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Vince Staples — Hell Can Wait

Schoolboy Q, con su Oxymoron, e YG, con My Krazy Life, son algunos de los bombazos que cayeron, en forma de LP, el pasado 2014. Dos años antes, Kendrick Lamar reventaba el panorama con Good Kid, M.A.A.D City, un disco llamado a convertirse en un clásico contemporáneo. Los tres encarnan, en buena medida, a la nueva hornada procedente de la Costa Oeste, de Californa para ser más exactos, logrando además consolidarse en lo alto del panorama. Vince Staples cumple con lo primero pero no está todavía a la altura de sus paisanos. No obstante, Hell Can Wait (Def Jam Recordings, 2014) dibuja un esperanzador futuro para el de Long Beach.

El simple hecho de que Def Jam Recordings se haya fijado en el rapero es una seña de que Vince tiene talento. Su EP es la certeza de ello y de que además sabe qué hacer con él. Hell Can Wait traza un camino de siete cortes en el que da tiempo a observar muchas cosas pese a no ser un trabajo de larga duración. El salto de calidad en el sonido y la producción es más que palpable. Sin embargo, si hubiera que destacar algo por encima de lo demás, serían los registros mostrados por el MC, que no se encorseta en ningún momento, sabiendo sorprender conforme pasan los cortes.

Así ocurre en su comienzo. ‘Fire’ abre el disco con contundencia y con un relato de Vince en época juvenil sobre un sonido ensuciado. El cuerpo pide más, tras dos minutos y pico que saben a poco, cuando nos encontramos con un piano. ’65 Hunnid’ cambia la suciedad por una base pulcra y supone la primera muestra de que también lo puede hacer elegante si se pone. El título hace referencia al domicilio de la portada, pero Hell Can Wait no se detiene en él sino que continúa con ‘Screen Door’. Un tema algo más pausado si cabe pero con una fluidez que es capaz de dejar la excelente producción en un segundo plano.

Es tras haberse ganado los oídos de los oyentes cuando Vince Staples busca su complicidad. Y lo comienza a hacer con ‘Hands Up’, ecuador del trabajo, en el que el hardcore aflora. Los ritmos se endurecen y tanto el estribillo como el final de la canción empiezan a pedir la réplica. Todo ello queda en un ensayo cuando llega ‘Blue Suede’. Si el corte anterior era un vendaval, éste es un huracán. Su inicio, que parecía un gancho de derechas, se queda en caricia cuando Vince comienza a rapear. Sin duda, el clímax de Hell Can Wait. ¿La mejor canción? Hasta el momento sin duda, pero es entonces cuando ‘Limos’ aparece en escena.

Bajo una base hipnótica y con la única colaboración de todo el trabajo, la de la cantante Teyana Taylor, el MC rebaja las pulsaciones y encara el disco hacia su final. ‘Limos’ tiene algo especial. Logra crear un ambiente con una firmeza que ninguna canción del trabajo consigue. Todavía en la nube llegamos al final de Hell Can Wait de la única forma posible, con el esperanzador ‘Feeling the Love’.

8/10

Lo decíamos al comienzo. Este trabajo, pese a su medio recorrido, es bastante rico en contenido. El rapero tira de repertorio y deja múltiples pinceladas de lo que es capaz de hacer. Todo ello en su primera prueba de fuego, en la que ha sabido estar a la altura y aprovechar los recursos que Def Jam Recording es capaz de ofrecer. Vince Staples ha ganado crédito con Hell Can Wait y ha creado expectativas. Su LP debut dictará cuánto de cerca está de alcanzar a quienes abren esta crítica.

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