Wooden Shjips — Back to Land: coqueteando con…

El nombre coquetear siempre me ha llamado la atención cuando viene acompañado del apellido ‘las drogas’. Diréis algunos, ‘ahora el pesado de Cronopio se pondrá a hablarnos de batallitas de juventud, de porros y birras’. Y puede que por ello me resguarde de hacer apología o de reconocer algunos deslices del pasado, que supongo todos tendremos que tapar más de uno. Quizás alguno de vosotros haya coqueteado más que yo, y puede que otros lo hayan hecho menos. Eso sí, debo advertiros: coquetear no se trata de ir más lejos, de pasar de una fase a la siguiente a la velocidad de la luz. No.

Coquetear es tomarse con calma el primer acercamiento, derribar el muro que el temor pone ante nuestros ojos y disfrutar de ese proceso, de dar el primer paso en dirección a lo desconocido. Coquetear es estar preparado para recibir la primera hostia, y la segunda, a sabiendas de que una vez asimiladas el placer de lo material e inmaterial nos está esperando. Coquetear es aprender a ser rechazado y a disfrutar cuando eres aceptado, es sentir hervir tu sangre y perder el conocimiento mientras tu mente viaja a otro lugar. Coquetear es reponerse de ello y prepararse para la siguiente embestida. La necesidad que nos obliga a caer una y otra vez en tan placentero error no es coquetear, pues coquetear es no perder nunca el control. Hubo un tiempo en que coqueteé con el famoso apellido del nombre Coquetear. Ahora coqueteo con Wooden Shjips.

Confieso que he coqueteado con Wooden Shjips

Y diréis: ¡qué aburrido te has vuelto Cronopio! Y probablemente Probertoj aplauda hasta que le duelan las manos. Y todas las palabras que pueda decir a partir de ahora se las llevará el viento, o las ignoraréis impunemente. Es probable. Supongo, todo ello se deberá a que no conocéis a Wooden Shjips y no sabéis que, coquetear con ellos, es uno de los pocos placeres legales que quedan en la vida. Tengo dudas al respecto de que sea un placer sano pero tranquilos, que yo controlo.

Mi hermano Mohorte os dice que la vida son diez minutos y debéis vivirla a tope. A veces estoy de acuerdo con él pero son pocas, mi alma viejoven me obliga a tomármelo con calma, a medir mis movimientos y a aprender a apreciar el placer de lo que se alarga en el tiempo, de la tranquilidad de la rutina y de las mínimas alegrías que nos da lo inesperado, por mucho que perturbe la calma vital que busco. Joder, qué aburrido sueno, ¿verdad? Eso es porque no conocéis a Wooden Shjips y no sabéis que, coquetear con ellos, es uno de los pocos placeres legales que quedan en la vida.

La vida pueden ser o diez minutos o una eternidad, todo depende como te la tomes. Algunos prefieren que la misma pase en un abrir y cerrar de ojos, ni siquiera intentando entender el por qué de la futilidad y la inutilidad de buscar trascender. Yo prefiero tomármela con calma. Pasear siguiendo un riff que se repite de forma cíclica desde que abro los ojos hasta que los cierro. Más acelerado a veces. Muy lento casi siempre. Un riff que define una existencia, un riff que compone toda una banda sonora. Un riff sobre el que gravita todo. Un riff que Wooden Shjips llevan tocando toda una vida pero que funciona tan bien como el primer día.

El riff marca el camino

Y es que el riff es la base, es el camino. Pero a veces disfruto saliéndome de él y cometiendo temeridades como admirar el paisaje, cantar un estribillo o hasta volver atrás en el tiempo, no sea que el riff haya cambiado y su estructura mareante me haya distraído. El hammond es un inseparable compañero y nunca se sale de lo que el riff marca. Más rápido a veces, otras mucho más lento. Siempre parece sonar de la misma manera. Se empeña en marearme tal y como hace el riff. Es lógico. Son la personalización de una misma cosa y Wooden Shjips lo saben. Pero tranquilos, que yo controlo.

Sports, Concerts, and Theater Tickets | ScoreBig.com

Evidentemente el tempo lento que el riff y el hammond llevan me permite mirar adelante y mirar al pasado. Mirar adelante es divertido, aventurarse sobre qué nos deparará el camino da pie a hablar sobre un montón de cosas, todas ellas pueriles y fútiles, sobre todo cuando la vida es un riff que se repite desde que abres los ojos hasta que los cierras. Más interesante es viajar al pasado y rebuscar entre discos de The Doors, Soft Machine y, como no, The Velvet Underground. El riff y el hammond nos lo permiten, Wooden Shjips nos invitan con su melodía. Robada a Ray Manzarek casi siempre, pero con pinceladas de Kevin Ayers.

8/10

Podría deciros que coquetear con Wooden Shjips es coquetear con el final de los 60. Es probar ácido por primera vez o dar la primera calada. Es esa repetición mareante que se mimetiza dentro de la psicodelia primaria de San Francisco. Vestida de Space Rock y utilizando sus riffs interminables como sustancia psicotrópica. Es probablemente por eso por lo que coqueteo con Wooden Shjips. Porque me permiten hacerlo despacio, disfrutando cada momento y manteniendo siempre el control. Son la sustancia ideal para aquel que no quiere correr riesgos, para aquel que quiere saber siempre qué es lo que se va a encontrar. A muchos os parecerá aburrido pero, supongo, es que no habéis entendido aún que significa el verbo coquetear. Ya no lo hago seguido de su apellido pero tranquilos, que yo controlo.

Más en Hipersonica | Lumerians — The High Frontier: dejando los excesos para otros | Hookworms — Pearl Mystic: un feretro de rock’n’roll drogota y circular para Jason Pierce

Anuncios