Pasan los años, eso que tanto esperábamos no se llega a publicar. Pasa más tiempo, más retrasos. Parece que este año va a ser el año, pero no, al final ya tal. Y entonces por fin, ese producto tan esperado ve la luz. Alboroto, alegría, confeti por doquier, vamos todos a ver/jugar/escuchar aquello por lo que tanto anhelábamos. Pero, ¿qué pasa después, cuando el momento esperado ya ha pasado? ¿Alguien se acuerda del Duke Nukem Forever? ¿Alguien se ha vuelto a escuchar “eso” llamado Chinese Democracy (Geffen, 2008)? No quiero ni mucho menos sonar pesimista a la hora de hablar de cosas que han tenido un larguísimo proceso de fabricación. Más bien quiero reflexionar sobre cómo dichas cosas, ya sean pelis, juegos o discos, son percibidos en su momento y cómo perviven poco después.

Y yendo al caso que nos ocupa, el segundo disco de Yndi Halda, disco que ha llegado casi diez años después de su predecesor, ese que era una joyita maravillosa del post-rock cuando a este le quedaban los últimos coletazos de relevancia. Ya está aquí, ya no hay más espera. ¿Cómo nos lo tomamos? ¿Es posible que tras todos estos años de espera acabe engullido entre las toneladas de discos que se lanzan y se escuchan a lo largo de un año por parte de un amante de la música? Supongo que dependerá de cómo lo reciba cada uno, de las expectativas con las que partimos y cuánto apego acabamos desarrollando con el álbum de marras. Pero vayamos más allá, veamos si estamos ante un trabajo que cuente con cualidades para llegar a perdurar más allá del momento presente.

Yndi Halda, diez años no son nada

Una vez me meto de lleno en las entrañas de Under Summer (Big Scary Monsters, 2016) caigo en la conclusión de que, habiendo disfrutado lo suficiente de su predecesor, si uno no se encariña con este disco es porque no quiere. Los ingleses mantienen buena parte de las señas de identidad con las que se ganaron el corazón de los amantes del género. No sólo las mantienen, las explotan a buena gana. Eso es un poco un arma de doble filo, porque son diez años y todo para ofrecer elementos en buena parte ya explorados previamente. ¿Qué motivación se puede encontrar para seguir volviendo a un disco tan parecido a su debut?

Los ingleses mantienen buena parte de las señas de identidad con las que se ganaron el corazón de los amantes del género

Ese contexto es algo de lo que Yndi Halda no se pueden liberar de ninguna manera. Es imposible y tenemos que aceptarlo. También tenemos que tener en mente que su estilo no ha sido precisamente adalid de lo revolucionario en estos años. Un estilo que tiende con facilidad a mirarse su propio ombligo y que un disco como este sería visto como otro ejemplo de ese anquilosamiento, pero se aceptaría y luego se pasaría a juzgar el contenido, lo meramente musical. Y así debemos afrontar Under Summer, no pensando en lo que debería estar ofreciendo, sino centrándonos en lo que realmente nos entrega.

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Volviendo al supuesto de la banda debutante que entrega un disco idéntico en contenido como este -me gusta poco usar esta clase de supuestos, pero reconozco que aquí viene que ni pintado- hablaríamos de un extraordinario trabajo, que compensa la falta de inventiva por su alto grado de emoción encerrado en cuatro mastodónticas piezas en las que ninguna baja de los diez minutos. Hablaríamos de los ecos y las reminiscencias a los momentos más conmovedores del Lift Yr. Skinny Fists Like Antennas to Heaven! (Constellation, 2000). Hablaríamos de lo vibrante de sus guitarras, de los melancólicos y sobrecogedores desarrollos de las canciones, de lo bien empleadas que están las voces -utilizadas lo justo, pero bien medidas- y lo que conmueven esos aportes del violín.

7.8/10

Under Summer se puede calificar como un disco condenable y olvidable por las circunstancias que lo rodean, pero también sublime e ineludible si nos ceñimos en exclusiva a lo que está sonando. ¿Con cuál de las dos posturas nos quedamos? ¿Optamos por un término medio? Yo, personalmente, opto por caer más hacia lo segundo, porque el álbum logra despertar tantas cosas en mi interior que sé con seguridad que seguiré volviendo a él en el futuro. Puede que hasta le coja aún más cariño y todo. Y ahí está el gran mérito de Yndi Halda en este regreso. No sólo poder hacer un muy buen trabajo de post-rock en pleno 2016, sino que su vuelta no caiga en saco roto y terminamos olvidándonos de ellos y su trabajo. Y con lo bien que suena, me cuesta pensar que eso vaya a pasar.

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