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Viento Smith — Viento Smith

Hay discos que sonarán siempre en la memoria como si estuvieran anclados en algún rincón mágico de nuestra vida. Sacan lo mejor de nosotros, nos hacen sonreír como idiotas e invitan a creer que existe un mundo ahí fuera que merece mucho la pena. Hace años me enseñaron que realizamos diferentes lecturas de la música según nuestro estado de ánimo; pero la paz que traen estas (escasas) seis canciones de Viento Smith es infinita.

El concepto de “música melancólica”, lo siento, pero es una etiqueta que no me funciona y que odio. Al menos con los presentes. El universo que sale de la mezcla de un genio creador de atmósferas como David Cordero (Úrsula) y la historia tras las canciones de Ricardo Lezón (McEnroe), a los que se suman Raúl Pérez (estudios La Mina, The Baltic Sea) y Nacho García (Marina Gallardo) es una herida, sí, pero a la vez la cauteriza y termina por aliviar.

Es el efecto que siempre provocan las canciones de Ricardo, te suben lentamente en globo hasta el cielo y luego te dejan suelto en caída libre. Todos los cortes alcanzan la armonía necesaria para que ninguna flojee, aunque quizás tampoco haya alguna que destaque por encima del resto. No nos encontramos con el problema del “hijo preferido”, porque a todos los quieres por igual. Desde ‘Donde los aviones’ hasta ‘Sólo nos queda el viento’ todas llegan a estremecer.

Flotar sobre lo imposible

Se agradece que nazcan proyectos como Viento Smith (no sé si llamarlos paralelos o no. Es más, ¿quién decide que un proyecto es paralelo? No convirtamos el arte en una cuestión de oficinistas, de 8 a 3 trabajo en un sitio y de 4 a 7 me voy a otra cosa. Cuando todo debería ser un proceso más natural en este mundo, no sé), y que la apuesta sea clara a su favor. En fin.

8.6/10

La voz de Ricardo ejerce de hilo conductor que flota sobre unas melodías apasionantes. De hecho, éstas crean un letargo hipnótico que no se llega a alcanzar ni en McEnroe. Los lugares comunes que se han venido repitiendo en sus letras; como son el mar, los amores vencidos y los paraísos cotidianos, vuelven a estar presentes. Estampas de vida detenidas en el tiempo. Música de carretera y viajes largos, que invita a creer en que la belleza sigue siendo posible (me acaba de recordar, no sé por qué, a la infravalorada ‘One from the heart’, de Coppola). Sinceramente, no me extrañaría nada que Viento Smith se alargara como concepto, porque es placentero y estimulante. Ojalá vuelvan a abrir ese cajón de canciones de nuevo… muchas veces.

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