La calidad y grandeza del mercado en el que te muevas va a determinar mucho la percepción que tenga el público sobre ti. Como es obvio, no es lo mismo desarrollar tu carrera en Inglaterra que en Polonia, ni es lo mismo ponerse a tocar un post-punk en cierto modo accesible que tocar un metal progresivo muy específico, casi para minorías dentro de la esfera progresiva. Muchas de esas dificultades propias del mercado pequeño son contras las que tienen que lidiar gente como Votum, a pesar de haber demostrado para unos cuantos que talento tienen más que suficiente.

Se nos llenaba la boca a unos pocos sobre las maravillas de la escena progresiva polaca no hace tanto, y de aquello pocos han acabado resistiendo, dejando el prog polaco en una burbuja que estalló inevitablemente para desgracia de los que lo seguían. De esos supervivientes, algunos alcanzaron importante relevancia como Riverside, pero otros como en el caso de Votum se quedaron intentando hacerse un hueco en el panorama. Y aunque transmitan esa sensación de seguir creciendo para irrumpir en la escena, hablamos de una banda que está más cerca de los quince años de existencia que de los diez.

Votum, pasos lentos pero seguros

En la obligación de lidiar una nueva vez más con bajas y altas en su formación, los de Varsovia han tenido que buscar nuevamente la estabilidad necesaria para que su carrera siga en progreso. Por ello, la sensación de avance no es enorme en este :Ktonik: (Inner Wound, 2016), pero sí se puede hablar de que dan pasos hacia adelante. Lentos, pero seguros, dado que un giro demasiado brusco podría truncar o finiquitar la carrera de un grupo aún sin consolidar. No sería el primer caso, tampoco sería el último.

Seguimos encontrando a unos Votum apostando por reforzar sus señas de identidad, abonados a muerte con ese doom metal melancólico de fuerte calado progresivo que les sirvió para darse a conocer

Por ello seguimos encontrando a unos Votum apostando por reforzar sus señas de identidad, abonados a muerte con ese doom metal melancólico de fuerte calado progresivo que les sirvió para darse a conocer como una especie de Anathema circa Eternity (Peaceville, 1996) o unos Katatonia procedentes de Polonia. La apuesta no es excesivamente arriesgada aquí, pero vuelve a ser certera porque le tienen bien cogida la medida a su estilo y son capaces de dejar piezas estremecedoras y vibrantes como ‘Satellite’, ‘Spiral’ o ‘Simulacra

7.8/10

Podemos decir :Ktonik: no aporta nada especialmente diferente o que mejore lo mostrado en Metafiction (Mystic, 2009) o en Harvest Moon (Mystic, 2013), pero como mínimo está a la altura en cuanto a nivel. Sin presentar canciones candidatas a jitazos progresivos como en el primero pero sí más memorables que en el caso del segundo, podemos ver que Votum no ven erosionado su talento y sus capacidades. De estar en un mercado mayor probablemente gozarían de algo más de repercusión y de gente dispuesta a aplaudirles por sus esfuerzos, pero mientras tanto siguen siendo capaces de alegrar la existencia a los pocos que no dudamos en seguir atentos a sus movimientos. De momento no dan motivo para empezar a hacer lo contrario.

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