Riverside — Love, Fear and the Time Machine

La reconciliación como acto litúrgicosexual está sobrevalorada. Para muchos supone algo así como ese tupido velo que corremos para no ver la mierda amontonada bajo la alfombra, un mirar hacia otro lado mientras la desnudez acaba con fusión corporal y fluídos que van de acá para allá. La reconciliación está sobrevalorada pues también suelen estar sobrevalorados los problemas que desembocan en ella. Si los problemas realmente son tan infranqueables como para que el grito acabe desplazando a la voz y el murmullo desconsolado a la asunción del error propio o ajeno, la reconciliación es un lapso, y el perdón oportuno una pantomima que acabará devolviéndolo todo a la casilla de salida.

Y es que cuando el desfile de miserias comienza y los reproches se convierten en la tónica, la ceguera acaba siendo el más grosero de los sentidos. La idea y la idealidad del otro, el deseo de que quien acompaña no sea como es sino como queremos que sea. Egoísmo puro y duro disfrazado de quererse mucho y de competir sobre quién quiere más a quien. Claro, la competencia, como acto estúpido, acaba desembocando en desencuentros, en discusiones insignificantes que crecen en su repitencia. Las consecuencias suelen ser fatales si no se logra relativizar, ponderar importancias de lo sucedido antes, durante y después. Y ahí es donde todo desemboca en una reconciliación que realmente no es tal pues si el problema tiene significancia la misma nunca llega. Egoísmo, ceguera y la consecuente confusión. Éstas suelen ser las claves de muchas de nuestras relaciones personales, con otros o con las bandas que nos gustan.

Evolución, egoísmo y la máquina del tiempo

Casualidad o no este sentimiento es el poso que deja lo nuevo de los polacos Riverside, tanto por su contenido como por lo que al parecer pretende contar Mariuz Duda con una voz menos rasgada de lo habitual pero tan embriagadora como siempre. El amor, el miedo y el paso del tiempo, factores que definen qué somos y qué hacemos y como afrontamos la vida, factores que suponen el eje sobre el que gravita todo lo que Riverside nos cuenta en un sexto álbum que quiere saber a reconciliación pero que demuestra que el problema de Shrine of a New Generation Slaves (Inside Out, 2013) era más nuestro que del propio álbum. Ya sabéis, expectactivas.

Si quieres escuchar a los Riverside de Anno Domini High Definition lo tienes tan fácil como ir a la discoteca, sacar el disco y dar al play

El caso es que Love, Fear and the Time Machine (Inside Out, 2015) ahonda estilísticamente en los patrones marcados por el anterior álbum de los polacos y lo hace con la intención de confirmar que la máquina del tiempo nos ofrece a los Riverside del presente, y que si queremos escuchar a Anno Domini High Definition (Mystic Production, 2009) no tenemos más que buscar en nuestra discoteca, sacar el disco y dar al play. Evidentemente esto supone renunciar a escuchar a esos Riverside que nos regalaron uno de los discos más brillantes de lo que llevamos de siglo, pero ya sabéis qué es eso de empeñarse en que el otro sea quien nosotros deseamos en vez de dejarle que sea quien quiera ser.

Y claro, este es el cometido del álbum y cumple su papel brillantemente. La oscuridad que antaño nos hacía pensar en Riverside en el lado prog de Opeth (no es coña) no aparece por ningún lado, y lo mismo sucede con la exhuberancia instrumental y estructural de ‘Egosit Hedonist’ o ‘Hyperactive’. Los Riverside de hoy son una banda intimista que huye de la estridencia. Su Rock Progresivo es sutil, y juega con el neoprog con la maestría propia del resto de bandas de Prog polaco. En su alegato nostálgico, de amor, perdón y reflexión, Riverside se han convertido en una banda que aprieta las entrañas y humedece los ojos, en una banda que desde el Rock Progresivo consigue emocionar a base de lecciones vitales.

Escondidas al final del álbum ‘Towards the Blue Horizon’ y ‘Time Travellers’ son los temas más importantes del disco artística y espiritualmente. Enigmática la primera y embriagadora la segunda subrayan todo lo que se puede afirmar al respecto de Love, Fear and the Time Machine y de lo que el álbum significa y significará dentro de la trayectoria de la banda polaca. Amor, nostalgia, asunción de errores ajenos. Puede sonar coelhista por momentos, pero quién no cae en ese lodazal cuando habla de lo que siente o de lo que deberíamos sentir los demás.

El cierre de Love, Fear and the Time Machine es uno de los más emotivos de lo que llevamos de siglo en el Rock Progresivo

8.6/10

De un modo u otro Love, Fear and the Time Machine es un álbum magnífico que se cierra de una de las formas más emotivas que hemos podido escuchar en lo que va de siglo. Resaltar esta faceta significa dejar a un lado la esquisitez técnica de la banda de Mariuz Duda y renunciar a alusiones a melotrones, arpegios y demás zarandajas que al final no interesan a nadie. Esto es lo que pasa cuando te reconcilias con una de las bandas que más te importan, que a final te das cuenta de que el muro insalvable no es más que un escalón y que a lo que acabas de llamar reconciliación no es más que aprender a querer y madurar.

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