Es fascinante en muchas ocasiones ver la trayectoria de los grupos clásicos, comprobando cómo algunos hoy en día se arrastran ante nosotros como cadáveres, incapaces de haber sobrevivido a sus obras cumbre o de simplemente sacar discos medio decentes. Cuando uno lleva décadas en la música, es comprensible; duro pero comprensible. En cambio, es mucho más fascinante observar el recorrido de alguno de estos grupos hasta hoy y ver cómo se mantienen en buena forma, confeccionando álbumes bastante buenos. Es aquí donde entran los ingleses Wire, que con Change Becomes Us dan clases de dignidad y madurez. Una vez más.

Wire, esos tipos que llevan treinta años y mantienen la forma como si nada

Trece discos a la espaldas, una trilogía fabulosa y necesaria dentro del (post-) punk en los años setenta, una modélica adecuación a los ochenta, unos noventa algo reguleros y sumidos en la autoproducción desde la pasada década. Wire es uno de esos grupos a los que mirar con respeto, no sólo por esos tres primeros álbumes que dan vértigo, sino por ser referentes en multitud de bandas posteriores habiendo sido un grupo que operó al margen de la locura que desató el punk en Inglaterra y continuó ahondando en el lirismo y los sintetizadores oscuros que el post-punk hizo suyos, siempre con una creatividad y virtuosismo constantes.

El resultado de Change Become Us no es casualidad, ni tampoco sorpresa; ya en Red Barked Three, su doceavo y anterior álbum, demostraron que aunque Wire llevan dando follón desde 1977, no son esa clase de veteranos empeñados en seguir tocando a pesar de que su declive artístico es obvio. Si bien su último disco era un LP sobrio y bastante completo, en el álbum del que hoy hablamos han vuelto a sacar las garras, a profundizar por momentos en esos ambientes neblinosos en los que se hacen fuertes y, sobre todo, también se hinchan a repartir hostias punk consagradas bajo la marca Pink Flag.

La comunión con Wire, uno de los precursores y mejores escultores del punk y su derivado ‘post’, sabe mejor que con las posturas demasiado encorsetadas a las que en ocasiones recurren los nuevos grupos que se atreven con el género. Es obvio que los ingleses parten con ventaja, no tienen que buscar ningún refugio en el que posicionarse, es por eso que este Change Becomes Us sigue funcionando: un trabajo sin presión, autoproducido, sin la necesidad de convencer a nadie o reclutar a nuevos adeptos. Un álbum que sale cuando les apetece y en el que se encuentran a gusto, ya no tienen nada que demostrar, excepto que el motor sigue engrasado para echarse aún varios kilómetros. Ahora, con un guitarrista nuevo.

Change Becomes Us: abrir discos partiéndote la cara

Este nuevo álbum no es ese disco que deberías haber escuchado antes de morir, ni es un vano intento de reproducir exactamente el tridente de los setenta o la notable simbiosis entre la new wave y el post-punk de los ochenta. Es un trabajo sensato, de una banda conocedora de que ya no puede ofrecer una obra a la altura de sus discos indispensables. Sin embargo, en un gran ejercicio de rescate, evoca por momentos todos esos maravillosos pasajes, cimentados con la trayectoria que han venido siguiendo en la pasada década, con un muy aceptable acierto. Change Becomes Us entra machacando como lo hacía el debut del grupo. Vale, las nuevas canciones no son tan perfectas, pero el arranque del disco deja casi sin respiración, justamente como hacía Pink Flag.

Abrir con el descaro de ‘Doubles & Trebles’ (punteo muy ‘Frances Farmer Will Have Her Revenge On Seattle’ de Nirvana) es para poner la otra mejilla y estar de enhorabuena por la furia con la que vuelven a rugir. Recuperan esa garra tan Pink Flag que deja sin aliento. Por supuesto, sería un espejismo si no fuese porque al primer corte le siguen otros tan buenos como ‘Keep Exhaling’ y ‘Adore Your Island’. En el primero Wire ofrecen su santo grial post-punk, esa batería sincronizada y en armonía con el bajo, creando un ambiente pantanoso y un ritmo muy similar (casi se podría decir que se trata de un refrito) al de la perfecta I Should Have Known Better (encargada de abrir 154); en el segundo de nuevo sacan el músculo para enseñar esa enjundia punk que también está en el post-punk y de la que hemos hablado varias veces recientemente en Hipersónica.

Por todas estas características resulta maravilloso comprobar cómo un grupo con más de treinta años a las espaldas es capaz de mantenerse en tan buena forma. Aunque no sorprende con Wire, que son bastante eclécticos y salvo algún desliz, han sabido aclimatarse sin problemas a las diferentes épocas. Pero siempre con su sello personal. A lo largo del LP, después de bajar al ambiente opresivo y golpear, vuelven a soltar un gancho directo a la cara con ‘Stealth Of A Stork’. Lo puedes notar en tu nuca, una banda de viejunos veteranos dándole al punk de tomo y lomo como lo hubieran hecho en los setenta, exigiendo que te doblegues ante ellos.

Así no hay quien se retire

Por otra parte, ese eclecticismo también está patente en el interior del propio trabajo, ya que las sacudidas sonoras y la exhibición de veloces pedales, que ojalá fueran la mayoría en el disco, se encuentra el ambiente subterráneo de Wire mediante cortes como ‘Magic Bullet’ y el rescate al sonido entre oscuro y newavero de los ochenta en ‘Love Bends’. Para finalizar, la embestida de ‘Attractive Space’. Buena a falta de un Reuters. Pero mejor así, tampoco vayamos a exigir que intenten reconstruir una obra magna que les pueda inducir a despropósito.

Wire no se reinventan, pero recogen lo mejor que han dado en los últimos años y se pegan un sobrevuelo bastante explícito por su época de oro. Compositivamente ya han dado lo mejor de sí, pero aún tienen mucho de qué hablar y enseñar por derecho. Porque no son ese viejo senil que en antaño fue alguien y ahora no para de incordiar, incapaz de ver que es un estorbo. Change Becomes Us demuestra que Wire no son un fósil al rico carbono 14, y que la veteranía, más que un grado, a veces es una garantía. La integridad siempre ha sobrevivido a sus continuas separaciones y respectivos regresos a los escenarios.

7.8/10

Hagamos un leve repaso: arrancan el disco con napalm entrando en un proceso de combustión espontánea, entre estas sacudidas y pedaleras punk hay tiempo para el ambiente denso y también para camelar algún acorde de su época new wave. Joder, Wire, de qué vais; dejad de sonrojar a los nuevos grupos cortavenistas.

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