Si hay algo que nos ronda en la cabeza a todos y cada uno de nosotros, es la necesidad de aceptarnos a nosotros mismos, de dejar de fingir ser alguien que no somos por el qué dirán. Las ganas de rendirnos a nuestros deseos más profundos y olvidarnos de nuestras inseguridades, pero claro, las buenas impresiones van primero en la lista. El querer dar siempre un paso hacia adelante. Todo eso de dejarse llevar, hacer lo que quieres y cómo quieres. Pero qué fácil es decirlo y qué difícil ponerlo en práctica. A Conor O’Brien, líder de Villagers, por poner un ejemplo, le ha llevado tres discos y a saber cuántas canciones dejarse ver tal y como es.

Y éste soy yo

Darling Arithmetic (Domino, 2015) son nueve temas que nacen de pequeñas grabaciones acústicas que el propio Conor O’Brien registró en su casa, tocando él mismo todos los instrumentos y mezclando todas sus ideas. Por esto, quizás, este tercer disco es más que nunca una declaración de intenciones, un trabajo sorprendentemente personal y emocional sobre el amor, la sexualidad y las relaciones personales.

Conor O’Brien suena acústico y calmado, jugando más que nunca a ser cantautor y poniendo sonido a sus pensamientos más íntimos

Dejando atrás el despliegue instrumental de sus anteriores trabajos, Darling Arithmetic suena acústico y calmado, no habrá hueco para una gran banda aquí, pero algunas canciones desprenden grandeza por sí mismas. Los mensajes que antes se escondían en metáforas e ideas camufladas, se entregan ahora desnudos y sin adornos. O’Brien pone sonido a sus pensamientos y juega más que nunca a ser cantautor dejándonos entrar en lo que hasta hace poco para él también era un terreno desconocido.

Las motivaciones de este nuevo disco estaban claras, cantar al amor como concepto universal, al amor humano. O’Brien tomó la decisión de mostrarle al mundo su verdadero yo y, tras haberlo escuchado hablar abiertamente de su homosexualidad, este disco se descubre sincero y valiente. Y prueba de ello es ‘Courage’, que abre este Darling Arithmetic. Este tema, junto con los tres siguientes, muestran una belleza sencilla. Una instrumentación escasa y una voz delicada y temblorosa, a veces arrastrando las palabras a modo de recitado, son suficientes para que Villagers suenen brillantes en temas como ‘Everything I Am Is Yours’ y ‘Hot Scary Summer’. Sin embargo, esta sencillez parece no seguir siendo suficiente en la segunda mitad del disco. No se pierde la voz emotiva, o las letras dolorosas, o la intensidad que consiguen los arreglos de cuerdas, pero las canciones de amor ya no nos llevan hasta dónde querríamos estar.

7.7/10

Cantos al amor, a las ansiedades que ahogan las relaciones en nuestros tiempos como en ‘Little Bigot’, o a la tranquilidad de haber llegado a tu lugar, como narra en ‘So Naïve’, aunque no sepas cómo. No hay aquí espacio para contrastes rítmicos o estilísticos, para energía o para grandes arreglos de banda, aspectos que sí llenaron su anterior trabajo. Darling Arithmetic es tan solo una guitarra acústica que no desaparece, un suave piano y un sintetizador que viene y va entre canciones compuestas por alguien que necesitaba sentirse a gusto con su identidad y buscar la paz consigo mismo. Si necesitáis recordar por qué querer alguien, sentir un poco de calma o un último empujón para un atrevimiento, aquí tenéis vuestras canciones.

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