A Mohorte le pasa que lee demasiado ensayo histórico y corre el riesgo de que se le seque la sesera. De momento va por el paso de ver gigantes y no saber si son molinos o no. Eso es lo que le ocurrió ante Big Flash, segundo disco de Wild Honey, y acabó gritando Pétain:

¿Dónde caería Wild Honey? Creo que debería caer en la línea de las cosas que merecen la pena. Quizá su primer disco no, pero desde luego Big Flash sí. El enemigo a un lado, el aliado al otro

Entre el indie colaboracionista y el que no, Guille Wild Honey parece apostar por el segundo, por más que el enemigo esté en todas partes. Se aparece, por ejemplo, en el sueño de la chica de ‘An Army of Fat Synths’, esos sintetizadores gordos que parecen estar ahí incluso cuando ya te has despertado. Acabarán muriendo, o no: ya veis que en el funeral preparado por José Skaf hay resurrección final.

Qué bien las chispas de Tim Gane asociándose a Wild Honey: ya llega el verano, resucitemos. En Corea del Sur ya lo saben.

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