Radiohead — The Bends (1995): hacerte mayor, creértelo un poco

Empeñados como estamos siempre quienes escribimos sobre música en buscar las conexiones más sencillas posibles para poder facilitar la presentación de un grupo, recurriendo a los lugares comunes que el lector ya ha recorrido para indicarle el camino a seguir, la crítica del momento se afanó en relacionar a los primeros Radiohead con el inevitable movimiento musical en auge por aquel entonces, el grunge, y más concretamente con los grandes estandartes del mismo, unos Nirvana que andaba ya cerca de su abrupto final. Pero ni era intención de los británicos ser metidos en el saco de Seattle en sus comienzos, ni empezaría a serlo como respuesta al éxito comercial que había representado ‘Creep’, el sencillo que les perseguirá hasta la tumba.

Realmente, Radiohead eran poco más que un gran single en aquel momento, aunque lo suficientemente grande como para haberles garantizado dos años de gira tras el lanzamiento de Pablo Honey (Parlophone, 1993), con todas las tensiones y miserias internas que cabría esperar de un grupo de jóvenes que se ha encontrado de frente con una inesperada porción de fama, situándose Thom Yorke a la cabeza de esa oleada de frustración que le estaba llevando a sentirse cada vez más lejos de sus compañeros. La satisfacción de saberse escuchados no compensaba la tiranía de sentirse incomprendidos, de verse obligados a tener que tocar siempre las mismas canciones, aun sabiendo que quedaban muy lejos de representar lo que ellos en verdad querían llegar a decir. Jóvenes, en fin, indecisos sobre ellos mismos y sobre su lugar en el mundo.

Solo fueron dos vueltas al sol, pero la madurez que los británicos adquirieron en aquel corto periodo de tiempo valió por décadas

The Bends (Parlophone, 1995) se explica mejor entendiendo esa necesidad de probar, sobre todo a ellos mismos, que había más en su propuesta que un éxito momentáneo que todo el mundo esperaba que fueran capaces de repetir, especialmente la buena gente de EMI. Solo fueron dos vueltas al sol, pero la madurez que los británicos adquirieron en aquel corto periodo de tiempo valió por décadas, o al menos eso es lo que se desprende al escuchar estas canciones, y sobre todo al compararlas con las de su debut.

Mira lo que puedo llegar a ser

Lejos quedaban aún de sus mentes los abstractos devaneos electrónicos que darían comienzo a una nueva etapa para el grupo con Kid A (Parlophone, 2000) y que les granjearían tantos amores y algunas enemistades, pero en los teclados que construyen el ambiente de fondo para cortes como ‘Fake Plastic Trees’ o ‘Bullet Proof..I Wish I Was’ se percibe ya un atisbo de lo que vendría después. El rock seguía siendo la nota dominante, como lo sería también en su celebradísimo sucesor y cierre de la primera trilogía de álbumes de Radiohead, pero presentándose de una manera mucho más elaborada, con construcciones más sólidas y profundas, más difíciles de enlazar a los referentes de la época.

A pesar de ello, la crítica intentó de nuevo construir puentes entre ellos y sus contemporáneos, aunque poniendo las miras esta vez en el britpop que empezaba a pegar fuerte en su tierra natal; dichas comparaciones tenían las patas bastante cortas, en cualquier caso, pues The Bends es definitivamente un trabajo con una personalidad muy fuerte. La demuestra cuando saca su músculo (‘Bones’, ‘Just’), cuando se vuelve alienígena (‘My Iron Lung’) o cuando se pone intensito (‘(Nice Dream)’, ‘Street Spirit (Fade Out)’). Se podría argumentar con toda la razón del mundo que estamos ante el disco más equilibrado en la carrera del grupo, tan fácil para el oído como Pablo Honey y tan gratificante a largo plazo como OK Computer (Parlophone, 1997).

Se podría argumentar con toda la razón del mundo que estamos ante el disco más equilibrado en la carrera del grupo

Todo en este disco nos lleva a pensar en ese proceso de maduración que les hace parecer casi un grupo distinto al que se dio a conocer dos años antes, tan despreocupado en sus errores y en sus motivaciones ulteriores. Cada canción está estudiada al milímetro, interpretada hasta la saciedad para no dejar nada en manos del azar o de los impulsos del momento, hasta el punto de que ellos mismos llegaron a coger un poco de manía a sus propias composiciones de tanto ensayarlas. Lo que dos años antes eran acordes fuera de lugar o distorsiones metidas a mala leche para fastidiar, se convertían ahora en estructuras modélicas, compuestas por texturas mucho más complejas y capaces de estimular mucho más nuestros sentidos.

Y todo lo que tengo que decir

También sus letras empiezan a ser un reflejo de los nuevos horizontes que el grupo empezaba a tener en mente, y si bien no se alcanzarían todavía los niveles de surrealismo y abstracción que han acabado poblando los temas de la banda, al menos ya se percibía una mayor apertura al exterior. Una condición indispensable en el proceso de madurez es la capacidad de mirar más allá de tu ombligo, y también aquí se hace patente ese crecimiento al dejar atrás gran parte de la autocomplacencia para tratar temas más amplios y de calado más social en canciones como ‘Sulk’ o la antes mencionada ‘Fake Plastic Trees’.

Estamos sin duda ante su primer gran disco, la primera cima merecedora del culto que rodea al quinteto

Estamos sin duda ante su primer gran disco, la primera cima merecedora del culto que rodea al quinteto, algo que ya se percibió en el mismo momento de su lanzamiento con una acogida mucho más calurosa de la que tuvo su debut. Si bien ninguno de sus singles llegó a golpear con la fuerza de ‘Creep’ a nivel global, en Reino Unido consiguió alcanzar el cuarto puesto en las listas de ventas y, lo que es más importantes, aguantar en ellas durante 160 semanas. También la crítica fue mucho más entusiasta con este segundo esfuerzo, y en retrospectiva es más que merecidamente considerado por todos como un álbum esencial en la década de los noventa.

9.5/10

Definitivamente se habían hecho mayores, encontraron su voz y la expresaron alto y claro esta vez, sintiendo por fin que no había nada de lo que avergonzarse. Se lo creyeron, quizás demasiado en opinión de quienes preferirían que el grupo hubiera seguido siendo siempre así, equilibrando con tan buena mano lo convencional y lo experimental del rock, entendiendo el uso de sus influencias y no desperdigándolo de cualquier manera por todo el disco, marcando un camino a seguir para toda una legión de imitadores. Ningún otro disco del grupo, ni siquiera OK Computer, logra demostrar con tanta facilidad como The Bends lo bien que Radiohead pueden hacerlo para calar en el oyente, para resultar universales y viscerales al mismo tiempo. Pero lo que vino después ya lo vamos discutiendo por el camino.

Especial Radiohead en Hipersónica