“Yo La Tengo concierto” src=”http://img.hipersonica.com/2013/03/650_1000_yolatengo.jpg" class=”centro” />

Siempre es una espléndida noticia que Yo La Tengo se pasen por tu ciudad. Primero porque sus conciertos tienen una bien ganada fama de infalibles, de valor seguro. Segundo, porque poder verlos tranquilamente, en sala y fuera del circuito festivalero (o más específicamente del Primavera Sound, que es por donde suelen pasarse) supone un valor añadido considerable: resulta difícil imaginar que la fragilísima ‘I’ll Be Aroud’ pueda funcionar en un escenario gigante al aire libre frente a 15.000 personas como lo hizo anoche. Y tercero, porque lo anterior podría aplicarse por muy poco inspirado que fuese el nuevo material que vinieran a presentar: Yo La tengo podrían haber lanzado ayer un disco de villancicos con Rod Stewart y firmar un conciertazo. Pero es que no es así, es que su nuevo trabajo es “Fade”.

Yo La Tengo hacen crecer “Fade” en vivo

En nuestra crítica, Mohorte coincidía con la tendencia generalizada de considerar “Fade” un disco majete pero menor, un poco de palmadita en la espalda, encantados de verte y hasta luego chavalote. Yo con cada nueva escucha voy estando menos de acuerdo: es un disco para fans, sí (dudo que les consiga un solo seguidor nuevo) y es probabalemente menor comparado con otras obras magnas de sus creadores, pero cada vez lo veo más plagado de pequeños rincones que, como quien no quiere la cosa, lo van haciendo grande. Y creo que eso se vio ayer en su directo en Madrid: si un grupo de larga trayectoria viene de gira con su nuevo trabajo y gran parte de los momentos con los que te quedas tienen que ver con nuevas canciones, algo tiene que haber ahí.

Ira, Georgia y James salieron relajados y a su hora. Salvando las distancias, Yo La tengo parecen plantear sus directos en España al estilo de unos Wilco: se saben apreciados, son conscientes de que la mayoría del público es incondicional y probablemente los ha visto ya en más de una ocasión y se esfuerzan en ofrecer conciertos que aporten algo a lo ya conocido con la comodidad de estar entre amigos. En cuanto se arrancaron con los primeros acordes de una preciosa versión desnuda de ‘Ohm’, la mayoría de los asistentes empezamos a levitar.

Porque Yo La Tengo lograron el milagro: callar al público español, conseguir silencio y respeto casi reverencial para esa primera parte acústica del recital que lo necesitaba desesperadamente, porque se movía en un equilibrio tan delicado que parecía que en cualquier momento podía romperse. No fue así y hasta cortes que pasan más desapercibidos en estudio, como ‘Two Trains’, tuvieron su momento de gloria y el público estuvo tan callado cuando tenía que callarse como atronador cuando tenía que aplaudir. Tanto es así que hasta Mr. Kaplan nos recomendó que nos compráramos el disco en el correspondiente stand para saber cuándo acababan de verdad las canciones y no arrancar los aplausos en cada falso final.

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El concierto estaba planteado como un vistazo a las dos almas de Yo La Tengo: la más relajada y la más ruidosa. Y así, con el final del primer tramo (después de una maravillosa ‘Nowhere Near’), llegamos al momento más cuestionable y cuestionado de la noche: el larguísimo intermedio de casi media hora. Hay dos maneras de tomárselo: una es coger el bolo como un todo y sentenciar que una pausa así mata el ritmo por completo; la otra es plantearse la historia como “Una velada con Yo La Tengo”, en plan merienda-cena con sus descansos correspondientes. De cualquier modo, a los pocos minutos de empezar el segundo tramo todos estábamos ya metidos en harina al 100%, así que probablemente eso significa que la idea no es mala del todo.

Al contrario de lo que pudiera parecer, quizá la segunda fase, en principio más agradecida para el directo, no resultó tan perfecta, tal vez porque en un par de momentos la banda se perdió por vericuetos ruidistas-porque-sí que no aportaban demasiado. Pero la cosa no pasó a mayores ni bajó demasiado la excelente impresión general. Aquí mención especial para una magnífica ‘Moby Octopad’ y, de nuevo, para ‘Ohm’ (la estrella de la noche), esa canción tan asombrosamente perfecta que te vale tanto para iniciar un concierto de forma pausada como para casi cerrarlo de forma enérgica.

Al final vendría la guinda con los bises en forma principalmente de versiones (includo el ‘This Is Where I Belong’ de los Kinks que ya trabajaron bajo su tapadera Condo Fucks), pero da lo mismo: ya nos habían convencido a todos de sobra. Una vez más. Unos echarían de menos ‘Today is the Day’, otros ‘You Can Have It All’ (yo personalmente creo que ‘Nothing to Hide’ era imprescindible para ese segundo acto), pero todos constatamos que estos tipos siguen siendo muy grandes, que están en un espléndido momento de forma y que cuidan sus directos al detalle. No se puede pedir mucho más.

Foto | Flickr

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