Recomendados por gran parte de la intelligentsia musical del indierock de EEUU (especialmente por mis queridos Deerhoof), aterrizo en el disco de este dúo de Los Ángeles totalmente libre de prejuicios y opiniones previas. No he leído nada sobre ellos, algo tan difícil de conseguir hoy en día como gozoso para la experiencia como oyente. Siendo claro, para ellos soy virgen y a lo largo de 11 canciones bien que se aprovechan de mí.

No opongo tampoco mucha resistencia. Las mareas sonoras que durante casi dos minutos y medio abren Weirdo Rippers intrigan hasta tal punto que cuando después empieza a sonar el fantasma de Sonic Youth, parece dar igual. Me dejo hacer.

Y justo después Boy Void demuestra que estos No Age se quedaron colgados a finales de los 80, cuando el sello SST había dejado huella en el subsuelo musical de Norteamérica y uno podía citar de carrerilla a la santísima trinidad (Pixies-Husker Dü-Sonic Youth) y sacarse un gran disco de la manga. Precisamente, lo que hacen ellos.

El sonido del disco es ratonero, sí, pero también suena (algo curioso dado sus ingredientes) a aire fresco. Será que Weirdo Rippers combinan su baraja de influencias con más tino que otros. Será que detrás de las eléctricas ensoñadoras como las que cubren I Wanna Sleep se encuentra la tensión de los mejores Tv On The Radio. Será que en otras canciones, grabadas caseramente, reviven los Sebadoh más adictivo. Será, tal vez, que sientan como un buen sopapo en la cara, como una violenta ráfaga de aire no viciado.

Sea lo que sea, lo único cierto es que No Age molan. Así de claro.

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