No es ningún secreto: Hipersónica adora a Woods. Durante los últimos cinco años la suya ha sido una de las trayectorias más prolíficas y acertadas de toda la nueva escena garagera estadounidense. Se da la paradoja que, si bien podrían pasar por un emblema de la misma, ellos descansan al otro lado del país, en Nueva York, lejos de San Francisco y de la agresividad juvenil que impulsa a todos los fantásticos grupos que salen de allí. Woods se sitúan en las mismas coordenadas, pero juegan a otra cosa. En sus discos, todos ellos notables y alguno sobresaliente, no hay espacio para la urgencia o la velocidad. No es que toquen lento: es que las drogas que ellos toman no son anfetamínicas, sino ácidas. Su euforia es ácida y, por ende, la nuestra también.

Woods empapados en casetes

Jeremy Earl es el hombre. Tras él se esconde todo lo que merece la pena de Woods y de Woodsist, la discográfica por la que año tras año se publican algunos de los discos más memorables del año. White Fence, Thee Oh Sees, Crystal Stilts, Vivian Girls, The Woolen Men. Han pasado todos o casi todos los nombres importantes de California y, por supuesto, la mayor parte de discos de Woods. El último fue Bend Beyond, un antídoto definitivo contra sordos entre cuyos tímpanos no se atisba amor. Antes ha habido más, muchos más: los discos de Woods se remontan al 2003 y prácticamente desde entonces el grupo ha publicado uno por año. El estallido llegó hace cuatro años, cuando su Songs of Shame se desprendió de las coordenadas más amateur y recibió toda clase de parabienes en la crítica norteamericana. El lo-fi sublimado; la psicodelia sesentera tenía otra vez quien le escribiera.

Hasta entonces Woods había sido un grupo errático. Earl se perdía en tránsitos que rozaban el krautrock, frivolidades experimentales y la devoción por el sonido más casero y sucio que se pueda imaginar. El casete es el terreno de Woods porque así lo quiso Earl, y durante sus primeros años pareció que aquel formato sonoro les encorsetaba tanto como les dotaba de sentido y originalidad. A partir de 2009, todos los pasos de Woods han ido encaminados hacia la mayor pureza sonora. En Bend Beyond ya no quedaba nada del lo-fi o de las grabaciones caseras. Las canciones comenzaron a crecer y a crecer y Woods parecieron entonces más que nunca un grupo grande.

A priori resulta improbable que Woods decidan deshacer sus pasos e instalarse de nuevo en la maravillosa complicidad de Songs of Shame. Bend Beyond podría ser el punto de no retorno: de Donovan a Neil Young. La transición se fraguó entre At Echo Lake y Sun & Shade. El primero es un disco canónico, una obra maestra de la psicodelia contemporánea. El segundo no alcanza cotas tan altas, pero alberga un puñado de canciones abrumadoras. Felices y henchidas de ácido, las composiciones de Woods se encuentran en el punto exacto que divide la alegría eufórica de la dulce melancolía. En función de como se miren, podrían decir una cosa o la contraria. Pero siempre relucen. Mirar sus discos es como mirar al sol y no quedarse ciego [copyright de probertoj].

El concierto de Woods en el Primavera Sound

Si queréis verles no hay demasiados problemas. La hora no es la que más les conviene, pero da un poco igual porque ninguna hora conviene a Woods en un gran festival. No obstante, las 19.15 del jueves parece un lugar adecuado. Primer día grande y pocos solapamientos, aunque uno especialmente doloroso. Mientras Woods tocan en el escenario Vice, White Fence, compañero de aventuras en Woodsist y en el folk casero y psicodélico, hará lo propio en el escenario ATP. Si teníais en mente compaginar ambos conciertos, olvidaos: son dos de los escenarios más lejanos entre sí de todo el festival. Woods, eso sí, tocarán en el escenario más pequeño y recogido del Parc del Fórum, el Vice, justo enfrente del mar. La localización no podía ser más idónea.

Además de la localización, la nota positiva es el día. Jueves, primera hora, ideal para acudir a ellos sin saturación. Para eso ya hay otros grupos. Si no os convencen ninguna de las dos propuestas citadas previamente, a la misma hora del mismo día podréis encontrar a Neko Case (19:20, escenario Primavera) y a Savages (19:30, escenario Pitchfork, al lado del Vice).

Woods y sus directos

Como tantos otros grupos a lo largo de la historia, Woods también creen que su directo es algo especial y diferente. Si es así o no lo podremos descubrir en el Primavera Sound de este mismo año. De hecho, como Earl había apuntado en alguna ocasión, Bend Beyond tiene algo que ver con la intención del grupo de captar la experiencia psicodélica de sus conciertos. No sé hasta qué punto el sonido casero de Woods casa bien con grandes audiencias y un anfiteatro lleno de gente. Woods funcionan en las distancias cortas del auricular y, sobre todo, funcionan en primavera y en verano. Ventanas bajadas, carretera por delante, el volumen hasta arriba: Woods son una celebración constante de la vida, pero de la vida propia y de ninguno más. Es un grupo casi privado, que no tiene nada de masivo ni de experiencia colectiva. Woods no son rock.

Y sin embargo, allá que se lanza Jeremy Earl. El concierto de Woods será interesante por dos motivos: el primero, ver hasta dónde son capaces de estirar el pasaje instrumental de ‘Bend Beyond’, de largo uno de los mejores momentos musicales del año pasado; el segundo, comprobar si son capaces o no de trasladar toda la riqueza sonora de At Echo Lake en el escenario. Su mejor disco está plagado de ruidos, efectos y sonidos ambientales. ¿Cómo podría encajar el universo Woods en un festival como el Primavera? El reto es tan sugerente y el resultado podría ser tan glorioso que se hace indispensable acudir a su concierto. Además, Woods no son especialmente pródigos en sus giras por España. Yo, de hecho, no recuerdo ninguna previamente. ¿Cuántas oportunidades más tendremos para saber si los Woods del directo son tan buenos y esenciales como los Woods del estudio?

El disco a escuchar: At Echo Lake

“No conozco a Woods y me gustaría saber por dónde empezar”. El punto de partida podría ser At Echo Lake. Para mí es sin ningún tipo de duda su mejor disco, y uno de los mejores que deparó 2010. Woods estaban en plena cima compositiva. Es el disco que representa con mayor cúmulo de detalles el amor por las cosas pequeñas de Jeremy Earl: desde el garage hasta el folk, pasando por la psicodelia sesentera. Pero también por las cintas de casete mediante las que él y otros miembros del grupo salían a la calle cada amanecer para grabar el cantar de los pájaros o un arroyo de agua. Woods siempre fueron un grupo especial, pero toda su magia queda estrictamente resumida en esta obra que, como ya la definimos una vez, roza lo feérico.

De las hadas y de los bosques tiene mucho que ver At Echo Lake. Desde los arrebatos eléctricos de ‘Blood Dries Darker’ hasta el freak-folk de ‘Deep’. La psicodelia inquieta de ‘Death Rattles’ o el surf veraniego de ‘Suffering Reason’ son aún hoy algunos de los momentos más álgidos que cualquier grupo de los últimos años ha alcanzado nunca. Woods labraron en At Echo Lake el trabajo de pop artesanal definitivo, el que tantos han pasado buscando durante tanto tiempo en otros discos (ejem, Band of Horses) mientras pasaban por alto de ‘Mornin’ Time’ o ‘Pick Up’. Si hay algún disco en el que inspirarse antes de su concierto ese debería ser este, la culminación ideal a su progreso lo-fi pero también su lanzadera hacia la evolución, el pop, el rock y Neil Young.

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