“zola” src=”http://img.hipersonica.com/2013/09/zolahs.jpg" class=”centro” /> No sé cómo tomarme estas cosas. En principio, el gusto es amargo, de ese que te contrae los músculos de la cara y te dibuja una mueca de desconfianza, de disgusto, incluso de decepción, aunque esa sea más interna que legible en el rostro. Suele ser sinónimo de que algo no va realmente bien, lo que ha hecho Zola Jesus con Versions. Resulta que una de las irrupciones más interesantes del panorama musical americano del último lustro, con ese atractivo sonido cercano al noise, al espíritu oscuro, al aspecto gótico, ha decidido sacarse de la manga un disco de autoversiones apoyadas en un cuarteto de cuerda. Poco que objetar hasta ahí, que la chica puede hacer lo que le venga en gana, pero si tenemos en cuenta que su discografía hasta la fecha contaba únicamente con tres trabajos (para el caso dos, porque aquí ni rastro de The Spoils), y que habitualmente cuando la gente se dedica a estos menesteres acostumbra a ser sinónimo de agotamiento de ideas, volvemos a la mueca inicial.

Versions: veneno en la piel

A eso le sumamos que el disco se lanza en agosto, y sin excesiva publicidad en medios, como queriendo casi esconderlo, participando de esa clandestinidad que, en el fondo, tanto concuerda con Nina Roza Danilova. Acercarse al trabajo daba miedo, un miedo justificado, entiendo. El problema es que todas estas teorías de lo que debería hacer un artista con su carrera profesional, de en qué momento te viene bien a tí que lanze un disco recopilatorio, de autoversiones, de remixes o de lo que coño sea, el problema, digo, es que tus teorías me mierda se pueden venir abajo en cuanto te dedicas a escucharlo. De Zola Jesus nos encanta que sea tan mala, que dé tanto miedo cuando ves sus continuos paseos dementes mientras observas su metro y medio de altura en directo. Eso nos fascina, nos estremece. Eso es Zola Jesus. O era.

Porque el picotazo que sientes al dejar fluír ‘Avalanche (Slow)’ en tu reproductor es significativo. Casi imperceptiblemente, algo ha pasado, y se ha introducido en tu circulación sanguínea. A tomar viento la oscuridad, la perversión, el atractivo de la locura. Zola Jesus te ha desarmado todas tus teorías de mierda en lo que hace sonar su perturbadora voz y Mivos Quartet nos enseña sus plácidas cuerdas. Versión casi irreconocible al compararla con aquella oscurísima pieza de su anterior Conatus. Una demostración de que uno puede amar a dos mujeres al mismo tiempo, y comenzar a girar en círculo sobre sí mismo, mientras se decide entre la cándida dulzura de la que podría retenerte de por vida, o el irrefrenable poder magnético que aquella a la que esposar durante días a la cama, la que te descubre tu impulsividad dormida.

Acomodándonos entre violines

De todas formas, mientras nos rompemos los sesos pensando en qué Zola Jesus nos gusta más, si la cándida o la peligrosa, ella tiene claro que si algo no es, es tonta. Como todo buen disco del estilo, hace llegar un tema inédito. Así sacamos su videoclip correspondiente, y de paso nos curramos un reclamo publicitario. ‘Fall Back’ se va deshaciendo de ese halo de languidez que envolvía a ‘Avalanche (Slow)’, simplemente con la aparición de una batería y una voz más reconocible entre la irritabilidad de Nina, de nuevo perturbadora, de nuevo ella. Paso previo preciso y bien medido para la canción mejor instrumentada de Versions, ‘Hikikomori’, encantadora, perfecta, seguramente mucho más reconocible con respecto a la grabación original. De la mano de ‘Run Me Out’ hace aparición al fin su fantástico Stridulum II, en el que Zola Jesus se preocupa menos de tapar la gravedad vocal de la que siempre ha hecho gala. Lo más cercano que aquí encontramos al pasado, a la angustia interna, a la inquietud y desasosiego que siempre nos ha hecho sentir.

Cerca de lo que podríamos entender como “música electrónica”, sin salir del formato del cuarteto de cuerdas y el sutil acompañamiento de una austera batería, es ‘Seekir’ con sus coros, sí, sampleados. Trampa, si queréis, pero a veces nos gusta que nos la metan doblada. El veneno aquel, el del aguijonazo a traición del principio, ha llegado ya a cada rincón de la piel. Ha erizado cada uno de los vellos corporales que poseemos, ha endurecido nuestros pezones, y arrinconado nuestra garganta, estrechando la laringe hasta reducirla al hueco justo que nos mantenga la respiración. La erección del alma. El flujo de aire exacto para gozar de ‘Sea Talk’ sin caer en la asfixia, en la cianosis. El corte luminoso de la misma, de esa charla entre las olas, se ve interrumpido por la espectacular ‘Night’, seguramente el mejor tema que Zola Jesus ha parido nunca, y que se encuentra en este formato en la más absoluta comodidad. Hemos encontrado el discurso, lo que pretendía Versions, su objetivo vital. Ya hemos sucumbido, no nos quedan argumentos ni defensas. Nos ha vencido e invadido.

“nota” src=”http://img.hipersonica.com/2013/09/7,85.jpg" class=”derecha” />Tras tal inyección de adrenalina, seguramente cualquier otro corte estaba destinado a sonar insulso y descafeinado. El peaje lo paga ‘In Your Nature’ y todavía no he decidido si por demérito propio o por el mero hecho de ir detrás de quien va. Creo que lo segundo, pero no me hagáis mucho caso. Desposeída de esa lacra nace, poco más que a capella, ‘Collapse’ el otrora intenso cierre de Conatus. Se acabó. El experimento de Zola Jesus toca a su fin, tras satisfacer muchas más inquietudes de las que en un principio imaginábamos, pero sin borrar del todo la sombra de la duda de si esto era una inquietud artística real, o un mero interés comercial mientras no se me ocurre algo mejor que hacer. Mientras, Nina aprovechará para girar en varias paradas con su cuarteto de cuerda, en lo que a buen seguro será un directo tan interesante como habitualmente lo son. Nosotros, tras conocer a la mujer amable que nos haría la vida fácil, feliz, y aprender a quererla, creemos todavía que nos vamos a quedar con la que tenemos atada a cama.

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