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Youth Lagoon en directo en Santiago de Compostela (Sala Capitol, 10–11–2013): tú nunca morirás

“youth” src=”http://img.hipersonica.com/2013/11/DSC_0662.JPG" class=”centro” />En Santiago de Compostela viene celebrándose durante el mes de Noviembre el festival Cineuropa. Se proyectan pelis que han ido cosechando premios varios en diferentes festivales de relumbrón, y otras menos conocidas. Habitualmente, se asocia una programación musical, que de forma más o menos directa se hermana con el festival. En este caso el Festival Sinsal fue el que se fusionó con el de cine, regalando una visita de Youth Lagoon a Galicia, dentro de la gira de la banda por tierras españolas. Claro los regalos de este tipo empiezan a ser habituales. De hecho, el primer regalito de la noche no fue el fantástico concierto que a posteriori dieron Trevor Powers y los suyos.

No, al principio fueron cuatro zagales de Toronto, llamados Absolutely Free, los que nos dieron el alegrón de la noche. Por uno de esos conciertos de los que no esperás más que que la cerveza esté lo suficientemente fría para no tener que tomarte una segunda mientras los teloneros suelten las canciones de rigor. Apenas un par de EP’s en el mercado, cuatro o cinco temas grabados, nada más. Y nos sueltan una maravilla de psicodelia avant-garde que nos hace olvidar la birra durante un buen rato apoyada en la barra del bar. Temas como ‘UFO’ sonaron de forma fascinante, e impulsaron a más de uno a curiosear (no siempre consumir, ya sabéis), en el puesto de merchandising de rigor. Para ser justos, cuando uno se acerca a su bandcamp no acaba de encontar el talento en estudio que se les presumió en directo. Esperaremos noticias de que eso pueda empezar a plasmarse en el futuro.

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Es por eso que la ya buena disposición de un público que, por cierto, no llenó la sala, se vio aumentada tras el buen sabor de boca que dejaron unos chicos a los que, al final, nadie había ido a ver. Entonces, en el proceso habitual de teloneros que van recogiendo sus bártulos mientras los pipas de la banda grande van afinando instrumentos, un especímen de horrenda máscara y túnica de estampados imposibles curioseaba en los teclados. Trevor Powers estaba ofreciendo guerra desde varios minutos antes de empezar siquiera el concierto. Tonos rojos inundándolo todo. Inundándolo tanto que era hasta difícil percibir nada de otro color, y no sería porque aquello no se inundase de un amplio abanico cromático poco después. ‘Attic Doctor’ mediante, empezó un magnífico recital. Para los que somos simpatizantes, pero no militantes acérrimos de la causa de Youth Lagoon, creo que podemos aceptar fantástico como apelativo merecido para el acontecimiento.

Wondrous Bughouse, su reciente disco, de portada que bien resumiría lo que en la Sala Capitol tuvo lugar, copó el protagonismo. Y aunque es cierto que ha gozado de una repercusión notable, cuando uno tras otro fueron tachándose los temas del setlist, así del tirón, podemos decir que Youth Lagoon ya se ha hecho poseedor de una colección de jitazos abundante. Buena muestra podrían ser, por seguir hablando de temas de su sophomore, ‘Pelican Man’, que sonó a gloria en una sala que resultaba en el pasado algo fallona en cuanto a la acústica (algo han cambiado, no sé el qué, pero gracias), y que se convirtió en uno de los momentos álgidos del concierto, si bien podrían ser varios. Una banda muy ensamblada, un ‘17’ que también resultó grandiosa, unos elementos que hacían ver en cada una de las caras de los asistentes que la cosa estaba molando, molando mucho. A unas alturas en las que Trevor Powers ya había hecho el primero de los dos cortos paseos que permitieron ver su escuálido cuerpo sin estar casi oculto por los teclados, el público ya había decidido que aquello había merecido la pena.

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Previamente se habían dado cita temas como ‘Cannons’, bellísima, colorida, inspiradora, magnífica. Pocas cosas ya no malas, simplemente mejorables podemos buscar en el concierto. No digamos ya el fin de fiesta que con ‘Dropla’, se ejecutó de forma impecable y enérgica, buscando que una emoción que ya embargaba antes la sala, se hiciese hiperbólica llegado el momento de poner un punto seguido previo al bis. Un último tema en el que las melodías crecieron como nunca, en ‘The Hunt’, para hacer que ni los más tibios pudiesen abandonar la sala sin haber sido víctimas de palpitaciones, respiraciones contenidas, taquicardias y pechos enchidos de sabe dios qué. Un concierto que había levantado muchas expectativas, y que, probablemente, las superó todas. Youth Lagoon no habían cumplido, habían arrasado.

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