Turbowolf — Two Hands

Con esto de escribir reseñas al final uno se preocupa por si no termina hinchando demasiado a un determinado grupo que se salga de la línea de lo mínimamente mayoritario, el terreno habitual para el oyente medio. En una época donde es fácil soltar un sonoro “HYPE” cuando hablas muy bien de algo que te está gustando de veras, al final yo mismo me veo obligado a controlar mi entusiasmo ante algunos discos y moderar mis alabanzas para no excederme y terminar siendo contraproducente para que la gente se acerque al disco.

Pero al final uno tiene que ser honesto consigo mismo y dar su justo reconocimiento a aquello que verdaderamente le hace vibrar, que le hace levantarse de la silla de entusiasmo y que le hace pasar ratos intensos e inolvidables. Antes de empezar con la reseña de este Two Hands (Spinefarm, 2015), mientras iba dándole vueltas y vueltas al disco, intenté pensar una manera para no mostrar demasiado entusiasmo con el disco, intentando que no me gustara tanto para valorarlo de manera más imparcial, pero me era imposible, estaba enganchado sin remisión a sus encantos y me estaba divirtiendo sin mesura.

Turbowolf, adicción y diversión a rabiar

Quizá ha influido mucho que fuera dicho disco mi primer contacto con los ingleses Turbowolf, aunque su debut homónimo (Hassle, 2011) es un buen pepinazo de por sí, con mucha garra en su rock de fuerte calado stoner y con la mala baba propia de míticos como Motörhead. Muchos ya se quedaron encantados con ellos con dicho debut, por eso entiendo que ellos se queden antes con lo mostrado entonces que con lo que ofrecen ahora, que plantea un juego bastante diferente y que lo mismo no termina de agradar a sus primeros seguidores.

Turbowolf no pierden la sangre rockera, pero abren paso a un sonido más pulido y actualizado

En este trabajo Turbowolf no pierden la sangre rockera, siguen mostrando muchas influencias del hard rock de los setenta en su música, pero el toque más rabioso de antes ha dejado paso a un sonido más pulido y actualizado, hay quien diría que más accesible pero yo prefiero verlo más directo y con más gancho. Probablemente con el cambio conseguirán llegar a un público más amplio, así que es fácil que los más puristas les acusen de vendidos, pero yo no veo mayor problema porque veo más convincente y natural esta manera de enlazar lo clásico con lo actual que tan bien ejecutan.

Imagino que mucho habrá tenido que ver la llegada de su nueva bajista, Lianna Lee Davies, cuyo aporte también con los coros les permiten mayor libertad de acción. No obstante, ese interés por sonidos más actuales combinados con su rock duro y psicodélico no es especialmente nuevo como prueba su EP de covers donde se atrevieron a versionar a gente como MGMT o Lightning Bolt. Aquí consiguen explotar mucho más esa esencia y con ello consiguen forjar un sonido más propio e identificable, sin terminar de dejar atrás sus influencias.

La combinación de ingredientes unido a una ejecución soberbia hace de Two Hands un cóctel muy explosivo y con mucha fuerza

La combinación de distintos ingredientes unido a una ejecución soberbia hace que lo que encontremos en Two Hands sea un cóctel muy explosivo y con mucha fuerza. Además, adictivo, ya que los numerosos puñetazos sonoros que lanzan dan con mucha precisión y enganchan de sobremanera. Antes de darte cuenta estás dándolo todo con la retahíla de jitazos que van dejando a lo largo del disco. Por no hablar de que cuenta con la duración ideal (menos de 40 minutos) para no saturar y hasta repetir al poco de acabarlo, como un buen plato de natillas.

El disco empieza a la yugular con la trallera ‘Invisible Hand’, casi enlazando su primer disco con lo que encontraremos aquí, y de ahí pasamos al riffeo rumboso y sexy de ‘Rabbits Foot’, uno de los highlights del disco. ‘Solid Gold’ es la típica en la que cada grupo se deja llevar un poco de más y consiguen lucirse en vez de despeñarse. Por otro lado, si tuviera que quedarme con un único tema, ese sería ‘Nine Lives’ por sus dimensiones cósmicas, su ritmillo bailable y un estribillo memorable que cantar bien a gusto. Sigue habiendo, por supuesto, sitio para la caña burra en ‘American Mirrors’ y en ‘Twelve Houses’, compartiendo espacio en el disco con movimientos más arriesgados pero fulgurantes como ‘Rich Gift’, una auténtica perla brillante.

8.4/10

Entenderé por completo si creéis que mis impresiones con respecto a Two Hands son exageradas o muy alejadas de la imparcialidad, probablemente acertaréis. Pero es así, les conozco desde hace bien poco y han supuesto un auténtico flechazo para mí. Sería muy poco honesto por mi parte no mostrar de manera entusiasta lo impresionante que me ha parecido el disco de Turbowolf, un disco que por bien seguro seguiré quemando a lo largo del año. Mi deber está cumplido, he difundido su palabra, confío en que vosotros la profeseis o, por lo menos, os haga disfrutar, ya sea enormemente o un ratito.

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