The Yawpers — American Man

La sociedad norteamericana es grande en sus certezas e inmensa en sus contradicciones. Su diversidad, su capacidad de absorber influencias y hacerlas propias, junto a la resistencia de determinados sectores a todo esto, la convierten en un mejunje que muchos se empeñan en definir y que la realidad acaba desmintiendo continuamente. Rubias siliconadas y efebos hipermusculados compartiendo espacio con obesos para los que la palabra mórbida se queda corta. Tradicionalismos enganchados al valor de la vida que son mandados al pairo a golpe de pólvora y gatillo. Estados Unidos, o América como egoístamente se empeñan en definirlo algunos, es un país esquizofrénico, es un país al que es tan fácil amar como odiar.

Sabiendo que del amor al odio hay solo un paso, es fácil entender la saña con la que Nate Cook, vocalista de The Yawpers define el sinsentido que para él es su país. Su cuasifundamentalismo católico, el buenismo de los conservadores que quieren proteger a su gente de todo menos de las armas pesadas, la progresía que se olvida de los paradigmas en cuanto ve un puñado de billetes. Cook odia todo eso y muchas cosas más. Odia tanto que dice que os odiaba a todos nada más haber salido del vientre de su madre. El odio es su combustible y moviliza todo lo que a nivel creativo significan The Yawpers, pero se trata de un odio que huye de lo visceral para encerrarse en la ironía, que parece escupido desde una áspera garganta pero que revolotea con gracilidad, pintando la cara a su país y calándote con el disimulo de las ideas que se acaban grabando en tu mente.

American Man: con brocha gorda y cinco grados de alcohol

El entorno del que salen estos odiadores profesionales es el estado de Colorado, ese (no) famoso por su cañón, su marihuana recreativa a la venta en los supermercados — entiéndase la ficción — , y sus predicadores que a veces cogen carretera y manta y se acaban convirtiendo en estrellas del Rock.

Como no puede ser de otra manera The Yawpers odian a Colorado, a Denver y a la madre que parió a este estado desértico lleno de cactus y en el que hoy estará haciendo un frío del carajo, y se aferran a las convicciones marcadas en el imaginario del habitante del desierto como el lactante que no suelta el pecho de su madre, con la voracidad del que sabe que su hogar le va a dar historias para repartir a esputos durante bastantes años.

Sus pintas desconciertan, pues uno se enfrenta a Nate Cook y antes de pensar en la cosmopolita norteamérica acaba pensando en Alcorcón, Dos Hermanas o el polígono El Larache. Mirada alcoholizada, garganta también, y peinado robado al Melendi de la mujer pantera, ese que se fumaba a cristo por los pies si se le cruzaba por el camino. Nate Cook es un redneck como podría ser un chav de haber nacido en Birmingham o un cani de haber paseado a los pies de la Giralda. Podría aferrarse a la estética barbileñadora que hoy es tendencia, pero ésta supondría un peligro para esa afición suya a escupir gasolina y fumarse un piti al mismo tiempo.

“La peña antes de vernos sobre el escenario cree que somos una banda de capullos haciendo indie-folk, pero en cuanto empiezo a vomitar gasolina sobre ellos se les pasa. Se vuelven locos”. Nate Cook

Alguno al leer esto puede pensar que esta peña son una parodia a la América Profunda como Mamá Ladilla lo son a nuestra rancia España, y es posible que no ande desencaminado, aunque el tono humorístico sea muy diferente. Cierto es que estos gringos huyen del juego gramatical y del chiste retorcido de Juan Abarca, pero abrazan el Punk con la misma fuerza con la que lo hacen los creadores del seminal Requesound (Bliss Records, 1999). Claro, su americanidad les impide desarrollar el espíritu urbanoide que define a nuestros ídolos, pero el espíritu sobrevuela, observa desde lo alto un acto que tiene tanto de Dark Country como de Acid Blues, o de eso que antaño tocaban unos que se hacían llamar sandinistas.

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The Yawpers dicen odiar al que busca un revival impostado mientras vomitan raíces nada más abrir la boca, y lo hacen porque se han alimentado de ellas desde que eran lactantes — alguno hay que les define como la versión alcoholizada de Uncle Tupelo — . Son conscientes de que su toque folk puede levantar suspicacias, pero las apartan de un sopapo, pues desde el primer acorde dejan claro que son lo que son, que hacen esto porque es lo que les sale y porque es posible que no sepan hacer otra cosa.

Dicen que les dan igual las modas, pero mienten. Los de Colorado las odian y desde su discurso a golpe de guitarra acústica — en serio, no usan guitarras eléctricas — las desmontan todas, y desmontan el empeño de los mass media en convertirlas en ese pensamiento único que alimenta el ataque al pensamiento individual que significan el fundamentalismo católico y la imposición social de sus paradigmas. The Yawpers no se esconden reconociendo ser de extrema izquierda y dicen estar hasta las narices del conservadurismo que te dice qué tienes que hacer y que te criminaliza por pensar lo que te apetezca pensar.

The Yawpers pueden parecer una banda política pero no lo son. Son fieles a sus ideas y no las esconden, pero no te dicen qué tienes que pensar. Precisamente plantan cara a aquel que ataca la libertad de pensamiento individual

En cualquier caso, lo más importante de este American Man (Bloodshot Records, 2015) es que aparte de discurso tiene canciones, inmensas canciones. Impactantes como el fantástico single ‘Doing it Right’, sólidas como la power ballad — entiéndase las cursivas — ‘American Man’ y otras irreverentemente sexualizadas como ‘9 to 5’ o ‘Tied’, donde Nate Cook se convierte en un Elvis distópicamente borracho y remojado en metanfetamina. The Yawpers grabaron su segundo disco en analógico intentando captar la esencia de lo que comparten sobre el escenario, ese espíritu cervecero y directo que les convierte en una de las bandas más frenéticas de la actualidad.

Decía Nate Cook en una entrevista que no entiende por qué tanto empeño en proteger a nuestros niños de las palabrotas cuando les abandonamos en un mundo lleno de armas y de pirados de dedo rápido y gatillo caliente. Aprovechando su reflexión, apostillo: las armas matan, los tacos no. Si insultásemos más probablemente mataríamos menos. De ahí entiendo que viene el empeño del vocalista en dejar claro que odia desde que sale el sol, que se odia hasta así mismo.

8.4/10

The Yawpers construyen su discurso sobre esa máxima de que odiar es divertido, que odiar nos hace personas, y que reírnos de lo que odiamos es la mejor manera de afrontar la mierda de mundo en que vivimos. American Man pisotea de forma circular sobre esta sentencia con tanto ímpetu que parece marcarse un zapateado, y lo hace descubriendo al mundo una banda que desde ya se ha convertido en imprescindible por lo que hace y por cómo lo hace. Si A es igual a B y B es igual a C, ya sabéis dónde deja esto a American Man: como uno de los discos más divertidos de este 2015. Ale, a disfrutarlo.

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