Nudozurdo en concierto en Alicante (Las Cigarreras, 11–04–2015)

No podía esperar el concierto al que asistí, francamente. Quizá por ir con el chip de lo que pasa en muchas ocasiones en los directos de grupos que estrenan nuevo disco: la mayoría de los temas son de este y de trabajos anteriores tocan considerablemente menos. Pero para nuestra (grata) sorpresa ejecutaron sobre todo algunas de esas canciones que han hecho de Nudozurdo uno de los mejores conjuntos patrios de los últimos años. Así que hubo un justo reparto en el setlist, varias canciones del flamante Rojo es Peligro (Everlasting, 2015) y temas de todos sus discos. Necesario viendo el repertorio que han acumulado años atrás.

En una sala austera en la que el sonido no era lo mejor, poco tardó el grupo, una vez solucionados los problemas con la voz al principio, en hacerlo olvidar. El trío formado por Leo, Meta y ahora Ricky Lavado (batería de Standstill), pronto empezó, tras arrancar con el nuevo disco, a crear esa atmósfera oscura e incómoda, a veces casi lisérgica, que rezuman sobre todo sus dos primeros trabajos. Demasiado buenos para renunciar a ellos. De hecho, no parecía lo que era, uno de los primeros conciertos después del recién estrenado cuarto LP.

Poca presencia de los nuevos temas y protagonismo de los anteriores discos

En ese sentido, poco tardaron en caer los ‘Mil Espejos’, ‘Negativo’, ‘Dentro de Él’… Canciones de Sintética (Reftos, 2008) y Nudozurdo (Hook, 2002) que brillan por ese sonido tenso y perturbador que en directo tiene más potencia que las versiones de estudio. Y esa es una de las claves del concierto del sábado. Puedes tener un puñado de buenos temas, pero no puedes dejar que se te vengan abajo sobre el escenario. Máxime con cortes de esta índole, donde se crea ese ambiente comatoso con evoluciones intensas que acaban en mares de distorsión y en catarsis en las que parece que Nudozurdo hayan dado con la formación definitiva; su actuación fue impecable. Desde la agresividad que imprime Meta con su bajo hasta la hipnosis que emite Leo con la guitarra, pasando por supuesto por la batería de Ricky — qué curioso que haya entrado en el grupo un batera tan violento con el disco más liviano — , que dio un auténtico recital aporreando a los tom y a los platillos.

Foto de Pedro Muñoz

Esa conexión en vivo era fehaciente por ejemplo cuando a mitad de concierto se soltaron los delirios de ‘El Hijo de Dios’, donde los primeros acordes ya suscitan la emoción que está por venir. Fue uno de los finales más intensos, junto con el colosal cierre que se marcaron con ‘Dosis Modernas’, quizá el mayor ejemplo en el concierto de esos in crescendo que tienen las canciones de Nudozurdo en vivo. Genial la sección final de bajo de Meta junto al mar de distorsión creado por Leo. Poco antes, habían incluido en este bis una de las nuevas, ‘No siento el amor y tu amor es falso’ y la siempre cumplidora ‘Prometo Hacerte Daño’, de Tara Motor Hembra (Everlasting, 2011).

Más sensaciones que se pudieron extraer del directo son las reacciones del público, en las que hubo de todo, ante las nuevas canciones, más bailables y accesibles por esos sintes — que de momento están llevando a cabo con un ordenador sobre el escenario — . Algunos bailaban mientras otros miraban con indiferencia, seguramente por el cambio radical de propuesta con este nuevo trabajo, y con la propia diferencia de potencia en el directo. Con todo, hay que reconocer que canciones como ‘El Grito’, el primer single de Rojo es Peligro, no suena nada mal en vivo. Una vez más, gracias al empaque que el conjunto madrileño impone en sus conciertos.

En directo Nudozurdo siguen siendo una obligación; parcos en palabras pero soberbios con los instrumentos

Pero en líneas generales, se trató de un gran directo, que explica por qué es uno de los mejores grupos patrios actualmente (aún no podemos sacar conclusiones de cómo se está recibiendo su nuevo trabajo, por otra parte). Se crecen en directo por actitud, ya sea por la agresividad de sus progresiones en las canciones o ese propio ambiente barbitúrico, a veces casi espiritual, que logran imponer en la sala. Cubrieron el expediente con su nuevo trabajo, que es lo mínimo que deben hacer, y el resto lo dejaron para sus ‘clásicos’. Faltaron algunos, pero será una tónica que se cumpla conforme más LPs tengan. En cualquier caso, mucha satisfacción por los seguidores y mucha sorpresa y gozo para los que habían venido a ver de qué trataba aquello. Sea cual sea tu impresión de su último disco, que parece bastante por debajo de sus hermanos mayores, en directo Nudozurdo siguen siendo una obligación. Parcos en palabras pero soberbios con los instrumentos.

Fotografías | Pedro Muñoz

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