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WAND — Ganglion Reef

Parece que este año no ha sido muy fructuoso –o al menos no tan espectacular- como el año pasado a nivel de esas fronteras tan difusas que se funden en el espectro de la psicodelia y derivados. En ese sentido, hay algunas balas en la recámara de las que no hemos hablado, entre ellas, la de los debutantes WAND (gracias por el soplo a eseálvaroguay) y su Ganglion Reef (God?, 2014), que nacen al rebufo de grupos como Tame Impala o más recientemente, Temples, con quienes más similitudes comparten.

La primera vez que escuchas a WAND empieza a flotar en el ambiente la sensación de estar escuchando a los primos hermanos de ambos grupos. Construyen su coraza sonora con los mismos galones con los que grupos como los nombrados construyeron el suyo. Pero no con todos. A pesar de las obvias referencias clasicistas en las voces, en esos punteos, apenas caen en ese elemento lisérgico y viciado. En ese sentido, se han intentado alejar de esos clichés, por lo que aunque hay reminiscencias clásicas, han llevado su psicodelia a un panorama bastante actual.

Lo que más me gusta de la psicodelia es la permanente alianza con otros géneros; mientras que algunos límites se difuminan con el garaje a lo Night Beats, otros con el pop como Boogarins, otros más clasicistas como Temples, en el caso de Wand lo hacen con el fuzz. No pasará desapercibido para cualquiera que haya escuchado a Ty Segall o alguno de sus proyectos. De hecho, no es casualidad que le hayan teloneado. Su liturgia está presente con los riffs pesados y su aplastante protagonismo en el desparpajo de temas como ‘Clearer’. En ese aspecto, los estadounidenses son un grupo que quizá se ha visto más influenciado por las formaciones de referencia actuales que por las bandas seminales. Aunque se han llevado a su terreno muy bien todos esos afluentes de los que beben, hay un notable equilibrio entre clasicismo y nuevas fórmulas.

En cualquier caso, tienen la lección bastante aprendida. No suenan con tanto empuje como Temples, pero también se vienen muy -pero que muy- arriba con la pedalera de efectos de ‘Broken Candle’, la voz ácida y ese pedazo de punteo (de los mejores de este año) a mitad de canción pidiendo salirse de la órbita terrestre. Asimismo, un elemento diferenciador que destacar es el notorio peso de la guitarra acústica, presente en muchas canciones o directamente monopolizándolas, como es el caso de ‘Growing Up Boys’, un paseo espacial con un teclado griposo que fluye durante todo el tiempo. Mientras tanto, la distorsión de la guitarra aguantando para no entrar.

Entre la buena producción, que mejora todo el engranaje, más el uso de la acústica y un porrón de efectos, Ganglion Reef es uno de los discos de psicodelia más completos del año

Una buena excusa para disfrutar el álbum es la excelente producción que tiene, en la que ninguna de las aristas del amplio collage sonoro que lo forman tapa a otra. Podemos disfrutar nítidamente de todos sus recursos y por lo tanto de todo lo que transmite: frescura, euforia, potencia y creerse los putos jefes de los punteos -especialmente en esos momentos en los que se vienen arriba y empiezan a quemar el mástil de su guitarra-. Desde el poderío del heavy psych de ‘Sender’ (con esos arranques que parecen TAN White Hills) hasta el sonido brutote y las estridencias de ‘Fugue State’, WAND juegan sus múltiples manos de diferente forma, pero generalmente siempre ganan. No tienen miedo al exceso en esos finales en los que el cuerpo pide más mandanga, ya sea en forma de punteo apoteósico, explosión final o un poco de musicales sustancias estupefacientes que desaten una orgía en tus oídos.

7.7/10

Puede que recurran demasiado a los mismos trucos, a esos cambios de ritmo y a punteos muy similares, con el mismo patrón pero en diferentes escalas. Pero no importa, el disco aguanta estupendamente durante todo el minutaje gracias a ese equilibrio entre postulados clásicos y sonidos actuales. Este es su prometedor (y bastante buen) debut y tienen un potencial enorme. Tienen tiempo de suplir esos pequeños detalles que parecen pequeñas pegas picajosas, pero que bien curtidas significarán un gran paso para su música. Hasta entonces, nos quedamos con sus arreones; con la drogada voz de Cory Hanson, la electricidad depurada de las guitarras y su forma de golpear repentinamente cual yunque, el protagonismo de la acústica y el magnífico uso de los teclados. Y para finalizar el disco, una jam cósmica en ‘Generator Larping’. Una suerte de éxtasis final en el que WAND culminan de una forma bastante sólida su presentación. Parece que recogen lo mejor de muchos y que ahora mismo no tienen techo. Pero no es menos cierto que yo ya me he venido arriba con el subidón que me continúan pegando.

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