Oval — Popp

El destino y la memoria son caprichosas. Como en esas pelis en las que el viejo maestro queda olvidado en el tiempo a pesar de ser el ideólogo de un movimiento o una técnica, hay algunos precursores electrónicos que parecen borrados del imaginario colectivo. Quizá a veces merecidamente por el devaneo sonoro que han tenido en sus trayectorias más recientes. Dentro de este hipotético contexto es donde se encuentra Markus Popp, más conocido en el mundo electrónico como Oval, el alemán que junto a sus por entonces compañeros dio vida en los 90s al glitch. Hoy, único superviviente del proyecto, ha publicado este año Popp (Uovooo, 2016).

Volver reinventándose

Desde discos imprescindibles como Systemisch (Mille Plateaux, 1994) y 94 Diskont (Mille Plateaux, 1995), la trayectoria del teutón ha sido más bien irregular, facturando buenos discos pero también otros mucho más irregulares en los que no obstante, siempre había cortes notables que rescatar. Tras sus periodos abruptos de producción musical en la pasada década, en esta ha estado más activo, y tras ver que sus producciones de los últimos años no han estado a la altura, en 2016 tocaba dar un giro que volviera a ponerle en el tablero electrónico. Y eso es Popp, un álbum con su apellido como título, quizá en señal de auto reivindicación. O sobre todo, de reinvención. Aquí se introduce de forma mucho más frenética en patrones que había tocado tangencialmente.

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Popp sigue un discurso entre el glitch y las ambientaciones, pero con una base mucho más elocuente, cimentada en unos breaks líquidos a lo Himuro Yoshiteru y con unas secciones vocales propias de estilos recientes como el wonky. Es el disco más luminoso de Oval en tiempo, o mejor dicho, el primero que hace así en su carrera. Y francamente, deja a sus largos anteriores en la cuneta. Es difícil esperar trabajos deslumbrantes de artistas clásicos que llevan toda su vida afincados en un sonido característico. En el caso de Oval, tanto en su trayectoria como grupo como con Popp como solitario, estirar los límites sonoros, el minimalismo y esas melodías erráticas — características del glitch — han sido la tónica general.

Darle la vuelta a tu sonido sin romper sus cánones

Por eso, encontrarse de repente con una metamorfosis tan fascinante, en la que combina patrones fríos y cerebrales de la IDM, con el glitch y esos breaks tan vitalistas, sorprende. La primera reacción al ver cómo suena cuando le das al play con ‘ai’ es plantearse si en efecto es un disco de Oval. En efecto. En ella se percibe toda esa orgía sonora que pueden ofrecer esos estilos arriba comentados, y es la tónica general del álbum. Popp no es sólo una renovación musical del compositor germano, también ha logrado, pese al cambio, mantener esos ejes que jalonaban implícita o explícitamente sus mejores producciones: bastante emoción, mucho cuidado en la producción a pesar del bajo presupuesto que siempre ha utilizado, y todos esos recursos arpegiados y agudos que antes se balanceaban sobre bases minimalistas.

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Del mejunje errático de ‘ku’ con mil capas al sonido luminoso y urbano de ‘id’, Oval demuestra que eso del encasillamiento no va con él y que en pleno 2016 es capaz, después de más de veinte años de composiciones livianas, fusilarte a base de beats vitalistas y tempos que no iban con él. Una genial forma de reivindicar su sitio en la electrónica como pionero que es, y sobre todo, de parir maravillas preciosas como ‘ve’. En ella confluyen todos los estilos que aquí toca Popp. Un trabajo de beats polirrítmicos, de corte prácticamente clubbero, en los que enterrar secciones vocales que se hunden tras esas fantásticas sinfonías. Mucha euforia, vitalidad y algún clasicismo marca de la casa. Magistral.

8.6/10

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