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WOS Inc: larga vida

Dejadme que empiece contando lo que puede parecer una chorrada, pero a lo tonto se convirtió, desde mi punto de vista, en lo mejor del WosInc en su primera edición: ¡qué gozada lo de ir a un concierto y encontrarte con que todo el mundo alrededor ha ido a ver un concierto!. Ni a hablar sobre los cuernos de la colega, ni a gritar que toquen una que ni es de ese grupo, ni hostias. Qué gozada no encontrarse (casi) con P.l. durante todo el festival.

Viernes 12

En lo puramente musical, la obligaciones laborales no permitieron presentarse antes de que el concierto de la Orquesta Metamovida (14 personas en el escenario, con miembros de Guerrera y Unicornibot) estuviese casi llegando a su fin. Escasos minutos que parecían hacer ver que un teatro no es precisamente el ambiente más adecuado para disfrutar de una propuesta que, desde una aparente improvisación, consiga sonar tan empastada. El primer concierto íntegro fue el de Spindrift, en el tejado de la Fundación Granell. Lugar que, por sí solo, ya hace que el concierto vaya a merecer la pena. Spindrift consiguieron armar un concierto muy valioso, llevarnos a Nuevo México (ellos, que son de L.A.) y, con miembros de varias bandas, como The Brian Jonestown Massacre, apostar por un rock psicodélico que serviría perfectamente para musicar un episodio bien intenso de Breaking Bad, de la mano de temas como ‘Speak to the Wind’.

La Sala Capitol albergó los platos fuertes de la segunda jornada, empezando por Guerrera. Todo energía, los muy animales. Cuando el concierto, que discurrió principalmente repasando Mauna Loa, su segundo disco, amenazaba con convertirse en una masa de ruido algo plano, llegaba siempre el preciso cuchillo para romper el amago de monotonía. Un aperitivo fantástico, en el que ellos y la no poca fauna forofa de la banda se quedaron con ganas de más.

Guerrera

Pero llegaba el turno de A Place to Bury Strangers, los cabeza de cartel. Y mostraron el porqué. Madre mía. Por poner un pero, a esto de la distorsión en directo habría que ponerle un tope… pero por ponerle un pero. Se les ve tranquilos fuera del escenario, pero en cuanto se enfundan la guitarra, eso se convierte en el infierno. Medio concierto brillante, en el escenario, otro medio, montándolo todo en dos metros cuadrados entre un público que montaba un pogo enorme cuyo epicentro eran ellos. El inconveniente de montártelo así es que tardas tus cinco minutos en llevarlo todo hasta abajo. Si estás a su lado (como el imbécil de los bigotes -sabes quién eres y podría identificarte como miembro de cierta banda, pero dejemos el agua correr-, al que la noche se le estaba haciendo excesivamente larga), se te pasan volando, si no los ves entre la marabunta, te entra el sueño.

No sé si exactamente a la altura, pero casi, estuvieron Unicornibot. Lo de jugar en casa siempre es un factor a favor, pero los pontevedreses hicieron todo lo necesario y más para exprimir las pocas gotas de sudor restantes entre la gente que llenaba la sala. Las fuerzas llegaban muy justas al final de la primera jornada.

Sábado 13

Empezamos la jornada con una apuesta bien tranquila, en la Igrexa da Universidade. La francesa Colleen (residente en Donosti), afrontó con su viola, unos pedales y un bombo testimonial un concierto que resultó absolutamente adorable, incluso desde la imperfección propia del recital que cuenta con más fallos de los habituales. Se agradeció la pausa de un concierto que continuó con un Wooden Wand muy inspirado, a pesar del austero formato de hombre y guitarra. Uno de los ojitos derechos de Michael Gira, con quien llegó a grabar un álbum, y que agradeció a Galicia, tras entonar temas como ‘Overpass’, ‘Remember Me the Stone’ o ‘Supermoon’, lo buenas que eran sus drogas y un queso que, en realidad, es asturiano.

Justo después, también en la Granell: Chicharrón. Los gallegos, nacidos tras la disolución de bandas como Franc3s o Telephone Rouges. Directo fantástico, sin más, haciendo valer su más que notable debut homónimo y dejando en el tintero que lo suyo es una apuesta a tener muy en cuenta.

Afrontando lo gordo de la programación de un sábado cargado de stoner rock y psicodelia (en realidad, las dos etiquetas que coparon un amplísimo porcentaje del cartel) abrían la Sala Capitol White Hills, con su reciente Glitter Glamour Atrocity. El suyo no fue un concierto a recordar. Si tienes 40 minutos escasos para tocar, no dediques la mitad a intros, a posturitas y a caras de “qué intenso soy”, pasas por alto que tu discurso de presentación debe ser otro. Menos especulativo.

Con pocas historias se anduvieron Red Fang. Seguramente, el concierto más celebrado de todo el festival, incluso para aquellos que poco sabíamos sobre la existencia de los de Portland ni de su último disco, Whales and Leeches. Cuando antes hablábamos del stoner rock que se dejó caer durante el fin de semana, hablábamos, en realidad, de Red Fang, que convirtió la sala en un pogo multitudinario y continuo, recibiendo lo que merecían recibir, un agradecimiento absoluto. Autocolleja por no haberlos conocido hasta ahora, y juramento de estudiártelos bien para el examen a partir de ya.

Final de jornada con Cave (en realidad la jornada seguía, pero las fuerzas ya no). Pocas dudas había de que estarían a la altura, los de Chicago, a los que Work on Sunday ya habían apadrinado como promotora hace un par de años. Tras tantas horas de música durante esa jornada, lo único que cabía esperar era si una apuesta tan poco convencional como la suya podría funcionar ya de madrugada. Pero se resolvieron pronto. Cortes como ‘Shikaakwa’ hicieron bailar incluso a los lesionados tras los pogos de Red Fang.

Domingo 14

Al séptimo día tocaba descansar. Tan sólo una doble apuesta de nuevo por el rock psicodélico (cabría esperar más variedad en futuras ediciones) de la mano de Celestial Bums, grupo barcelonés a seguir, con disco homónimo y Ep en el mercado, que trazó largas canciones con múltiples cambios de registros, en los que guitarras y teclados llevaron la voz cantante. Cerraron el festival The Cosmic Dead, de los que todavía os hablábamos ayer. Su concierto, al igual que su versión en estudio, fue realmente brillante. Easterfaust fue protagonista absoluto del setlist, con la psicodelia de nuevo presente, casi tatuada en el espíritu del festival. Un nuevo festival que nace en la capital gallega. Esperemos que, este sí, goce de larga vida.

*Foto portada: A Place to Bury Strangers — Mattias Monster Kid
**Fotos Guerrera y Red Fang — David Tombilla

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