade esa parte neurótica de sonidos chirriantes, desbarrando; chocando entre sí. Un vapuleo constante que tiene su auge en el delirante final noise del disco con probablemente el mejor tema, ‘DPM’. En efecto, está de puta madre. Expresa muy bien la metamorfosis de Gainsborough y el espíritu del álbum: un armazón industrial en el que las percusiones apelan a la catarsis y a desarrollos in crescendo sin renunciar a abrirse a otros sonidos que hasta ahora no había puesto en práctica. Una simbiosis sin complejos que demuestra la ambición de este bristoliano que está pegando muy fuerte en esta nueva década. Un trabajo que produce adicción, rezuma fuerza, y, en última instancia, como ya avisa su portada (¿guiño a COUM Transmissions?), placer. Rendíos de nuevo al placer de las máquinas.

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