PJ Harvey — To Bring You My Love (1995): el nacimiento de la diosa

Me imagino el tránsito hacia la muerte de una forma muy distinta a la de la luz al final del túnel. No hay paz, no hay sensación de descanso y plenitud. No hay sosiego y perdón. No hay redención ni olvido. Al contrario. Me imagino el camino a la muerte como una senda de oscuridad y abandono, de derrota y pecado. Un camino en el que cada uno de tus sentimientos más escondidos sale a la luz, consiguiendo deshacerse del encorsetamiento en el que vivieron la mayor parte de sus días. Un camino de forma indefinida. No hay un habitáculo similar a un túnel, no hay líneas rectas, pero tampoco una senda sinuosa. Simplemente la desorientación en persona. Y entre la confusión reinante, la que nos guía realmente en nuestro camino a la muerte, suena el riff de guitarra que da inicio a ‘To Bring You My Love’.

Todos tenemos discos, artistas, que de algún modo saben leer exactamente lo que necesitas para generar fascinación. En este caso PJ Harvey en general y To Bring You My Love (Island Records, 1995) constituyeron uno de aquellos momentos en los que uno va dejando de ser quien fue, para pasar a ser quien es. Hablamos de una obra maestra, que sobresale en un año en que la cantidad de discos fantásticos fue inmensa (recordad que en 1995 hubo un montón de discos chachis como estos, o estos, o estos otros). Un disco sobre el que ya os había hablado Gabihey por aquí, mucho mejor de lo que yo haré a continuación. Uno de esos trabajos que se quedará para siempre en tu memoria y en tu afecto. De los que, necesariamente, te marca para siempre.

To Bring You My Love: cuando la fugaz rock star da paso al mito

Venía Polly Jean Harvey de un par de trabajos, Dry y Rid of Me, que la colocaron de un plumazo en lo alto de la música británica. Sin paliativos. No hubo romano alguno que llegase, viese y venciese con semejante rotundidad. Con el dominio de la situación que manejaba PJ, capaz de regalar carisma por toneladas, de dejar boquiabiertas a audiencias que, en sus conciertos, ya se contaban por miles. De trabajar ya con productores de enorme calado, de montar una banda consolidadísima desde un inicio y, justo cuando todo iba sobre ruedas, mandarla al carajo.

PJ Harvey cambia la formación para afrontar su tercer trabajo. Y cambia el productor. Y cambia absolutamente todo lo demás. Porque en el fondo To Bring You My Love es una de esas enormes transformaciones que Harvey afronta a lo largo de su carrera, para que al final poco cambie. Seguramente la primera. Se quedan fuera Vaughan y Ellis, entran sus ya casi inseparables Mick Harvey, Flood (ambos productores también del disco) y John Parish, su pareja artística más estable, con la que sacó un par de discos realmente notables.

Dejamos a un lado el cuero y la rabia incontenible, y damos paso a una furia mucho más controlada y elegante

Pero el cambio que supuso To Bring You My Love fue mucho más allá de un mero trueque de fichas. La transformación de PJ fue completa. Construyó un personaje que mataba a una fulgurante pero potencialmente fugaz estrella del rock para dar vida a una diva absoluta, barroca y excesiva. Es casi imposible borrar de tu mente la silueta de una Polly Jean maquillada hasta la hipérbole, de pestañas kilométricas, cantando “I lost my heart, under the bridge, to that little girl, so much to me”. Dejamos a un lado el cuero y la rabia incontenible, y damos paso a una furia mucho más controlada y elegante. Sin perder un ápice, casi más bien al contrario, del interés artístico que tenían sus discos previos.

Harvey había ganado ya cierta pasta, y aprovechó para comprarse una casa de campo, perdida en el medio del bosque de Yeovil, cercana a donde vivían sus padres. Desmentía así cada uno de los parámetros que se supone en el abecé de cualquier rock star que empieza a ser epicentro de la vida cultural de grandes capitales, y asalta las vidas de campestres y urbanitas generando una de las mayores maravillas de los últimos años del pasado siglo desde la aldea, desde el vacío, desde el desierto. Donde nacimos, adonde volvemos. I was born in the desert, I been down for years. Jesus, come closer, I think my time is near.

Como decíamos, más allá del cambio de banda y de imagen, hay muchas cosas que la PJ de To Bring You My Love no pierde de vista con respecto a su pasado. Las letras mantienen una línea continuista entre lo oscuro y siniestro, entre lo impactante y lo sexual. See it coming at my head. I’m not running, I’m not scared. Big black monsoon take me with you. Lo espiritual, la religión y Don Van Vliet en cada uno de los recovecos de un disco que busca (y consigue) unas melodías mucho más trabajadas que Dry o Rid of Me, en las que se nota el aporte a mayores de esa segunda guitarra en manos de Mick Harvey. PJ igualando y por momento superando la categoría instrumental de las malas semillas.

PJ Harvey dándonos la mano, acompañándonos hacia una pequeña muerte

Transcurren los minutos, los metros en ese lugar que ni es un túnel ni tienes que caminar hacia la luz, y observas que el espacio cada vez se vuelve más sinuoso y atractivo, que nos llama a agarrarlo y hacerlo nuestro a pesar de la asfixia inicial. De apretar mucho el pescuezo de quien tienes al lado, hasta que empiece a sufrir cuando, en realidad, es placer todo aquello que sentís. C’mon Billy, come to me. You know i’m waiting. I love you endlessly. To Bring You my Love mezcla a la perfección cantos suavemente desesperados, como ‘Teclo’, con otros cortes sobradísimos de actitud, rabia y violencia, ‘Long Snake Moan’.

Cortes con la enorme fuerza de ‘The Dancer’ dejaban un poso enormemente profundo. La del grito ahogado marca de la casa. La de las melodías escalofriantes, la que confirma a Harvey como poseedora de ese don que, a ese nivel, probablemente ninguna otra haya tenido jamás

Una espiral de autodestrucción, de echarte sal en unas heridas que jamás lamerás posteriormente. Del caos reinante en ‘I Think I’m a Mother’ o del desesperado canto en busca de un salvador, ‘Send His Love To me’, Oh, wind and rain they haunt me look to the North and pray. Send me, please, his kisses, send them home today. I’m begging, Jesus, please send his love to me. PJ Harvey consigue mantener una belleza extrema en los temas que, quizás, menos se han tenido en cuenta con el paso de los años. Es cierto que To Bring You My Love contiene joyas incontestables, muchas de las cuales pertenecerían sin dudarlo a cualquier colección de canciones más emblemáticas de aquella década. Pero cortes con la enorme fuerza de ‘The Dancer’ dejaban un poso enormemente profundo. La del grito ahogado marca de la casa. La de las melodías escalofriantes, la que confirma a Harvey como poseedora de ese don que, a ese nivel, probablemente ninguna otra haya tenido jamás.

9.5/10

Muchos podrán echar en falta el tono amateur que PJ Harvey decidía dejar atrás con la llegada de su tercer disco, pero el tiempo, la evolución y la devoción que hoy despierta la artista no puede hacer otra cosa que darle la razón en cada uno de los pasos que fue dando a lo largo de este cuarto de siglo. De hecho, comparado con otros, To Bring You My Love tampoco es una discontinuacion demasiado abrupta, pero ya llegaremos al futuro. Y si no, tampoco pasará nada. Si este fango, este lugar oscuro que seguramente nos lleve a la muerte, es un lugar del que jamás podremos salir, no importará en absoluto. Si vuelve a sonar el riff de ‘To Bring You My Love’ cualquier muerte será bienvenida. I’ve laid with the devil, cursed god above. Forsaken heaven to bring you my love