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Wymond Miles — Cut Yourself Free

El primer y maravilloso disco de Wymond Miles, Under The Pale Moon (2012, Sacred Bones Records), navegaba entre aguas suntuosas con caparazón de cristal. Las guitarras acústicas que no querían sonar como tal le sentaban como un guante a la propuesta intimista y oscura de Miles, que en diez canciones cuadraba la belleza luminosa del Pop y los traumas introspectivos de géneros como el Post-punk o el Neofolk. Under The Pale Moon era un disco tan frágil que sólo podía resultar un enorme acierto o un fracaso sonado. Tan difícil equilibrio parece desvanecido un año después en Cut Yourself Free (2013, Sacred Bones Records), el segundo trabajo de Miles en solitario. Donde una vez hubo fogonazos de talento puro, ahora sólo encuentro lugares comunes y un aire viciado y aburrido que lo estropea todo. Cut Yourself Free es el fruto del empacho de ingredientes que hacían de Under The Pale Moon tan especial.

A Wymond Miles le podíamos reprochar un montón de cosas: el deje Bowie, el tono The Cure, las guitarras de Echo and The Bunnymen. Under The Pale Moon se sobreponía a todas estas cosas porque Miles se volcaba en el disco: las canciones tenían un pulso emocional que, por momentos, hacía pensar en Funeral. Cut Yourself Free adolece los mismos defectos, solo que Miles ahora parece mucho menos sincero. Los sintetizadores han apagado la llama sentimental que ardía bajo canciones como ‘Pale Moon’ o ‘Badlands’. Ahora, cuando comienza el rasgueo constante de ‘The Ascension’, sólo puedo pensar en Placebo. Y Placebo están bien para un rato, pero es horroroso que Miles ahora me recuerde a ellos. Tampoco hay mucha comparación posible con la primera canción de Cut Yourself Free y la que abría Under The Pale Moon: ‘Strange Desire’ era una joya repleta de sensualidad. ‘The Ascension’ trata de ser una progresión apoteósica que, sencillamente, no da para tanto.

¿Era necesario más Post-punk?

Wymond Miles es el guitarrista de The Fresh & Onlys, un grupo que es la alegría de la vida cada vez que saca disco. El año pasado se pasaron al Jangle Pop y dejaron de lado el Garage soleado y feliz de sus anteriores entregas. Fue extraño: Miles en solitario cuadró mucho mejor el espíritu de Long Slow Dance que dentro de The Fresh & Onlys. Pues bien, todo aquello se ha perdido: Cut Yourself Free es un disco muy inferior a Long Slow Dance. Tanto que dan ganas de solicitarle a Miles que se vuelque en cuerpo y alma en The Fresh & Onlys. A Miles ahora no le sale ser melódico, sino fiero, y las guitarras ahogadas de ‘Passion Plays’ o los sintetizadores cargantes de ‘Night Drives’ le desnudan. Cut Yourself Free exalta todos los defectos de Miles y apaga sus virtudes. ¿Quién necesitaba recuperar un Post-punk plomizo, rozando el AOR, a estas alturas de siglo, de humanidad? Miles lo reinventaba muy bien y ahora apuntala el montón de mediocridad que produce en el género.

4.3/10

Tanto que entran ganas de darle la razón a Black Gallego: el Post-punk del siglo XXI da para un disco, después no merece la pena. Es algo injusto decir esto de Miles, porque Under The Pale Moon no era Post-punk puro y duro, sino algo más hermoso y matizable. De hecho, Miles suena más brillante que nunca cuando se escapa del cliché que se ha autoimpuesto en Cut Yourself Free. Es probable que ‘Bronze Patina’, un breve interludio acústico donde drones y sintetizadores saturan el fondo, sea el momento más inspirado del disco. Todo vuelve a su sitio, infeliz lugar, cuando Miles se traviste de bardo gótico y entona una balada, ‘Vacant Eyes’. Y quizá ese tono no le siente tan mal: ‘Anniversay Song’, su continuación, es mucho peor. Cut Yourself Free lo intenta con ardor pero nunca lo consigue. Es un disco que comienza torcido y que no remonta en ningún momento. Y es una pena, porque Wymond Miles ha dado la razón a quienes despreciaron Under The Pale Moon.

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