Tim Presley, también conocido como White Fence, tiene demasiadas ideas en la cabeza. En un principio, y tras publicar el año pasado una treintena de canciones repartidas entre los dos volúmenes de Family Perfume, Cyclops Reap no iba a ser más que un recopilatorio de material descartado en sus anteriores grabaciones. Según Presley, había al menos otras treinta o cuarenta canciones en la recámara extraídas de las sesiones de grabación de los dos discos de Family Perfume. La idea esta vez era compilarlas y publicarlas en Castle Face Records. Pues bien, Presley no ha podido contenerse y finalmente sus planes se han ido al garete. Cyclops Reap no es un recopilatorio, es un nuevo disco con nuevas canciones. Y qué canciones. Mucho mejores y mucho más sosegadas que la locura errática de Family Perfume.

White Fence: más y mejor

Presley trabaja sin descanso. Ha rizado el rizo de la creatividad. En una escena, la garagera-psicodélica de San Francisco, donde casi todos los grupos punteros publican nuevo material cada año y están la mayor parte del tiempo girando por todo el país y parte del mundo, Presley se ha propuesto superar todas las expectativas y crecer mucho más rápido, aunque no necesariamente mejor, que el resto de sus compañeros de viaje. Sólo así se explica que el año pasado, pese a publicar un trabajo extensísimo con un montón de canciones, otras tantas quedaran guardadas bajo llave y descartadas bajo la supervisión de Jeremy Earl y Ty Segall. Un Segall con quien Presley publicó el año pasado uno de los discos más relevantes del 2012, Hair. Al parecer y como cuenta él mismo aquí, Presley no se veía capaz de elegir entre casi el centenar de piezas que había diseñado para Family Perfume, y decidió que el oído experto de Earl y Segall realizaran la selección.

Family Perfume se publicó en Woodsist, discográfica que ya no necesita presentación, mientras Hair apuntalaba y de qué manera el impresionante año de Ty Segall. En Hair parecía ser Presley quien templara el ánimo del también hiperrevolucionado Segall, pero el primer adelanto de este Cyclops Reap indicaba lo contrario: White Fence también sabía salirse por la tangente y volverse completamente loco. ¿Indicaba ‘Pink Gorilla’ el camino de Presley, definitivamente decantado del lado garagero-agresivo y mucho menos folk? Afortunadamente, y lo digo porque creo que Presley tiene mucho más talento en esta última faceta, no. Cyclops Reap es un disco delicioso que, de explotar alguna de las vertientes en la que el americano es pródigo, opta por los sonidos más relajados. Entiéndase esto. El disco sigue siendo una locura.

¿Qué sucede en la cabeza de Tim Presley para pasar de un teórico trabajo de mera compilación a un nuevo disco con nuevas y fantásticas canciones? No lo sé, pero bendita sea su enfermedad. Cyclops Reap es mucho mejor, pero con una diferencia considerable, que su predecesor. Lo que en Family Perfume era un conjunto de canciones que en momentos puntuales destilaban brillantez, y sólo en el primer volumen (no desde luego en el segundo), en Cyclops Reap se concreta y se resume en canciones que, salvo escarceos puntuales, caminan entre el folk campestre, el country y los Beatles más inspirados en su psicodelia sideral. Desde ‘Chairs In The Dark’ hasta ‘Run By The Same’, todo en Cyclops Reap parece estar más en su sitio que en Family Perfume. Es más: este podría ser su mejor disco, superior incluso al ya muy destacable …Is Growing Faith (Woodsist, 2011).

La psicodelia en su justa medida

Dada su alergia al estudio, las canciones de su quinto disco en tres años también han sido grabadas por el mismo desde su propia casa. Es la ética de White Fence y de tanto en cuanto le funciona. Esta vez ha sido así, especialmente en temas como ‘Beat’, que podría ser el White Album revisitado desde una perspectiva totalmente lo-fi, o la joya de la joya de la corona de Cyclops Reap, ‘Live on Geneive’, una de las canciones más impresionantes del año. Lo es porque Presley parece en estado de gracia cuando entona sus estrofas, porque las guitarras van y vienen desde el country hasta el folk y porque los experimentos psicodélicos del autor por fin tienen sentido dentro de la narración pop de la canción. Sentido pleno: ninguno está de más ni de menos. Es algo que Presley difícilmente lograba en sus discos anteriores (‘It Will Never Be’) pero que aquí suena a gloria bendita.

El resto del disco tampoco depara demasiadas sorpresas. Estableciendo un símil, Cyclops Reap es a White Fence lo que Sic Alps fue a Sic Alps el año pasado. El álbum que debería templar tantas ideas divertidas y alocadas, geniales pero imprecisas. Este, eso sí, no parece tan depresivo como el otro. Las canciones que suenan tristonas también suenan redentoras, como ‘To The Boy I Jumped In The Hemlock Alley’, y en general todas ellas están enlazadas con la anterior de forma magistral. Es un álbum sin fisuras, cosa que White Fence hasta ahora no tenía. Si seguís la escena garagera, os gusta todo lo relativo a la baja fidelidad y además os flipan, qué sé yo, las baladas de los Stones o los discos de los Byrds, Cyclops Reap es un disco al que debéis acudir.

7.3/10

Presley ya ha anunciado que tras la buena experiencia cosechada en Hair con Ty Segall podría animarse y, de una vez por todas, superar la alergia que hasta ahora le ha mantenido tan alejado de los estudios de grabación. De ser así, White Fence debería tomar una versión radical de sí mismo. A mí no se me ocurre una mejor forma de zanjar el episodio casero de Presley con un disco así de disfrutable. No es una obra maestra porque nada lo es hoy en día, pero os alegrará unas cuantas tardes.

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