“Wye Oak” src=”http://img.hipersonica.com/2012/10/WyeOak.jpg» class=”centro” />

¿Y qué no lo es? En la música, muchas veces la Fortuna, con mayúscula, te lleva de la mano por sendas que no habrías habitado de manera consciente. Eso es lo que piensan Wye Oak, uno de esos grupos que pasan desapercibidos para la mayoría y se convierten en brillantes referentes para unos cuantos. Mezcla de americana, dream pop, folk y noise, los de Baltimore llevan tres discos a sus espaldas, y un cúmulo de historias, golpes y deslices vitales envidiable.

Ausencia de intenciones

Wye Oak, como muchas otras bandas formadas por dos colegas que se lo pasan bien narrando desventuras y pintando paisajes emocionales a base de guitarras de segunda mano y estudios improvisados en el ático de la casa parental, publicaron su primer disco, If Children, bajo el seudónimo de Monarch. Aunque publicar quizá sea magnificar las cosas. Digamos que lo subieron a la red, se lo pasaron a unos cuantos blogs locales y esperaron a que alguien les hiciera caso. Y si no, tampoco era el fin del mundo.

Quizá en otra ciudad, el dúo habría pasado tan desapercibido que hubiera sido descorazonador para ellos. Pero Baltimore es un núcleo creativo brutal, y la comunidad de la ciudad ofrece un apoyo importante a todos los que quieran echarle ganas al asunto. Aunque de ahí a vivir de la música hay un abismo, como en todos los campos del arte que no son primera plana.

https://www.youtube.com/embed/f5K9uIlWySQ

Vídeo | Wye Oak — Regret (Youtube)

En If Children, Andy Stack todavía interpretaba como cantante algunas de las canciones, como este sensacional ‘Regret’, fresquísimo, y que representa a la perfección el estilo de esta primera incursión, una amalgama de canciones quizá sin demasiada cohesión entre sí pero que de forma independiente te dan una idea bastante clara de por dónde iban a discurrir las cosas en el futuro. Si es que lo había.

Desde el rock y el garage de los primeros años de instituto en los que se formó Wye Oak hasta el folk de tinte indie que finalmente se ha establecido como mascarón de proa de la banda hay un salto abismal. Un salto dado a base de buscar un espectro cómodo donde contar sus metáforas, símiles y paradojas variadas. Todas con una relación intrínseca potente con sus compositores.

Para ser sincera, ya no siento nada cuando toco estas canciones. No es a posta, es inevitable, es raro. Es raro tener algo que sabes que está tan unido a ti y a tu cerebro y a tu estado emocional de un momento, y literalmente no sentir nada. Puedo tocarlo, puedo hacértelo llegar, lo vivo en el momento, pero ya no siento lo mismo que cuando lo hice, ni quiero sentirlo; sería horrible tener que pasar por algo así cada noche de mi vida.

Wye Oak son una banda de carretera, de local mal ventilado y de escenario diminuto donde prácticamente caben ellos dos y poco más. Se han pateado infinidad de espacios, muchos con el título de teloneros a cuestas, pero es interesante lo que afirma Jenn Wasner, la voz principal, en esa entrevista, y da una idea muy clara de cómo algo tan potente que te lleva a escribir sobre ello termina diluyéndose con el tiempo. Lo que a mí me hace preguntarme si realmente es capaz de hacer que llegue a la gente sin vivirlo, aunque sea mínimamente.

La intimidad, el cara a cara

Basta escuchar uno sólo de sus temas para entender que este dúo no quiera seguir probando las mieles del circuito comercial más amplio a la hora de girar. Los grandes espacios hacen desmerecer su lírica ácida, desatada y empática a más no poder, y tras haber tocado en varios lugares de gran entrada, Wye Oak tienen claro que no lucen lo mismo que en sus queridos locales de barrio.

Probablemente sea la primera vez que digo esto en una entrevista, pero después de este año, creo que mis expectativas sobre lo que quiero que sea esta banda son muy, muy diferentes, porque por primera vez, hemos visto de qué va ir de gira a gran escala en arenas más comerciales y no creo que sea algo que queramos.

The Knot (2009), su segundo álbum, deja muy claro que un grupo así es difícil que triunfe delante de decenas de miles de personas. Lo suyo son las luces tenues, las voces soterradas, la tranquilidad y confianza de un público a menos de un metro de distancia, el tú a tú.

https://www.youtube.com/embed/FQKvaEJsT1A

Vídeo | Wye Oak — Milk and Honey/Take It In/Talking About Money (Youtube)

Como toda buena banda, en directo son muchísimo mejores que en disco. Sobre todo la voz de Jenn, que pierde calidez a través del estudio, se desenvuelve en todo su esplendor delante de la audiencia. The Knot contiene estos tres temas, que ganan sencillez en el directo, pero que en el estudio acumulan capas y capas de experimentación por parte de los dos a todos los niveles posibles. Pérdida, inconstancia y sobre todo, cercanía a la hora de hablar de los temas comunes a cualquiera que se haya visto inmerso en los despropósitos de las relaciones personales.

Civilian, la meta

Sólo encuentro una excepción a la idea de la ganancia del directo, y es con el single de su último disco al que también le da título y que se erige como pilar central de todo su trabajo, ‘Civilian’. En el acústico que ofrecen en directo de este tema se ganan enteros en la voz de Jenn, pero se pierde la fuerza descomunal que tiene el instrumental a partir de la segunda estrofa, y que es verdaderamente espectacular.

https://www.youtube.com/embed/Mssm8Ml5sOo

Vídeo | Wye Oak — Civilian (Youtube)

Civilian los ha colocado en el vértice del éxito, en el salto a las grandes ligas, o al menos, a esa cómoda y rentable segunda división en la que se suelen colocar estos grupos. A más de uno os sonará este tema, si sois fans de ‘The Walking Dead’, y su incorporación a la escena en la que aparece me resulta uno de los mejores momentos de toda la serie; sencillamente espectacular.

Los ojos de la crítica se volvieron hacia Wye Oak en 2011, cuando este álbum salió a la venta, y los ensalzaron como ya les venía correspondiendo desde dos años atrás. Civilian es un disco de volúmenes, de altos volúmenes, de subir hasta que la distorsión haga mella y el vecino golpee la pared insistentemente. Es un cúmulo de momentos potentes, de situaciones cercanas al grito ahogado y de elucubraciones nocturnas, todo sazonado con una capa más próxima al rock — dentro de unos límites, por supuesto — y más peleona que en ediciones anteriores. Un discazo.

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