Y, por casualidad, descubrí a El Perro del Mar

Seguro que os ha pasado alguna vez: leéis el nombre de un grupo por ahí, y os llama tanto la atención por lo esperpéntico que suena, que os decidís a escucharlo sin tener ni idea de qué tipo de música puede crear. Y algunas veces, por suerte no muchas, resulta que con ello descubres a una banda que termina encantándote, que se mete a codazos en tu día a día y no deja espacio para que escuches otra cosa. Y eso es lo que me ha pasado a mí con El Perro del Mar.

Pero antes de seguir, contextualicemos un poco. A pesar de su nombre, El Perro del Mar no es una banda española, o de cualquier otro país hispanohablante, sino sueca. Y para ser más preciso aún, no se trata de una banda, sino de un proyecto en solitario de la cantante Sarah Assbring, quien escribe y pone su sedosa voz a canciones de pop minimalistas, con letras de una alta carga emotiva y una fuerte esencia lo-fi que lo impregna todo.

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¿Qué tendrá el lo-fi, que hasta a los ingenieros de sonido nos chifla? No lo sé, pero desde hace días, todo el tiempo que estoy delante de un ordenador lo paso con su MySpace abierto, ya que en él tiene colgado al completo su último álbum, From the Valley to the Stars , una delicada creación sonora en la que ya me detendré más adelante, pero que os aconsejo escuchar desde ya. Se le está dando mucha caña por lineal y aburrido, pero a mí me ha encantado.

Las melodías que entona Sarah respiran nostalgia por la mitad del siglo pasado, enamoran desde el primer contacto, y hacen que todo lo que estemos realizando mientras las escuchamos resulte un poco más amable, un poco más mágico. La poesía condensada en notas por esta rubia que parece haber viajado por el túnel del tiempo, desde los años 50 hasta hoy, está hecha para escucharse sin mirar nada más en ella que los sentimientos que consigue despertar.

Parad unos minutos, escuchadla, y decidme qué os parece.

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