“Wild Honey” src=”http://img.hipersonica.com/2013/04/Wild-Honey-Big-Flash.jpg» class=”centro” />Hay algo que se debe reconocer a Guillermo Farré antes que nada: Big Flash es un disco delicioso. En el sentido total de la palabra. Ahora podría introducir una suerte de metáforas poco afortunadas sobre los caramelos, el pop, la psicodelia encapsulada en pildorazos de azúcar y el mejor aroma sixties. Pero, aunque ya lo haya hecho, no lo haré. En esta paradoja se esconden tanto las virtudes como los defectos de Big Flash. Se resumen con brevedad, y parece tan fácil que a veces me pregunto por qué no despachamos todas las críticas del mismo modo: si conectas con sus canciones, te enamorará. Si no lo haces, observarás impasible, como un témpano de hielo, un trabajo impecable.

Big Flash: un gran destello blanco

Quizá no sea posible hablar de todos los discos en los mismos términos porque haya muchas líneas que rellenar. O porque no todos los discos resultan tan poco ambiguos en sus intenciones y resultados como Big Flash. Wild Honey ha envuelto en una fantástica portada los parámetros básicos del pop. Parece tan fácil que cuesta creerlo. Resulta tentador recibir con cierto cinismo los arreglos edulcorados de Big Flash. Sus melodías pegadizas. Su feliz melancolía. Un gran destello, bum, flash, un fundido a blanco de doce cortes que resulta cegador a primera vista.

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El blanco también puede ser interpretado como lo neutro. Es el color de la irrelevancia. Y ante él es justo desplegar todos los recursos defensivos que tengamos a nuestro alcance: un escudo, un casco, un yelmo, una cota de malla. El enemigo está en todas partes y nadie especificó que su apariencia hubiera de ser la más fiera y explícita. El enemigo podría estar detrás de esa sonrisa que tanto aprecias. Aquel destello veraniego que tu memoria recupera de tanto en cuanto podría ser una trinchera. El sonido de Big Flash podría ser el zumbido de una granada. Por supuesto que las apariencias engañan: con ese propósito fueron creadas.

¿Es Wild Honey el enemigo? No lo sé. Supongo que depende de cada uno. Al final, lo más sencillo en esta vida es trazar una gran línea que, de manera arbitraria, divida el mundo entre las cosas que merecen la pena y las cosas que no merecen la pena. Es tan simple como Big Flash. ¿Dónde caería Wild Honey? Creo que debería caer en la línea de las cosas que merecen la pena. Quizá su primer disco no, pero desde luego Big Flash sí. El enemigo a un lado, el aliado al otro. Cavando trincheras hasta el fin del mundo. No es lo ideal, pero no hay otro modo de sobrevivir al actual estado de las cosas. Love is fight, siempre lo ha sido.

Esto no es colaboracionismo

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A mí, al final, tras muchas escuchas, Big Flash me ha terminado cayendo en el bando aliado. Y poco a poco me voy convenciendo de que sus canciones pueden servir de punta de lanza contra las potencias centrales. Mi union sacrée particular podría comenzar aquí y ahora. El camino no ha sido fácil porque siempre he tendido a la irrelevancia, a la neutralidad más exquisita. Tiendo a valorar cada disco en su justa medida, y eso es terrible. Me he hartado. Big Flash me ha hartado. He decidido que me sumo a la entente. Hoy Versalles fue una gran idea, y que la Historia diga lo que tenga que decir.

De una idea equivocada ha surgido esta crítica que no lo es tal, porque nada de crítica a Big Flash tienen las líneas escritas más arriba, que no son más que un proceso de idilio inesperado. Afortunadamente Big Flash no es una idea equivocada. Cada vez que repaso sus canciones me parece más y más acertada. Han llamado a la puerta y han abierto brecha. Juntos nos dirigimos a la Francia de Vichy. Yo voy con De Gaulle, ¿con quién vas tú? Quizá vayas con Pétain o quizá vaya yo con Pétain. ¿Pero con qué Pétain, con el de Verdún o con el de la Francia Libre? No lo sé. ¿Dónde has trazado la línea de la que hablamos más arriba? Es importante, sopesa tu respuesta.

Esto no es una nota. Yo he terminado conectando con las canciones de Wild Honey. Creía que las contemplaba como contemplo el neoclasicismo y no, me gustan. Cuando me alejo del disco me olvido de ellas, pero cuando vuelvo a él no quiero salir nunca. Esto no es colaboracionismo. No recuerdo cuando fue la última vez que alguien en Hipersónica puso esta nota. Pero recordad que esto no es una nota, es un chiste interno. Es una falsa equidistancia que esconde lo que verdaderamente pienso de Big Flash: que odio las notas.

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