Antes, mucho antes, de los Ken Ishii, DJ Krush, Montage o Takkyu Ishino, estaba la Yellow Magic Orchestra, la respuesta oriental a Kraftwerk. Los teutones cerebrales, marciales, hombres-máquina. Los japoneses rítmicos, ambientales, expansivos, punks electrónicos en definitiva.

Todavía no me acabo de creer que ayer estuve en un concierto de la YMO, unos héroes para aquellos que pasan de los cuarenta y que vivieron en directo la carrera de la formación nipona. ¿Cómo lo hubiera gustado estar en el Teatro de la Laboral al recordado Toño Muñiz?

Leyendo lo que publicaban hoy los periódicos regionales, escrito horas antes de la actuación, no deja de asombrarme cómo se pueden publicar esas crónicas de ambiente que parecen estar redactadas desde el desconocimiento absoluto de los grupos. Y además con múltiples imprecisiones, errores de bulto y divagaciones que con lo único que cumplen es con llenar un espacio en la página de la sección de Cultura y Espectáculos. El papel todo lo aguanta, pero no es cierto, eso es desinformación.

En fin, que era el único concierto en España del trío y que el enclave no les podía encajar aún más, el remozadísimo escenario del LabTeatro, un edificio histórico donde estos pioneros del electro-pop asiático se sintieron como gato panza arriba. No se llenó la platea pero tampoco hubo huecos tan evidentes como para certificar que la convocatoria fue un fracaso. Dejémoslo pues en tablas.

Ahora bien, ¿fue un concierto de YMO o de HASYMO lo que tuvimos en Gijón? A decir verdad y analizando el repertorio que nos prepararon nos decantamos por el de los segundos, un proyecto que Ryuichi Sakamoto formó con sus dos antiguos compañeros bautizado con los acrónimos de Human Audio Sponge y Yellow Magic Orchestra. No hay más que mirar el reciente DVD de HASYMO para verificar que el listado de temas coincide casi al completo con lo que YMO nos ofrecieron ayer.

Nomenclaturas aparte, lo que pudimos contemplar fue un extraordinario espectáculo visual y auditivo, no tan increíble como el que ofrece Kraftwerk, véase Minimum-Maximum, pero con una calidad fuera de duda. Haruomi Hosono, Yukihiro Takahashi y Ryuichi Sakamoto no viven de las rentas del pasado. Eso quedó claro con los únicos dos temas que hicieron de sus grandes éxitos.

De UC YMO: Ultimate Collection of Yellow Magic Orchestra, una edición japonesa de 2003, hubo únicamente dos temas: ‘Ongaku, publicado originalmente en Naughty Boys (1983), un corte que me sonó muy brasileño, casi techno-bossa, y ‘Cue’, en el segundo bis, una delicada balada de BGM (1983) arropada con líneas de electrónica y el euphonium.

El resto del repertorio, fueron dieciséis temas, dos menos que en el concierto del pasado lunes en el Meltdown Festival londinense, y lo integraron composiciones que ha venido tocando en los últimos años con uno u otro nombre el trío nipón. Por cierto, en esa hora y media de recital no hubo ni un hola, ni un gracias, ni un adiós, ni una palabra de empatía con el público. Tan sólo una sonrisa esbozada tímidamente al final del recital por los tres y sus otros tres acompañantes: Ren Takada (electrónica, pedal steel y mandolina), Tomohiko Gondo (euphonium, trompeta y operador de HD) y Christian Fennesz, colaborador de Sakamoto (guitarra y electrónica), entre la ovación de una audiencia que había quedado ensimismada.

Ensimismada con la música, las texturas, efectos y matices que el grupo desarrollo y ensimismados con los visuales de Shoko Ise, que encajaron como un guante en el espectáculo. Como en en el Royal Festival Hall, YMO estrenaron el nuevo single de HASYMO, con dos caras A: ‘The city of light’, una melodía expansiva con voces deformadas por un delay, que es la sintonía de News 23, del canal TBS, y ‘Tokyo town pages’, un corte muy electro-jazz que suena al final de la película Tokyo!

De esa labor como autores de música para bandas sonoras, de la que Ryuichi Sakamoto es un especialista, ahí está su Oscar en 1987 por la banda sonora de The Last Emperor, interpretaron ‘Rescue’, de la película de animación Ex Machina, una secuela de Appleseed, otro corte de electro-jazz oriental un poco kraftwerkiano acompañado de visuales extraordinarios.

En la segunda parte del recital, a partir de Tokyo town pages, Yukihiro Takahashi se hizo fuerte detrás de un pequeño pero completo set de batería, desde el que subrayó los beats de sus compañeros. Pero quien dirigía el cotarro era Ryuichi Sakamoto, atento a los cambios en cada tema y parapetado detrás de sus sintetizadores.

HASYMO — War and peace (YouTube)

En esa parte que podríamos definir como más órganica quedé entusiasmado con ‘Tibetan dance’, un instrumental con aromas del lejano oriente que se acompañó en la pantalla con palabras del Dalai Lama. Y aún más lo fue la envolvente ‘War and peace’, un sereno y amable instrumental antibelicista cuya fuerza residió en las voces que iban lanzando impactantes interrogantes como éstos: ¿Es la guerra tan vieja como la gravedad?; ¿Si amo la paz debo de amar a los árboles? ¿Hay animales a los que le gusta la paz y a los que le gusta la guerra? ¿Es la guerra un instinto que heredamos de nuestros antepasados cazadores y agricultores? ¿Fueron los agricultores los primeros guerreros? ¿Amamos sin pensar? ¿Cuando los niños se pelean con sus hermanos están aprendiendo a guerrear? ¿Por qué la guerra es tan excitante?

Y en el primer bis nos regalaron “Rydeen 79/07”, versión de su clásico de 1979 con un aire muy ambiental y madera de hit electro-pop que grabó HASYMO para acompañar al single Rescue. Puede que haya un concierto mucho mejor que éste en lo que queda de año pero para mí ha sido el concierto del año, del lustro y de lo que va de siglo.

Sitio Oficial | Yellow Magic Orchestra
Fotografías | The_Junes en Flickr