Yuri Gagarin — Yuri Gagarin

Yuri Gagarin son una banda secreta que sólo tocan en días de densa niebla y ataviados con túnicas negras. La inspirada pero por otro lado previsible metáfora no es mía, sino de ellos mismos. Una somera búsqueda de información de la banda arroja resultados un tanto desconcertantes: oscuros foros Doom, extraños portales webs húngaros y la sensación de estar ante un grupo que, en su primera publicación, se mueve fantasmagórico. De Yuri Gagarin sabemos que son suecos y que deben sentir una especie de adoración infinita por Black Sabbath y las distintas formas de psicodelia pesada, especialmente The Heads, que nos han llevado hasta aquí: cuatro canciones que son pura apología del desenfreno y el caos controlado. Todo lo demás que les rodea y que les define es intuido, imaginado y enormemente redentor.

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El espacio es el punto de referencia que explica el sonido y la cosmovisión artística de Yuri Gagarin. No sólo desde un punto de vista visual — la portada ilustra a un astronauta, no hace falta echarle demasiada imaginación para deducir cuál, frente a la morfología extraña de algún planeta por descubrir — sino también sonoro: pocas veces la etiqueta Space Rock tuvo tanto sentido. Yuri Gagarin son un grupo de Rock Psicodélico que, lejos del fervoroso terreno del Garage Rock, hace suya la exageración cósmica. En sus apenas cuatro canciones hay efectos sonoros que evocan de manera redundante el terreno espacial y pedales alienígenas que multiplican las guitarras, ya de por sí exageradas y gigantescas, por diez mil. El resultado son construcciones enormes: ninguno de los temas que componen Yuri Gagarin (2013, Levande Begravd) dura menos de siete minutos.

Más simple, más alto, más fuerte, más grande

Yuri Gagarin son un grupo simple. Su música se basa en tres puntos fundamentales. A saber: a) base rítmica y repetitiva b) densidad sonora, fuzz y delays por todas partes y c) solos de guitarra de ocho o nueve minutos por encima de los dos elementos anteriormente mencionados. Es cierto que la descripción se asemeja mucho a la de una Jam Band, pero los márgenes de improvisación en Yuri Gagarin quedan resumidos a la originalidad de su guitarrista. Pensemos en Earthless, por ejemplo, y cómo From The Ages sí presenta el aspecto de un disco totalmente desestructurado en el que los patrones rítmicos y el hilo argumental de cada canción se transforma de manera constante. Yuri Gagarin no elaboran tanto su discurso, y esto es algo positivo. Allí donde Earthless se pierden en su propia condescendencia, Yuri Gagarin tienen un inicio y un final: siempre saben dónde están.

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8/10

Es fácil imaginar cómo este esquema básico se transforma en una apisonadora. El ejemplo paradigmático es ‘Sonic Invasion 2910’: tenemos un riff que se repite unas dos millones de veces por encima del bajo y la batería, y en un universo paralelo, un solo de guitarra que se extiende por siete minutos. El punto stoner y la voluptuosidad con la que tocan cada instrumento hace el resto: trance asegurado, tanto en esta canción como en las otras tres. El tono salvaje y bestia de Yuri Gagarin les coloca en una órbita diferente al resto de grupos psicodélicos que se mueven en su mismo terreno en la actualidad: ni The Cult of Dom Keller o Night Beats tienen mucho que ver. Yuri Gagarin son más grandes, de forma literal, y quienes tocan más alto y más fuerte. También quienes corren un mayor riesgo de repetirse, pero a día de hoy, en este momento, eso no nos preocupa.

Imagen | Kmeron