Viet Cong — Viet Cong

Sucede anualmente que a principios de año, cuando la prensa musical aún no se ha repuesto de la orgía de contenidos y evaluaciones del mes de diciembre, surgen un puñado de discos lo suficientemente solventes y oportunistas como para acaparar una atención desproporcionada a un lado y a otro del Atlántico. Le pasó a Foxygen con We Are the 21st Century Ambassadors of Peace & Magic (Jagjaguwar, 2013) y le ha sucedido este año a Viet Cong con su LP debut homónimo, casualmente también de la mano de Jagjaguwar — por ahí hay alguien con un olfato admirable para detectar las tendencias del mercado — . La publicación tan temprana de Viet Cong, unido a alguna que otra polémica a cuenta de su nombre, fundamentos más que sólidos en torno a un género que siempre es del agrado de público y prensa — ya sea para ensalzarlo o para denostarlo — y un par de adelantos atractivos han contribuido a crear ese estado colectivo emocional al que bautizamos como hype.

Viet Cong no es un grupo cuya expresividad y sensibilidad artística esté remotamente cerca de lo mayoritario, sino más bien al contrario

Y acto seguido, una vez sale a colación la maldita palabra, es de rigor preguntarse: ¿está justificado? Lo esté o no lo cierto es que hay quien cree firmemente que sí, de modo que durante los dos primeros meses del año ha estado en boca de casi todo el mundo, siendo recomendado hasta la extenuación por publicaciones que habitualmente deberían quedar lejos del dial de su onda sonora. Porque esto sí hay que tenerlo en cuenta a la hora de acercarse a Viet Cong: no es un grupo cuya expresividad y sensibilidad artística esté remotamente cerca de lo mayoritario. Al contrario, el grupo canadiense intercala en los tres primeros cortes de su primer trabajo dos de claro tinte experimental, sumergidos en influencias Industrial o de la Cold Wave — con algún sorprendente toque de psicodelia (!), bastante notorio en ‘March of Progress’ — . Era más fácil sintonizar con Interpol o, qué duda cabe, la insustancialidad de Maxïmo Park mucho antes que con el cóctel de menos amable digestión de Viet Cong.

Viet Cong: este es el camino

Esto no debería implicar por defecto un punto positivo a su favor, pero en este caso lo es: Viet Cong desmenuzan bien sus influencias, las reinterpretan de forma efectiva y las vomitan en un lenguaje que, pese a su tono oscuro y difícil, es bastante accesible. He aquí parte de su éxito: pese a partir de posiciones sonoras de corte underground, hay en sus canciones una facilidad melódica lo suficientemente atractiva como para haber traspasado las barreras de a) el anonimato más absoluto y b) el nicho de su propio género/escena. Un ejemplo: ‘Bunker Buster’ se recrea en un lenguaje de llamada y respuesta entre guitarras que acuden a Keith Levene para dejarse llevar por un no-estribillo fácil y luminoso y recuperar, de nuevo, al final de la canción, un tono más angustioso. Es universal, convence a los paladares más finos y, para colmo de parabienes, es útil dentro de la narrativa del disco.

Viet Cong tienen los argumentos para aparecer en un puñado de listas de fin de año. ¿Con motivo? Depende de la benevolencia con la que se juzgue a ‘Death’

Sumado a cosas como ‘Continental Shelf’ — posiblemente el medio tiempo que A Place to Bury Strangers deberían estar haciendo ahora mismo — o viejos trucos como ‘Silhouettes’ — que, ejem, bien podrían haber firmado Bloc Party — , Viet Cong tiene los argumentos suficientes para aparecer en un puñado de listas de fin de año. ¿Con motivo? Quizá eso dependa de la benevolencia con la que cada uno juzgue a ‘Death’, la que para mí es la canción más interesante del disco y la que mejor resume mis sentimientos para con Viet Cong. Aprecio la intención y creo que hay un fondo más que interesante, pero, en global, adolece de cierta capacidad de sorpresa. Viet Cong caminan entre dos tierras, la más experimental y la más pop, sin saber definirse demasiado bien por ninguna de las dos. Tampoco cuentan con la rotundidad más Punk que Post-punk de otros grupos como Holograms, y desde luego quedan lejos de la riqueza y perfecta ejecución de aquel Henge Beat (Iron Lung, 2011) de Total Control.

6.9/10

Quizá no haya tanto disco, pero desde luego hay grupo. De ahí a la sorprendente pequeña avalancha mediática en la que se han visto rodeados media un universo, claro, pero es posible que, como decíamos, eso también se deba a la fecha de lanzamiento y la escasez de focos de interés en los meses menos productivos del año. Sea como fuere, Viet Cong han logrado ponerse en boca de muchísima gente, y cuentan en su haber con canciones para justificar su proyección y resonancia. Bien por ellos y que vengan más y mejores discos.

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