Wild Beasts — Smother: hacia un pop cada vez más cristalino

No creo que Wild Beasts, premeditadamente, busquen ir contracorriente respecto a las tendencias musicales, ni que su intención sea que su propuesta sea singular y aislada. Simplemente, tienen una manera particular de construir su música, y muy pocos pueden alcanzar las cotas artísticas que están demostrando álbum tras álbum, en el que cada paso supera a la anterior entrega y en el que, a la vez que van depurando y empleando con mayor sutileza sus instrumentos, consiguen transmitir con más delicadeza y profundidad.

Poseen, innegablemente, la capacidad de atraernos aunque nos resulten incómodos. Su música tiene mucho de hechizo, de atracción tanto intelectual como sensual, de dramatismo inteligente, de belleza espiritual e intangible. En su teatralidad habitual, sin llegar nunca a sobreactuar, encuentran su modus operandi para extender sobre ti ese extraño magnetismo que los ubica como puentes entre la electrónica más aséptica y el post-rock más sensible, sin tener que recurrir ni a sus trucos ni a sus mimbres.

En Smother lo primero que llama la atención es la manera en la que han ido depurando su fórmula sin que echemos nada en falta y sonando cada vez más completos. Las percusiones pierden el primer plano por el que peleaba en sus dos discos anteriores. Siguen estando, pero ahora todo suena más cohesionado, en una dinámica común o con transiciones más sutiles. Por supuesto, las voces de Thorpe y Fleming (offtopic: ¿con apellidos ilustres en el deporte y la Medicina, los recordaremos en el futuro por sus méritos musicales?) siguen siendo el centro gravitacional de su música, sobre el que orbitan unos teclados cada vez más cercanos a la electrónica (conviven con sintetizadores y loops), unas percusiones más discretas pero igualmente efectivas y orgánicas y, el resto de cuerpos celestes (guitarras, bajos), con una importancia menor, serían esos jugadores de banquillo que siempre que juegan bajo los focos ofrecen un rendimiento más que satisfactorio.

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A estas alturas están más que claras sus virtudes, aunque necesitan del esfuerzo de oídos exigentes y lo suficientemente pacientes como para dejarse atrapar por sus letanías. Su extraño magnetismo y su dramatismo inteligente conviven con la sensualidad sosegada y su onírica sensibilidad, cercana a la sinestesia. Su lírica compleja, sus voces cristalinas y su sonido denso y pulido son un envoltorio majestuoso para unas canciones en las que la sensación que prevalece es la del autocontrol de los impulsos, la recreación en el dilema, y la búsqueda de la belleza como en las tragicomedias clásicas. Y todo ello, con la convicción de que, si encuentran un oyente permeable, calará irremediablemente.

Escúchalo en | Spotify, Grooveshark.
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